Problemática estrechamente vinculada a la alta incidencia del paro entre este grupo etario, con especial incidencia a partir de los años 2007-2008 y con un record histórico que alcanza el56% en 2013. De igual forma, la temporalidad y las diversas modalidades de trabajo a tiempo parcial les han afectado de forma específica. Cabe, por tanto, afirmar que tienen una posición en el mercado laboral devaluada y secundarizada, que conlleva que presenten grandes rémoras en términos económicos, afectando, en su conjunto, a su calidad de vida y bienestar.

Entre los efectos de este escenario laboral adverso destaca que el ratio de los que permanecen en el hogar de sus familias haya pasado del 2007 al 2011 del 46% al 49%. Además, pese a que en España la prevalencia de las enfermedades psíquicas entre esta población sea de las más bajas de los países de la Unión Europea (27%) ha subido en dos puntos porcentuales en los años de referencia, constatándose un debilitamiento de su salud mental.

Por otro lado, se detecta un incremento de su desconfianza hacia las instituciones públicas. No en vano si en 2007 el 55% declaró que confiaba en el poder político, en 2011 un escueto 20%, Y quizá lo que llame más la atención sea el aumento de las reservas hacia sus semejantes (58% en 2007 y 55% en 2011).

Una investigación que realiza en 2014 el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales de la UNED, continuidad de una previa iniciada en 2007, confirma lo anterior y lo complementa en diversas dimensiones, si bien de sus resultados en esta fase debe hacerse una lectura en clave de hipótesis.

Así las cosas, los jóvenes españoles se encuentran en la vivencia de estar inmersos en un modelo social que por el mero hecho de serlo consideran les excluye y al que asocian numerosas incertidumbres y amenazas en su presente y futuro. Aprecian que el individualismo es el valor de referencia, en un escenario de continua competencia que lleva de sí que participen de una percepción del vivir en la línea del “sálvese quién pueda”. Esto último quizá explique la prevención hacia el grupo de pares.

No tienen duda sobre que son la generación mejor preparada de nuestra historia, que tienen acceso a información de todo tipo, que manejan las tecnologías de la comunicación y la información en su cotidianeidad, aunque creen que tienen menos oportunidades que sus padres. Focalizan sus problemas básicamente hacia los de índole laboral, a los que vinculan los de orden económico. Y ligado a lo anterior declaran que no pueden emanciparse de sus familias o que se vean en la necesidad de emigrar a otros países.

Resulta de especial interés que se reafirmen en el discurso de que en la sociedad española actual el esforzarse ya no garantiza integración y presuponen un futuro incierto. En concreto, a corto/medio plazo exponen su deseo de que les gustaría estar trabajando y sitúan, como desiderátum, la edad de emancipación del hogar de sus padres en torno a los 30 años.

También es relevante que se autocalifiquen como una generación perdida, como un sector social que no encuentra su lugar en la sociedad, aun teniendo claro su papel histórico y las razones que subyacen a sus circunstancias.

En definitiva, cabe interpretar que están encadenando un círculo vicioso de fracasos, al tiempo que se muestran relegados socialmente, generándoles desconfianza y pérdida de la autoestima. De forma que observa una derivación hacia un paradójico nihilismo activo, pues juzgan que no se puede hacer mucho para cambiar su realidad.

En este contexto, las familias siguen siendo las que sostienen su existencia, merecedoras como son de constituir espacios inquebrantables de solidaridad, asociadas a la idiosincrasia y particularidades de la familia mediterránea, en un contexto conflictual de ineficiencia de las políticas de juventud y de un Estado de Bienestar débil e inadaptado a las nuevas demandas sociales. En paralelo, presentan un gran escepticismo hacia la eficacia de las instituciones políticas clásicas y presumen preceptivo que los partidos se adapten a los nuevos tiempos, a las nuevas mentalidades.

Ante la problemática que les rodea anticipan que es imprescindible un cambio de mentalidad, de valores, de modelo social, recuperar la motivación y la confianza en el propio sistema. Por todo ello, reclaman una vuelta a valores de humanidad, y que adquieran una mayor conciencia política para luchar en favor de sus derechos.

De seguir en la senda actual no podrán hacer de suyo, como decía Rousseau que “la juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla” y conllevará grandes niveles de sufrimiento e incertidumbres para las sociedades del futuro.