La última noticia sobre el posible blanqueo de capitales de Rodrigo Rato, acogiéndose a esa maniquea amnistía fiscal de Montoro, que ha sido la mayor tomadura de pelo a los ciudadanos españoles sería un capítulo más de toda esta corrupción y deshonestidad que pringa a la estructura del PP, si no fuera porque Rodrigo Rato es “el emblema”.

No vale decir ahora que está expulsado de la militancia, que ya no es “querido” en el PP, o que, al igual que hicieron con Bárcenas, ya casi ni lo conocen.

No vale escurrir el bulto e intentar mirar para otro lado, como siempre hace Rajoy y el PP, porque Rodrigo Rato es “el emblema” de una economía neoliberal, impuesta por el PP desde que gobernó Aznar, porque él pudo haber sido Presidente de Gobierno, porque ha sido el oráculo económico del PP, porque se “vendió” como hombre de consenso y capacitado para “salvar Bankia”, porque ha representado a España en las principales instituciones económicas internacionales.

Rodrigo Rato lo ha sido TODO en la economía neoliberal que ha conducido a Europa a esta situación de crisis. El “hombre” de la Economía fue Vicepresidente segundo del Gobierno de España. (1996-2003); Ministro de Economía y Hacienda. (1996-2000); Ministro de Economía. (2000-2004); Vicepresidente primero del Gobierno de España. (2003-2004); Director gerente del FMI. (2004-2007); Director de Caja Madrid. (Desde 2010); Director de Bankia. (2010-2012) y actualmente Consejero asesor de Telefónica Latam y Telefónica Europe, pese a estar imputado en innumerables causas.

¿Rodrigo es un sinvergüenza, ha sido un error confiar en él, ha sido un engaño, es un hombre deshonesto? O sencillamente Rodrigo Rato es el prototipo de los hombres que han representado a la economía europea en estos últimos años, y que han propiciado la caída y la crisis de una Europa que, no sólo está en crisis económica, sino también en una profunda crisis política y moral.

Y esta crisis política y moral se evidencia claramente cada vez que abren la boca organismos como el Banco Europeo o el FMI. Advierten de la necesidad de hacer “más reformas laborales en España”, que la recuperación económica consiste, como bien advierte Joaquín Estefanía, “en pasar del desempleo al subempleo”. Europa sigue creando puestos de trabajo precarios, con salarios mal pagados y cada vez con menos derechos laborales; Grecia sigue pendiente de un hilo ante la tozudez de una Europa intransigente e insolidaria; España se asfixia entre una creciente desigualdad, cada vez más insoportable, y un hedor de corrupción que no son casos puntuales, sino una forma de entender la economía liberal.

Hablan de reformas laborales, presionan con la deuda, exigen cumplimiento de déficit, pero ¿alguno de esos dirigentes ha criticado la inmoralidad y la corrupción que anida en la milagrosa España, la del boom urbanístico, la del despilfarro y los grandes eventos, la de los imputados políticos, la de la investigación judicial al partido del gobierno,…?

Ante eso, enmudecen, callan, mantienen silencio. Es más fácil pisar el cuello de la Ciudadanía que denunciar y exigir que la ley, incluso la jurisprudencia europea, actúe contra quienes han hecho alguna de las estafas mayores de esta época, como el hundimiento del sistema financiero español.

Rodrigo Rato era y es uno de ellos, de esos “hombres” que han entrado en un círculo incuestionable desde donde se gobierna a esta Europa maltrecha, pero que se gobierna desde la falta de empatía, la falta de principios, la falta de valores, y con una alta soberbia y confianza de no haber sido nunca pillados en sus propias vergüenzas.

Hasta que el FMI y el Banco Europeo, hasta que las instituciones europeas no cambien a sus dirigentes, Europa no volverá a recuperar la confianza en sí misma. Porque la confianza es también una cuestión de honestidad.