Salvo excepciones muy escogidas, todo el caudal de «revelaciones» que nos viene inundando desde comienzos de semana, nos ha descubierto poco o nada que no supiéramos ya a grandes rasgos sobre las motivaciones y orientaciones de los dirigentes mundiales. Pero no por ello carece de interés gran parte de lo que hemos tenido la oportunidad de comprobar estos últimos días. A este respecto, podrían hacerse algunas consideraciones, no necesariamente por este orden:

1) Del morbo no se libra tampoco la información internacional. Según los rankings de atención de las versiones digitales de las publicaciones escogidas para las filtraciones, los aspectos que parecen haber despertado más atención de los lectores son aquellos que tienen que ver más con las cuestiones personales o de carácter que los relacionados con enfoques estratégicos o de fondo. Es natural. Los comentarios de diplomáticos norteamericanos sobre Sarkozy, Merkel, los Kirchner, Chávez, Zapatero, etc. tienen un «mercado» que resulta irresistible. Y, sin embargo, nada de lo leído estos días, ni siquiera lo que pudiera parecer más delicado, resulta del todo sorprendente o rompe un cliché establecido. Por lo demás, el impacto emocional de las filtraciones recuerda a de los libros de memorias de los influyentes dirigentes políticos, con la diferencia de que, en este caso, los conflictos, las tensiones o las polémicas aún están calientes .

2) La aparente irritación de la jefa de la diplomacia norteamericana, Hillary Clinton, llegando a calificar de «riesgo para la seguridad nacional» y de «peligro para la estabilidad de las relaciones internacionales» resulta ciertamente exagerada. Omite la Secretaria norteamericana de Estado que no pocas veces son los gobiernos -incluido el suyo- los que filtran, y no siempre tienen en cuenta el efecto que pueden ocasionar en la seguridad de los países afectados o en el prestigio de los gobernantes poco dóciles o esquivos.

3) Peor aún, lo verdaderamente escandaloso es la deficiente protección de una información que supuestamente resulta tan importante blindar del escrutinio público. Como dicen los anglosajones, la señora Clinton parece hacer «posturing»; es decir, que se hace la ofendida. O está justificando las previsibles medidas que se adopten para castigar a los autores de las filtraciones y prevenir ulteriores sobresaltos.

4) Esta comúnmente aceptado que la diplomacia consiste en una sublimación de la hipocresía. No hace falta ser un experto en la materia para aceptar tal axioma. En este sentido, a pocos sorprenderá que estos cables de la discordia reflejen la intención contumaz de engañar sin ofender y sin que se advierta el engaño; o mejor dicho, sin que lo adviertan no sólo aquellos a los que se engaña, sino también los terceros, los no directamente implicados, si se puede decir tal cosa en un mundo tan interconectado como el actual.

5) A pesar de lo anterior, es improbable que siquiera algún país modifique sus políticas, sus análisis, sus pronunciamientos internos y externos simplemente por el hecho de que han sido puestos en evidencias o desnudados en público. Todo seguirá igual en la diplomacia internacional, y no sólo a grandes rasgos. La política exterior es o puede ser tan mediática como cualquier otra, pero los márgenes de rectificación, disimulo u ocultamiento son mucho más estrechos o limitados.

6) Algunas lecturas sobre las posibles intenciones ocultas de estas filtraciones se antojan disparatadas. En concreto, las que insinúan que pudieran haber sido consentidas, si no alentadas, por el propio gobierno de Estados Unidos con el propósito de ridiculizar, incomodar o debilitar la credibilidad de algunos gobiernos o dirigentes díscolos, incómodos o abiertamente hostiles. Se trata de interpretaciones deudoras de teorías conspirativas poco solventes. Nunca se puede descartar por completo algo así, pero no se percibe con claridad que tal método compense el escozor producido, la sensación de que la única potencia mundial resulta llamativamente vulnerable.

7) Algunos medios escogidos para la filtración se han excedido en la exhibición de los «scoops» o «primicias». Bajo la invocación de la sacrosanta función de servir de contrapeso al poder, o a los poderes escrutados, lo cierto es que se percibe el intento de ganar prestigio y, con ellos, audiencia, atención y venta, en una época especialmente terrible para la prensa en casi todo el mundo. Si resulta poco convincente la defensa de Clinton frente al peligro potencial de la filtración, también se atisba cierta hipocresía practicada por algunos medios cuando invocan el elevado principio de la libertad de expresión.

8) Lo más interesante de lo que viene publicándose estos días no está en la letra gruesa o resaltada de los titulares, sino entre líneas, en aquello que no resulta espectacular, o incluso pasa desapercibido al gran público, pero que al observador más atento, al analista puede servirle para contrastar lo ya parcialmente sabido, las hipótesis de análisis, los elementos de reflexión e incluso las posibles tendencias o evolución de conflictos o dilemas aún por resolver.

9) En algunas ocasiones, lo más inquietante no es lo que nos oculta la diplomacia o los aparatos de los Estados, sino la ignorancia que esas mismas instituciones tienen sobre lo que ocurre en otros lugares y países (el caso de Corea es el más típico, pero no el único), a pesar de la extensión e impunidad creciente de los servicios de inteligencia. O de los propios diplomáticos empleados como vulgares espías. En ocasiones, sin reparar en quebrantos obscenos de la leyes nacionales e internacionales.

10) En el caso de España, las complicidades o comprensiones que la embajada norteamericana habría logrado concitar en sus maniobras obstruccionistas destinadas a bloquear el encausamiento de los responsables de la muerte del cámara José Couto resultan de una especial gravedad. De confirmarse, deberían acarrear consecuencias.

En fin, aprovechemos este caudal informativo, pero hagamos un esfuerzo por no dejarnos seducir por lo más llamativo, impactante, morboso o simplemente atractivo. La realidad internacional seguirá siendo compleja, por mucho que hayamos buceado unos días en las tripas de los diplomáticos y en los bastidores de la gran farsa del mundo.