Cuando quedan pocos meses para la celebración de las Elecciones Generales, hay que señalar que la fragmentación del voto de la izquierda puede hacer que se paralice el cambio que demanda la sociedad española, como acaba de ocurrir recientemente en las Elecciones Generales en Portugal. En el país vecino, ha habido más votos y representantes de las fuerzas políticas denominadas de izquierda, pero las elecciones las ganó el Gobierno que ha venido realizando los recortes durante los últimos años, y casi con toda seguridad seguirá gobernando sin mayoría absoluta.

Y lo hará, a pesar de la movilización de unos ciudadanos que mayoritariamente querían y votaron cambio. Y a pesar del empobrecimiento que han sufrido los portugueses, los drásticos recortes en los servicios públicos y en las prestaciones sociales, y de que hayan salido de Portugal más de 500.000 personas intentando buscar un presente y quién sabe si un futuro para sus vidas.

Eso es lo que está pasando, pero no es la primera vez que ocurre en Europa en estos años de crisis. Ya ha sucedido en Alemania, donde todo el mundo sabe que gobierna Merkel, pero donde la matemática de la representación parlamentaria posibilitaba a la izquierda, también fragmentada, haber formado gobierno. Cosa que no ocurrió, porque si bien es cierto, que junto con la matemática también hay que analizar los proyectos de Estado de las distintas formaciones a la hora de gobernar, esa posibilidad ni se dio.

En el caso de España, la falta de democracia interna en algunos partidos, la falta de explicación de un modelo alternativo de sociedad y por tanto de país, junto con el fracaso de ciertos intentos de reeditar procesos de convergencia que obtuvieron buenos resultados en las elecciones autonómicas y principalmente municipales, hasta el punto que accedieron a los gobiernos en algunos casos, puede hacer naufragar los deseos de cambio que tienen la mayoría de los ciudadanos.

Para conjurar esta peligro, que es real, en un panorama muy fragmentado, pero con dos grandes formaciones políticas, una la izquierda, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y otra a la derecha, el Partido Popular (PP), el principal partido de la oposición, y por tanto alternativa real de gobierno, debe aglutinar en torno a él a la mayoría social de progreso que quiere una España con igualdad, con derechos y con bienestar para todos los ciudadanos. Quedan tres meses para que el PSOE logre que la ilusión mayoritaria del cambio que recorre las calles de España se transforme en una mayoría política en las urnas y en las Cortes Generales.

Y para lograrlo, se cuenta, a priori, con una ventaja. En España, según el barómetro del CIS del mes de septiembre, la mayoría de los ciudadanos se auto-ubica ideológicamente en la izquierda. Concretamente, en una escala que va de 1 (izquierda) a 10 (derecha), el 59,1 por ciento de los españoles se auto-ubica entre el uno y el cinco. Y un 50,5 por ciento son los que se sitúan entre el tres y el cinco en esa escala.

Si la situación económica general de España, según el CIS, es calificada por un 65,6 por ciento de los ciudadanos como mala o muy mala. El cambio es posible.

Si la situación política es calificada por un 71,4 por ciento de los ciudadanos como mala o muy mala. El cambio es posible.

Si los principales problemas para los españoles son: primero el paro, para un 78,6 por ciento; segundo, la corrupción y el fraude, para un 39,5 por ciento; tercero, los problemas de índole económico, para un 25,3 por ciento; cuarto, los políticos en general, los partidos y la política, para 21,7 por ciento; quinto, la sanidad, para un 10,7 por ciento; sexto, los problemas de índole social, para el 9,6 por ciento; séptimo, la educación, para un 9,4 por ciento; y octavo, la inmigración, para un 7,7 por ciento. Y se trasladan a los ciudadanos las alternativas para esas necesidades frente a los recortes de Rajoy, el cambio es posible.

En el cuento de Navidad que Rajoy nos quiere presentar, un 75,6 por ciento de los españoles, según el CIS, se considera bastante feliz. El cree que lo son por sus políticas, nosotros sabemos que es porque las navidades las pasaremos sin él. De nosotros depende el final del cuento, porque en este caso estamos decidiendo sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos. Ya lo dijo Lincoln, “una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”.