La derecha española, su poder económico y su ariete más incisivo, ese «ejército mediático» a su servicio, se han convertido en una eficaz máquina de fabricar historias y en definitiva, de formatear las mentes de los españoles.

Como decía el genial director de cine Claude Chabrol, con esa característica sutileza francesa «la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no».

El mensaje de que sobra todo en España (servicios sociales, viviendas, hospitales, aeropuertos, universidades, etc.) aderezado con la palabra austeridad ha ganado la batalla de la opinión pública. La ciudadanía acepta como algo irremediable, como auténticos designios de las divinidades. Convirtiendo, la austeridad en una de las virtudes más proclamadas y menos practicadas. Pero aún compartiendo el principio de vivir en austeridad en lo personal y en lo público, debemos ser cautos a la hora de extenderlo a todo sin un riguroso análisis previo que fundamente la medida.

En esta línea de que son muchas las cosas que sobran, que son innecesarias, Esteban González Pons, uno de los portavoces del PP, dice «sobran políticos», luego reduzcamos el actual número del Congreso de los Diputados en 50. Dicho así y conociendo el grado de popularidad de la clase política entre la ciudadanía en general hasta suena bien. Pero, vayamos por partes; ¿no les causa cierta sorpresa que alguién que pertenece a ese denostado colectivo sea quien lo propone?, ¿Generosidad?, ¿Defensa del interés general?, ¿Demagogia? ¿O algún beneficio oculto para su opción partidaria?

Empezaremos diciendo que la propuesta está dentro de la Constitución. Y si no se quiere tocar la Carta Magna habrá que respetar algún que otro condicionante del texto, como el de garantizar un mínimo de dos diputados por provincia. Y es ahí, donde está la clave; las provincias menos pobladas todas tienen al menos dos o tres escaños (ninguna cuenta ahora con menos de tres salvo Ceuta y Melilla), luego si bajamos el número de diputados a repartir las provincias más pobladas quedarán peor representadas. Contribuiremos más a desproporcionalizar el actual sistema electoral. Penalizaremos a las grandes urbes y primaremos más todavía a las provincias más despobladas, abriremos más la brecha entre el valor de un voto entre unas y otras zonas. Además con esta medida crecerá el freno para los pequeños partidos políticos de ámbito estatal, no perjudicando a los partidos nacionalistas y claramente beneficiando a los grandes partidos estatales. Por supuesto, no hace falta ni decir a quién votan en una zonas y en otras, ya sean urbanas o rurales.

En conclusión, una propuesta generosa sin ninguna intencionalidad. Como siempre, por el interés general de España, de su España, de esa que sienten suya y creen que no formamos parte.