Lo hizo Dolores de Cospedal cuando acusaba que el gobierno la espiaba o lo hace continuamente Mayor Oreja con las barbaridades sobre la complicidad con ETA, por poner algunos ejemplos. Ahora hay que alarmar sobre el estado de las cuentas públicas. Da igual que se mine la confianza del país, da igual que haya Comunidades gobernadas por el PP que multipliquen sus deudas y además con casos de corrupción hasta las orejas, da igual que se mienta calculadamente, todo vale en la estrategia destructiva del PP.

Se trata de allanar el camino para arrasar con medidas neoliberales basadas en el recorte drástico del Estado de Bienestar y de los servicios básicos como la educación y la sanidad. Podemos observar cómo están Madrid y Valencia en sus índices educativos y sanitarios muy por debajo de la media española. Hay que justificar previamente que el PP entrará en el gobierno como elefante en cacharrería; lo hará con plena convicción ideológica, pero sin atreverse a confesarlo, por eso intenta manipular la información buscando confesar el pecado al delito que piensan cometer.

No hace falta que recordemos que la deuda de Castilla la Mancha, la diana ante la que el PP dispara ahora, no tiene comparación con la de Madrid o Valencia. Por cierto, los valencianos son los españoles con más deuda por habitante en unas circunstancias donde se investigan las cuentas por la justicia en casos tan graves como Gürtel o Brugal.

En esta estrategia, se quiebran varias cosas:

1) La convicción de que todo vale en política arruina a la política misma, confiriéndole un toque “mafioso”.

2) Mentir de forma calculada con el fin de destruir como sea al adversario significa que el PP pretende arruinar al máximo a su contrincante, en este caso al PSOE. No sólo le basta ganar, sino que además desea la venganza de que no se pueda recuperar.

3) Dañar al país, a su estructura de Estado, al funcionamiento de bienestar, a la confianza ciudadana con el único fin de obtener el poder a toda costa.

4) Esconder las intenciones tirando la piedra de la mentira para justificar políticas ultraconservadoras convierte a la política en un puro instrumento de otros intereses.

5) Cuando se está reclamando una democracia más participativa, el PP ha conseguido ensuciar y retorcer los mecanismos de la democracia representativa. Con esa estrategia, no se respeta ni la democracia formal.

Evidentemente, al PP no le preocupan ni le interesan las protestas de los indignados por la ausencia de democracia. No va con ellos. La falta de moralidad que exhibe el PP y su cinismo político no supone únicamente un ataque al contrario, la suma de todos sus ingredientes se convierte en un secuestro de la democracia.