El Presidente Zapatero, acuciado por los malos resultados que las encuestas auguran al PSOE y atendiendo a una opinión pública que entendía que muchos miembros de su Gobierno estaban desgastados, decidió una remodelación gubernamental profunda que, a tenor de las encuestas de opinión realizadas posteriormente, ha sido vista favorablemente por la ciudadanía. Este movimiento político ha descolocado al PP y a su máximo responsable, que parece ser entendió no podía permanecer más tiempo callado. Es aquí donde ha aparecido el verdadero rostro de Rajoy, es decir el verdadero rostro del Partido Popular. En la entrevista concedida al diario EL PAÍS, Rajoy ha mostrado por fin cuál es su agenda política si llegase a gobernar; expresó su gran sintonía con el programa de recortes que el Sr. Cameron está llevando a cabo en el Reino Unido y que significa el mayor ataque contra el Estado de Bienestar desde la II Guerra Mundial. El líder del PP manifestó que en el hipotético caso de llegar a gobernar privatizará servicios en el ámbito de la sanidad, educación y servicios sociales (ya lo hace el PP donde gobierna, véase Madrid y Valencia, autonomías donde, por cierto, la trama de corrupción Gürtel tuvo patente de corso). El Sr. Rajoy también manifestó que si llegase a gobernar acometería una bajada de impuestos (ocurre que en muchos lugares donde gobierna el PP los suben, si alguien tiene dudas que le pregunten al ínclito Sr. Gallardón que bombardea constantemente a los madrileños con nuevos impuestos y con incrementos sustanciales de los ya existentes); en materia de impuestos es bien conocida la actuación de la derecha española, beneficios fiscales para los sectores económicamente más fuertes y como contrapartida reducción de las prestaciones sociales a los sectores más desfavorecidos.

En relación a los derechos civiles, el Sr. Rajoy nos muestra el camino que seguiría un hipotético futuro gobierno del PP: modificación restrictiva e incluso derogación del derecho a abortar de las mujeres, modificación restrictiva e incluso derogación de la ley de matrimonio homosexual incluso al margen de una futura sentencia favorable a la ley actual por parte del Tribunal Constitucional al resolver el recurso que el propio PP presentó. Es decir, si llegase a gobernar, en materias de derechos civiles el PP nos devolvería a un modelo de sociedad antiguo, cerrado, con limitación de derechos y libertades, no en vano una dirigente del P.P tan cualificada como Esperanza Aguirre ha expresado su simpatía con las propuestas del ultraconservador y reaccionario Tea Party.

En materia laboral, recientemente un colaborador directo del Sr. Rajoy, el Sr. Lasalle, manifestaba que se hacía necesaria más reforma laboral; si tenemos en cuenta que la reforma recientemente aprobada es bastante gravosa para el conjunto de los trabajadores; da miedo pensar que quiere decir este cualificado dirigente del PP cuando pide más reforma laboral.

En el terreno de la corrupción política es quizá donde el cinismo del Sr. Rajoy alcanza cotas más altas; manifiesta que la corrupción le parece despreciable pero se niega a asumir responsabilidad alguna ante los numerosos casos de corrupción que afectan a altos cargos de su partido. La trama Gürtel y la trama Brugal no son un invento de la policía, de los jueces, del gobierno ni del partido socialista, son una realidad constatada que supone el mayor caso de corrupción política en la historia de nuestro país y desarrollaron la mayor parte de sus actividades fraudulentas y presuntamente delictivas casualmente en Madrid y la Comunidad Valenciana gobernadas ambas por el PP.

El gobierno socialista, apremiado por el poder de los mercados, ha implantado un duro plan de ajustes que sin duda exige grandes sacrificios a una mayoría de la sociedad española fundamentalmente a las clases medias y trabajadoras. En el contexto de una grave crisis con altos niveles de desempleo, de manera lógica se ha producido una importante pérdida de credibilidad del Gobierno y su Presidente, y consecuentemente ello se refleja en las encuestas sobre intención de voto que otorgan ventaja al principal partido de la oposición, que seguía manteniendo un absoluto secreto sobre sus proyectos políticos si llegaba al gobierno. Es ahora, conocidas sólo de manera suave y superficial las intenciones del Sr. Rajoy y su partido en el caso de llegar a gobernar; cuando en mi opinión se debería efectuar una reflexión profunda en el seno de esa mayoría social más castigada por la crisis en relación a su futuro comportamiento electoral. Así, cabría preguntarse:

¿Pueden las clases medias y trabajadoras otorgar su confianza a un partido, el PP, que ya avisa tomaría medidas aún más duras que las del plan de ajustes del gobierno actual y que las afectarían de manera directa?

¿Puede la sociedad española, que está sufriendo las consecuencias de la crisis, otorgar su confianza a un partido, el PP, que no condena de manera explícita la corrupción que afecta a muchos de sus dirigentes y cargos institucionales, inmersos en tramas donde se han utilizado de manera fraudulenta enormes cantidades de dinero público y además son mantenidos en sus cargos por decisión expresa y pública del Sr. Rajoy y la Dirección nacional del partido?

¿Puede la sociedad española, que siempre ha luchado por sus derechos y libertades, otorgar su confianza a un partido, el PP, que sistemáticamente se ha opuesto a todas las leyes que se han promulgado para incrementarlos e incluso las ha recurrido ante los Tribunales de Justicia? ¿ Quieren la mayoría de españoles un modelo de sociedad más cerrado, que favorezca la discriminación y persecución de sectores desfavorecidos tal como expone el video de campaña del PP, donde se premia la caza de los inmigrantes?

¿Debería la sociedad española exigir al recién remodelado gobierno una mayor sensibilidad ante aquellos que están padeciendo gravemente la crisis y rectificar algunas de las medidas más gravosas de la misma, junto a medidas fiscales que garanticen una redistribución más justa de los esfuerzos para salir de la misma?

¿Servirá la nueva agenda social que el Gobierno acaba de anunciar y poner en marcha, para conseguir reducir la insatisfacción y desencanto de una amplia mayoría social, evitando así que la abstención favoreciese la vuelta de la derecha al gobierno con un programa que ahora ya podemos saber significaría un recorte de derechos, una reducción grave de las prestaciones sociales y unas condiciones laborales aún más duras que las actuales?

¿Podría la situación descrita anteriormente favorecer el avance de una opción de izquierdas alternativa, que propusiera unas medidas realistas, con la necesaria dosis de pragmatismo, propugnando una salida más social a la crisis?

En estos tiempos que nos están tocando vivir, donde se nos trata de hacer creer que es incuestionable caminar a la reducción de nuestro Estado de Bienestar, en mi opinión, la sociedad en su conjunto debe reflexionar y asumir mayor protagonismo en el debate social y político, no avalando a aquéllos que pretenden llevarnos a situaciones ya superadas.