El 28 de marzo de 1906, Máximo Gorki llegó a Nueva York. En 1905 había sido desterrado a Riga por el régimen zarista. Huyendo de allí, y tras recalar en París y Berlín, llegó a la metrópoli norteamericana, donde fue recibido en olor de multitudes, como renombrado escritor que era. El viaje de Gorki tenía el propósito político de denunciar la autocracia zarista, impedir que Estados Unidos suscribieran deuda Rusa para financiar la guerra con Japón y recaudar fondos para el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Estuvo apoyado desde dentro de Estados Unidos por prestigiosos escritores como Mark Twain, William Dean Howells o H.G. Wells.

Al júbilo inicial siguió una campaña de desprestigio orquestada por los periódicos de Randolph Hearst que expulsó literalmente de la ciudad a Gorki, que tuvo que retirarse a las montañas de Adirondack donde escribió “La Madre”, “Los Enemigos” y “La ciudad del diablo amarillo”, conjunto de seis relatos que nos ocupa.

Sequitur ha reeditado este libro en 2009, en unos momentos históricos marcados por la predominancia de un sistema económico capitalista globalizado y sin reglas, depredador, excluyente hasta el punto agrandar la brecha de las desigualdades y hacer aumentar la pobreza y el hambre de forma permanente. El libro de Gorki es plenamente actual, porque retrata un sistema que ya apuntaba maneras -y de qué modo- en Estados Unidos hace un poco más de un siglo. Además de la descripción detallada de esa gran urbe, cada relato incide en dibujar, con esa pluma maestra que tenía el escritor ruso, el engranaje sobre el que descansa el sistema capitalista. Ordena las funciones que en él tienen las normas de la “moralidad y las buenas costumbres”, aplicadas siempre a los mismos; el papel de la religión para “educar” a los ciudadanos; el de las policías y las fuerzas de seguridad para domeñar a la “masa” llamada “Mob”; la función de los medios de comunicación, de los periódicos de la época, organizados en lo que el denomina “los burós” repartidos por todo Estados Unidos, con la misión de “hipnotizar” a los ciudadanos para que sean mansos y acepten el orden social impuesto por las clases dominantes y siempre al servicio de los intereses de los ricos magnates.

Tiene especial interés un capítulo titulado “Uno de los reyes de la República”, en el que Gorki desnuda a un supermillonarios de Estados Unidos en una especie de entrevista donde el autor pregunta y el rico responde. Causa estupor y casi miedo, la actualidad de esta conversación, donde se aprecia que la mentalidad de los superpoderosos ha cambiado muy poco en un siglo. Quizás se han refinado un poco los métodos, pero su alma privativa, avara y deshumanizada sigue siendo probablemente la misma. Los que adoran al “Diablo amarillo” nos dominan y si no hacemos algo, son capaces de terminar con nuestro hábitat antes de perder un ápice de rentabilidad.