Estos días, muchos ciudadanos se preguntan como es posible que haya podido ocurrir el nuevo engaño de Nueva Rumasa a unos pequeños inversores, que en la mayoría de los casos no tienen una gran formación e información financiera y que solo pretendían sacar más rentabilidad a sus ahorros. Es cierto, que quien invierte es responsable de su inversión y nadie da duros a pesetas. Pero no es menos cierto, que ante el desarrollo de la ingeniería financiera y la complejidad de los productos que se ofrecen, la supervisión, en este caso la CNMV, no puede quedarse sólo en informar de los riesgos, aunque sea en varias ocasiones. Cuando además, había grandes campañas en los medios de comunicación que daban supuesta solidez y solvencia a la oferta. Tiene que investigar, sancionar y evitar la comercialización de ciertos productos que no sean trasparentes y den información falsa de la realidad de una empresa. Tiene que evitar prácticas de abuso de mercado, ya sea información privilegiada o manipulación de precios.

Y esto no está funcionado como debería. Bastan tres ejemplos. El primero, es ver el registro público de sanciones por infracciones graves y muy graves, previsto en el artículo 92. h. de la Ley del Mercado de Valores. En 2006, 9 sanciones; en 2007, 14 sanciones; en 2008, 6 sanciones; en 2009, 3 sanciones y en 2010, 12 sanciones. En total, cuarenta y cuatro sanciones en cinco años.

El segundo, es un estudio elaborado por la propia CNMV en el año 2007 para analizar el comportamiento de los valores objeto de OPA desde 1992 hasta 2006. La conclusión de ese estudio, es que las medias para atajar el uso generalizado de información privilegiada han fracasado. Como reconocía en una comparecencia pública, Victoria Villanueva Fresán, autora del informe: “A partir de 2002, los rendimientos anormales tras el levantamiento de la suspensión [de los valores] siguieron creciendo llegando a representar cinco veces más que a comienzo de los noventa. Esto, posiblemente unido a menores sanciones impuestas por la CNMV a comienzo de este siglo, ha provocado que los indicios de uso de información no pública fueran bastante superiores en este periodo”. Otro dato revelador, era que los inversores que operan en la bolsa española se anticiparon a la noticia en el 40% de las OPAS.

El tercero, es que ahora, precisamente ahora, la CNMV ha comenzado a investigar a Nueva Rumasa por la emisión de pagarés de menos de 50.000 euros de valor nominal, porque podría constituir una infracción de la Ley del Mercado de Valores (LMV) al requerir un folleto informativo. Y también ahora, precisamente ahora, nos enteramos que la Fiscalía Anticorrupción abrió diligencias en marzo de 2010 para investigar los pagarés de Nueva Rumasa ante las sospechas de que esas emisiones de deuda colocadas entre particulares podían suponer una estafa o conllevar la comisión de otros potenciales delitos.

En las últimas décadas, se ha producido un espectacular auge de la ingeniería financiera, con la excusa de generar crecimiento económico. El sistema financiero, se ha vuelto tan completo e interdependiente que hoy todos conocemos las consecuencias de unas hipotecas basura que han ocasionado la mayor crisis de la historia. Como decían muy finamente los especialistas en 2007, los episodios de inestabilidad financiera afectan cada vez más al conjunto de los mercados. Lo que no sabíamos, era que los responsables de la catástrofe que se avecinaba con pedir perdón salvarían todas sus responsabilidades y los ciudadanos, sin ningún tipo de responsabilidad, pagaríamos la factura.

Las elites económicas, en un contexto de globalización, con un elevado y fácil movimiento de capitales, han desarrollado un importante proceso de innovación financiera que ha dado lugar al desarrollo de nuevos productos y servicios de inversión ( fondos de capital riesgo, titulización de activos, productos estructurados, hedge funds) con el fin de ganar cuanto más mejor, en el menor tiempo posible y con ninguna transparencia. Esta realidad, ha dado lugar a grandes fortunas y, también, a falta de transparencia y engaños a muchos inversores que no eran informados, ni de donde estaban invirtiendo de verdad, ni de la situación de sus inversiones. La respuesta a esta situación, era y es más y mejor supervisión de las instituciones públicas en los mercados de valores a nivel nacional e internacional.

Una supervisión que debe ser continua para garantizar al inversor que elige los productos que necesita, con la información completa sobre los riesgos que está asumiendo en cada operación que realiza. Hablamos de dinero, sí. Pero, sobre todo, hablamos de transparencia, información y seguridad para los ciudadanos. Ese TAMBIÉN es el trabajo de la CNMV. Adelante