Lo que le ocurre al PP es consecuencia clara de una pérdida de las elecciones. Cuando se pierde un gobierno, resulta muy difícil mantener a las individualidades, a los intereses personales y a los diferentes pensamientos agrupados en torno a la incertidumbre y a la derrota. La crisis del PP entra dentro de la normalidad de lo que ocurre cuando un líder ya está amortizado, como le ocurre a Rajoy, y la estrategia de un partido no ha tenido éxito político.

Por eso, ahora el PP tiene que definir cuál es su nuevo camino a seguir, qué tendencia, qué estrategias, qué posibilidades de pactos electorales, y qué línea de pensamiento será la imperante. Y aquí es donde está, en mi opinión, la reflexión.

Desde los años de la transición y el postfranquismo, la derecha sufrió diferentes pasos de transformación hasta llegar a lo que hoy conocemos como PP. El PP nunca ha sido homogéneo ni indivisible. Simplemente, su unidad inquebrantable era una estrategia para llegar al gobierno. Todos sabemos que el éxito del PP ha sido que electoralmente han mantenido un voto unido en torno a un único partido.

El PP ha representado a toda la derecha de este país: desde el liberalismo, a los neoconservadores, a los católicos moderados, a los ultracatólicos, llegando hasta la extrema derecha, y arrasando con todo nacionalismo localista de derechas que surgía en las diferentes comunidades autónomas (salvo el País Vasco y Catalunya, donde el PP no tiene presencia fuerte). Este ha sido, por ejemplo, el caso del PP valenciano. Es un partido españolista, regionalista, autonomista, católico, tradicionalista, pero sobre todo, valencianista. ¿Cómo se consigue eso?

Todos hemos observado que el PP no ha tenido ni centro ni derecha, no ha tenido extremos, sólo ha sido uno. Pero lógicamente, dentro han convivido durante mucho tiempo voces diversas, variopintas, diferentes y con planteamientos, a veces, hasta contrapuestos. Todo resultaba posible mientras se gobierna y se gana. Pero todo cae, como un castillo de naipes, cuando se pierde.

Pactar con los nacionalistas, tener una idea de España, más o menos liberalismo, más o menos Estado, más o menos religiosidad, más o menos libertades y derechos, más o menos europeísmo, más o menos federalismo, son todas las cosas que ahora se debaten en el seno del PP.

No hay líder. Rajoy ya no lo es. Es simplemente la transición. ¿Hacia dónde? Por primera vez, en muchos años, vamos a ver las distintas derechas que hay en España. Lo lógico sería que también hubiera distintos partidos políticos que respondieran a esa realidad ideológica.