Especialmente en épocas en las que se opera con estrategias perfectamente delineadas de “acoso y derribo” de aquellos líderes que no son del agrado de poderosos grupos de interés que están dispuestos a dedicar recursos económicos cuantiosos en tareas de demolición política. Las recientes elecciones de Estados Unidos proporcionan un ejemplo nítido del poder actual del dinero en la arena política. Se trata de núcleos de poder que no se cortan un ápice en poner en marcha iniciativas propagandísticas directas (principalmente en televisión), bien coordinadas con el trabajo de grupos y agencias especializadas en comunicación política y en estrategias de intoxicación y desinformación. A cuya tarea se suman determinados medios de comunicación social convertidos en instrumentos de propaganda y contrapropaganda.

Tal despliegue de dinero y de recursos está dando lugar a que la política tienda a adquirir un remarcado carácter de negatividad y de ataques personales bastante furiosos, que están dando lugar a un fenómeno de “liderazgos de ciclo corto”, debido a que en ocasiones es imposible soportar durante mucho tiempo críticas tan desmedidas. No solo en lo que se refiere a las posibilidades de mantener índices razonables de apoyo entre la opinión pública, sino también en lo que concierne a la propia resistencia personal, incluso al nivel más íntimo.

Frente a tal tipo de prácticas, es obvio que las organizaciones y sectores progresistas de la sociedad tienen que desarrollar estrategias de respuesta y, desde luego, tienen que poner en marcha mecanismos que permitan levantar barreras eficaces de protección en torno a sus líderes. De ahí la atención mediática que ha despertado en España el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como poderoso Vicepresidente primero del Gobierno, con el consiguiente despliegue de actividades y comparecencias posteriores, que han dado lugar a que el primer plano público haya sido ocupado en mayor grado por el nuevo Vicepresidente. Al tiempo, lógicamente, que también le han llovido las críticas, en esa manera tan exagerada y desaforada a la que algunos nos tienen acostumbrados.

Los buenos niveles previos de popularidad y valoración del nuevo Vicepresidente han sido causa de que algunos analistas, así como grandes y ricos homes, interpretaran tal nombramiento en clave sucesoria –en ocasiones con grande algarabía–, como si se tratara del resultado de una mano ungida, o tal si fuera una especie de guiño preliminar a la opinión pública por parte del actual Presidente de Gobierno. Sin embargo, tal como están sucediendo las cosas, y tal como habíamos intuido algunos (Vid. “¿Principio de una buena racha…?”, en Sistema Digital de 28 de octubre de 2010), parece que no estamos exactamente ante una maniobra de sucesión, sino ante una estrategia de “paladinado”, con la que se intenta evitar que el principal líder del PSOE tenga que estar sometido a tanto desafuero y a tanto combate singular en todo momento, sin tregua, compasión, ni descanso. Lo que habrá que ver es si la merced concedida al bravo y afamado paladín le permite permanecer sin desfallecer al pie del caballo, durante el tiempo suficiente como para que puedan adquirir mayor verosimilitud otras hipótesis sucesorias. De momento nadie podrá negar que ahí está el paladín con los pendones al viento, lanza en ristre, aguantando como puede las acometidas de mesnadas muy sañudas, mientras lanza mandobles a diestro y siniestro a tropas asaz fogosas y retadoras que atacan con redoblada furia. Veremos qué pasa, que las cosas no están para muchas florituras medievales.