El año 1929 señala un punto de inflexión en el que la gran crisis del sistema se saldó en los años treinta con un retroceso ideológico del pensamiento liberal y con el predominio de la economía keynesiana y el papel central del Estado en la regulación de los mercados y la corrección de sus fallos, que culminó con la instauración de un nuevo orden monetario internacional en los acuerdos de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas en Bretton Woods en julio de 1944. En los años setenta la crisis de las materias primas señalan un nuevo punto de inflexión. Margaret Thatcher en Gran Bretaña, Ronald Reagan en Estados Unidos en el mundo político, los Think Tank financiados por las grandes empresas financieras y multinacionales, la escuela de Chicago suponen el rearme del neoliberalismo y la desregulación de los mercados y su inadaptación a las nuevas condiciones económicas que décadas de prosperidad habían impuesto al mundo.

La actual crisis en la que estamos sumidos muestra la insuficiencia e inadaptación de las estructuras reguladoras a las nuevas condiciones del mercado. Tres puntos evidencian esta inadaptación:

• Un sistema monetario internacional nacido en un mundo bipolar, en los años cuarenta, basado en el predominio absoluto del dólar, moneda de cambio y reserva que permite los déficits continuados de Estados Unidos que alimentan el constante crecimiento de la masa de dólares circulando por el mundo. Déficits obligados y favorecidos por el sistema ante la necesidad de dotar de base monetaria a un mercado mundial en crecimiento y que dirige ingentes cantidades de recursos ociosos a los mercados financieros, con el fin de especular y obtener las plusvalías que en los mercados reales no pueden obtener por las insuficiencias estructurales de los mercados.

• Una batalla ideológica perdida por la izquierda que convierte en dogmas de fe los paradigmas neoliberales y en el que la liberalización de los mercados, la reducción del papel del Estado en la economía y la valoración de la eficacia como fin último de la economía se convierten en los nuevos becerros de oro de economistas y políticos tanto de derechas como de izquierdas.

• Y finalmente, la globalización de los mercados que produce un doble efecto, la internacionalización de las decisiones y de los efectos de las decisiones económicas en manos de grandes corporaciones financieras, y la superación de las fronteras nacionales desde el punto de vista regulatorio, superando las regulaciones estatales y sin que una nueva regulación internacional haya nacido.

Alimentada por la ideología dominante y por la especulación internacional de las ingentes masas de dólares en circulación en un mundo sin fronteras, la actual crisis internacional era la crónica de una «crisis» anunciada. Las amenazas que para el mundo monetario monopolar basado en el dólar supone la consolidación en los mercados internacionales del euro e incluso del yuan chino, el real brasileño o la rupia india, han originado movimientos especulativos internacionales que han aprovechado la crisis provocada por la «subprime» para atacar al euro y a las que se suponen economías más modestas de la zona euro. Especulación y ataques que hoy en día todavía no sabemos cómo acabaran y cuales serán sus consecuencias.

Ante una crisis internacional sobre la que nuestra responsabilidad es relativa, y un movimiento especulativo que no podemos detener, España se enfrenta a la crisis en una situación francamente delicada. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, de la que todavía no nos hemos recuperado, y el excesivo endeudamiento de la economía española, no tanto por el endeudamiento del Estado, sino por el de las familias y de las empresas (el 120% del PIB) nos sitúan con una capacidad de defensa frente a los movimientos especulativos internacionales muy mermada.

En esta situación la política económica del Gobierno Zapatero ha sido la acertada y la correcta, orientando sus políticas a romper ese ciclo infernal que caracteriza a las crisis financieras. Crisis financiera en el origen que se convierte en crisis real al caer la demanda y la producción y que acaba produciendo una crisis social por recaer su coste y sus efectos sobre las clases más desfavorecidas. El Gobierno, primero combatió la crisis financiera reforzando el sistema financiero español, después puso en marcha una política de gasto público para relanzar la demanda agregada y para reducir los impactos sociales de la crisis protegiendo a los sectores más frágiles, los parados.

