El consumo privado se está hundiendo porque en los años de bonanza la gente ha vivido por encima de sus posibilidades, gastando no en base a sus salarios sino a los valores ficticios y sobredimensionados de sus inversiones inmobiliarias. Tras el desplome de la “burbuja” toca desendeudarse, es decir devolver créditos utilizados anteriormente para comprar coches de lujo y viajes de ensueño, además de seguir pagando las hipotecas para unos pisos que en muchos casos ya no valen lo se tiene que pagar.

El paro ha aumentado de forma dramática, lo que significa que millones de personas están obligadas a reducir su consumo al mínimo -y en muchos casos incluso más-.

Para compensar la falta de demanda del consumo privado las Administraciones se han lanzado en los primeros años de la crisis a compensarla con planes “E” y “E-sostenible” para mantener, por lo menos, algo de empleo sobre todo en el sector de la construcción. El resultado es que ahora las Administraciones también están obligadas a ahorrar, sobre todo en el contexto actual de una falta de confianza de los mercados internacionales en la deuda pública de la zona euro, lo que obliga a todos los países a seguir unos programas muy severos de austeridad.

Estamos además viviendo en unas sociedades que están envejeciendo de forma galopante y los ancianos gastan menos, pasan de la moda y de comprar coches nuevos etc., es decir no son los consumidores alegres que han sido en su juventud.

Y la juventud, los que deberían gastar y consumir para crear una familia y un hogar no pueden, porque están en el paro o tienen unas condiciones laborales tan precarias que no pueden obtener hipotecas ni comprar productos de valor, como coches etc. (El 75% de los jóvenes de menos de 35 años están afectados por esta situación). ¿Qué les decimos a esta generación, que ya llegarán tiempos mejores, o que aparquen su proyecto de vida para la próxima vez?

Los economistas nos dicen que hay ser optimista e invertir en educación, investigación, I+D+I, trabajar más y cobrar menos para ser más competitivo y dedicarse a la exportación. El problema es que esto lo cuentan en todos los países y si todos queremos exportar, alguien tendrá que importar, ¿no?

En resumen, no va a haber, ni puede haber, ni debe haber más crecimiento. ¿Es esto tan difícil de entender? Creo que no, pero los responsables en política y economía se niegan en rotundo a aceptar este hecho.

Pero todavía no hemos tocado fondo. La situación se agravará y mucho. Las Administraciones, y sobre todo los Ayuntamientos (algunos ya no pueden ni pagar la luz de los colegios), van a eliminar servicios: centros culturales, bibliotecas, instalaciones deportivas, la oferta cultural, servicio de limpieza etc., lo que significa más paro y menos consumo. La espiral seguirá afectando a todo tipo de ofertas culturales como cursos de idiomas, baile, teatro, etcétera.; luego llegará a los servicios hosteleros, bares y restaurantes -menos consumo, menos producción, más paro-. No hay salida de esta espiral porque si todos estamos de acuerdo en que no se puede volver al modelo anterior: burbuja inmobiliaria y despilfarro en proyectos faraónicos de centros culturales (Ciudad de la Cultura de Santiago, Centro Oscar Niemeyer en Avilés, Centro de las Artes y de las Ciencias en Valencia etcétera) e infraestructuras (aeropuertos, autopista, TAV, etcétera), ¿de dónde va a venir la demanda y sobre qué productos para que arranque de nuevo el motor de la economía? Yo no lo veo y olvídense, por ejemplo, del coche eléctrico.

Lo he dicho y escrito muchas veces (la primera hace más de 25 años): el que sigue aferrado a este modelo de producción – consumo – creación de empleo y promete volver a la creación de empleo o incluso al pleno empleo (que de hecho nunca ha existido) miente o es estúpido. Y lo volveré a repetir hasta la saciedad si es necesario.

Y, ¿cómo pretendemos volver a un sistema del que todos estamos convencidos que fue un error, un espejismo? No, no va haber más crecimiento, no puede haber más crecimiento y, es más, ni siquiera es deseable que haya más crecimiento.

Una vez hemos llegado a esta conclusión podemos replantearnos la cuestión fundamental: ¿cómo salimos de esta crisis? Si la vía del crecimiento y del consumo está vetada, la pregunta: “¿cómo volvemos a unos niveles de consumo y con ello de crecimiento y de ceración de empleo?”, queda obsoleta. Y por fin podemos plantearnos preguntas inteligentes (recuerde: solo el que plantea buenas preguntas recibe buenas respuestas).

No pretendo ser conocedor de todas las preguntas y mucho menos de las respuestas, por lo que propongo abrir un debate social sobre esta cuestión, pero sí plantearé algunas:

¿producimos suficientes bienes y servicios que nos permitirían vivir a un nivel digno a todos? Creo, que sí, aunque no podamos volver a los excesos recientes, pero hay más que suficiente para todos. ¿El hecho de que, gracias a las nuevas tecnologías y la automatización, seamos capaces de producir lo mismo e incluso más es un echo negativo que causa más paro y más marginación social o es algo positivo de que lo podríamos aprovecharnos todos trabajando menos?

Un buen ejemplo para la contradicción del sistema es el mercado de viviendas. Todos los días se desahucian en España 400 familias, es decir cientos de personas que van a la calle. En las últimos décadas hemos vivido una segregación familiar; las unidades familiares redujeron drásticamente el número de sus miembros, de casi cuatro personas por vivienda a 1,5 en los últimos años. Ahora vivimos un proceso a la inversa. Las familias se están reagrupando ante la falta de medios para mantener varias viviendas. Y todo esto en un país en el que existen más de cinco millones de viviendas vacías. Que alguien me lo explique. Y lo mismo pasa con todos los demás productos; coches, muebles, ropa, alimentos, etcétera. Todo nos sobra, pero a la vez hay cada vez menos personas que tienen acceso a ello. Es como -y de hecho lo hacemos- eliminar masivamente alimentos porque no se pueden comercializar, mientras miles de personas pasan hambre. ¿Qué nos falla? ¿La economía, es decir, el proceso productivo o el mecanismo de organización social, el de la distribución de estos bienes?

Ya lo dijo Charlie Chaplin en 1933 en el discurso final de la película “El gran Dictador”: “el maquinismo que crea la abundancia nos deja en la necesidad”. ¿No hemos aprendido nada en casi 80 años? Estoy totalmente convencido de que entraremos en los anales de la historia como la “época de la estupidez”.