A la vista están los resultados de estas políticas, los llamados brotes verdes que incluso en el último mes de abril siguieron brotando. Indicadores económicos que señalan que lo peor de la crisis ha pasado y que la economía española inicia la senda de la recuperación. La contención de los efectos negativos de la crisis en la población desempleada y los inicios de la recuperación del empleo nos hacían ver el futuro con optimismo, pese a lo difícil de la situación, cuando como lobos hambrientos llegaron los especuladores.

Los movimientos especulativos contra el euro se han centrado en las economías que los especuladores consideran más débiles, entre ellas España agobiada por el endeudamiento de familias y empresas y por un déficit imparable alimentado por los gastos sociales y las inversiones destinadas a luchar contra la crisis. La especulación ha obligado a tomar nuevas medidas de austeridad al Gobierno. Medidas destinadas sobre todo a dar confianza a los mercados y a corregir las posibles debilidades financieras de la economía española reduciendo el déficit público. La ortodoxia de estas medidas no es de ninguna de las maneras discutible y sus efectos sobre los mercados son evidentes, pese a los esfuerzos y las descalificaciones de la oposición en su estrategia de acoso y derribo al Gobierno. ¡Qué paradoja que las instituciones financieras que han provocado la crisis internacional, por la especulación que desataron a nivel mundial, que han obligado a los déficits públicos por las medidas nacionales de saneamiento financiero a sus instituciones y por los esfuerzos de los gobiernos para reducir los efectos reales y sociales de la crisis, sean las que empecinadas en el «más mercado menos estado» ponen en peligro la salida de la crisis!

Independientemente de que quizás estas sean las únicas medidas que, pese a su impopularidad, se podían tomar para tranquilizar a los mercados quedan una serie de cuestiones que podemos plantearnos. ¿Son las medidas destinadas a reducir el déficit público suficientes para solucionar los problemas de la economía española?. ¿Son las únicas medidas que podían haberse tomado o había alternativas?

Las medidas tomadas por el Gobierno van dirigidas directamente a la reducción del déficit público y suponen una disminución de la renta disponible de las familias que afectará a la demanda de consumo. Disminución de la demanda agregada que puede traducirse en una reducción de las posibilidades de recuperación de la economía española afectada por una posible reducción de la demanda interna que no sabemos si la demanda externa vía exportaciones será capaz de compensar.

La reducción del déficit público puede ser capaz de dar confianza a los mercados o puede simplemente darnos solo un respiro hasta que los especuladores en su búsqueda de plusvalías vuelvan a atacar a la economía española y sus capacidades de financiación para rentabilizar las operaciones bajistas que están realizando. El tiempo lo dirá. Lo que es evidente es que las medidas tomadas no van a afrontar las reformas estructurales que la economía española precisa.

El crecimiento económico español de los últimos años se ha basado en la construcción, el turismo y las industrias manufactureras exportadoras que aseguraban el empleo y el crecimiento de la renta disponible. La oferta y la demanda crecientes estaban alimentadas por una financiación bancaria y crediticia barata y por el llamado dinero de plástico lo que permitía una producción nacional creciente, aunque de poco valor añadido, e intensiva en mano de obra, y una demanda nacional que absorbía la oferta nacional y la proveniente de unas importaciones crecientes. El resultado fue, es, un modelo de producción frágil, basado en la intensidad de mano de obra, con una fuerte estacionalidad y relativamente poco intensivo de capital, en el que los ajustes de la oferta y la demanda se realizan mediante la reducción o aumento de la demanda de trabajo. Modelo que se caracteriza por su dependencia de la demanda interna, por su insuficiencia fiscal y por su poca competitividad internacional.

Para conseguir una economía sostenible y un empleo de calidad es necesario el cambio del modelo productivo de la economía española, cambio que se convierte en tarea ineludible de la política económica española y que supone una serie de reformas estructurales.

• Es necesaria una reforma fiscal. Desde que Fernandez Ordoñez con la reforma fiscal del año 1977 inicio el «aggiornamiento» del fisco español este no ha sido reformado y sigue teniendo una serie de deficiencias que lastran su capacidad de obtener los recursos necesarios para que el Estado cumpla sus funciones de promotor del desarrollo económico y de impulsor en la profundización del modelo económico del bienestar. El fraude fiscal, la economía sumergida, la baja progresividad del sistema, el reparto desigual de la carga fiscal, son algunos de los lastres del sistema fiscal que es necesario abordar por razones de equidad y también de eficacia.

• La reforma del mercado de trabajo es otra de las asignaturas pendientes de la economía española y que debe de ir acompañada de una profundización del nuevo modelo productivo. Tenemos el mercado de trabajo que corresponde a nuestro modelo productivo. Necesitamos un nuevo modelo que disminuya los contratos temporales como fórmula para lograr la flexibilidad empresarial, que a su vez permita tanto la incorporación de personas mejor formadas al proceso productivo como adaptar el contrato de trabajo a las condiciones de la producción, compatibilizando estabilidad del empleo y ajuste de la jornada laboral. Como decía André Sapir con contrato indefinido o con un contrato cortísimo ¿para que preocuparse de la productividad?

• El estado de las Autonomías requiere una articulación de sus niveles de Gobierno, de sus fuentes de ingresos y de sus niveles de gasto. Por una parte, unas simples reglas de eficacia y eficiencia exigen evitar la multiplicación de esfuerzos y presupuestos o la existencia de lagunas en los servicios públicos por una falta de coordinación de las tres Administraciones. No podemos olvidar que la burbuja inmobiliaria, e incluso la corrupción que lleva aparejada, es el resultado de un sistema perverso en el que los gastos crecientes de la Administración Local, que debe de hacer frente a las demanda de servicios sociales de los ciudadanos que no hacen las otras Administraciones, se ha realizado mediante la expansión de suelo urbanizable, escaso y por tanto de elevado precio; lo que permitía a las municipalidades obtener los ingresos que un sistema fiscal insuficiente no les permitía obtener.

• Y finalmente el tan manoseado cambio del modelo productivo. Un mercado con la estructura de salarios española y con la apertura de mercados existente con la globalización, un mercado basado en la demanda interna, con unas empresas con modelos productivos intensivos en mano de obra, con puestos de trabajo precarios para facilitar el ajuste entre oferta y demanda y con una innovación comprada en el exterior, dan lugar por fuerza a un modelo productivo frágil y dependiente de las movimientos coyunturales de la economía internacional. Por el contrario, un nuevo modelo económico significa economía y empleo sostenible, crecimiento autosostenido basado en la innovación y respetuoso con el medio ambiente. Significa un modelo económico socialdemócrata. Demócrata por el respeto a la democracia como forma de participación de los ciudadanos en el gobierno y control de la cosa pública. Y social porque la finalidad del Estado debe ser la equidad y la justicia social para acercar a la sociedad española a la utopía de hombres y mujeres iguales en una sociedad justa, equitativa y solidaria.

El problema, la disyuntiva para el Gobierno es terrible Por una parte, se ve obligado a tomar decisiones orientadas a contentar a los mercados exteriores, por otra parte sabe que sus esfuerzos deberían de orientarse al interior, a realizar las reformas estructurales que la economía española precisa. Muchas veces lo urgente y necesario no es lo fundamental y estrictamente necesario.

Pero admitiendo que la política realizada por el Gobierno, era y es, la urgente y necesaria ,la única que se podía realizar, ¿es esta la única que podía tomarse? Pues francamente y desde el convencimiento de que la nuestra es una sociedad con información asimétrica y que los parámetros manejados por los «policy makers» son más completos, complejos y clarificadores que los manejados por los simples observadores, quizás se echen de menos algunas medidas, probablemente tan eficaces como las tomadas, aunque quizás más equitativas que las tomadas.

La lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida, la mayor progresividad en el sistema fiscal y una profundización en los principios de la Gobernanza, antes que una reducción de los salarios de los funcionarios, capa social que con los trabajadores por cuenta ajena soportan la mayor presión fiscal de la sociedad española, la progresividad en la congelación de las pensiones, la limitación del endeudamiento de los Ayuntamientos en función de su situación financiera, la evaluación de las políticas públicas, la eliminación de programas y organismos duplicados, la mejora de la eficiencia publica, el considerar el coste social de las medidas para las clases más desfavorecidas, quizás y digo quizás, hubieran sido preferibles a las medidas tomadas, al menos desde el punto de vista de la izquierda.