Siempre hay quienes pretender convertir las dificultades para el abastecimiento de agua en una oportunidad para enarbolar la bandera del agravio territorial y del victimismo. Haciendo uso de una demagogia tan irresponsable como peligrosa, se cierran a los argumentos de la razón y encienden la sensibilidad ciudadana en contra del adversario político. Resulta fácil, por desgracia, manipular las emociones ciudadanas y la opinión pública en un asunto tan controvertido. Pero la historia y el sentido común nos enseñan que esta conducta no contribuye a resolver problema alguno y que, antes al contrario, resta capacidad a las instituciones para el trabajo eficaz y el entendimiento imprescindible.

Por tanto, el primer compromiso que cabe reclamar de todas las instituciones y de todas las fuerzas políticas y sociales es el de prescindir de la demagogia en el tratamiento del problema del agua. Una vez el Gobierno de España ha asumido la competencia indelegable de garantizar el abastecimiento de agua a todos los territorios y a todos los ciudadanos en condiciones de igualdad, ahora corresponde buscar las soluciones técnicas más razonables y aplicarlas desde la cooperación leal. Lo demás es oportunismo e irresponsabilidad.

Afortunadamente para todos, la gestión de los recursos hídricos ha experimentado un desarrollo extraordinario durante los últimos años. Una gestión eficaz, sostenible y moderna del agua no confía ya, como hacían los romanos, en la solución exclusiva del trasvase entre cuencas. Los trasvases, o las “conducciones”, o los “suministros puntuales”, o como quiera llamárseles, pueden servir como medida provisional y limitada para atender una demanda de urgencia, como se plantea en estos momentos para el área urbana de Barcelona. Sin embargo, una adecuada gestión integral del agua debe combinar medidas que incidan tanto sobre la oferta como sobre la demanda, y debe complementar decisiones sobre el ahorro en el consumo, la modernización de los sistemas de regadíos y la mejora de las conducciones con las técnicas de desalación que ya se están aplicando con éxito en todo el mundo.

El problema del agua en España exige de más lealtad, de más responsabilidad, y de menos guerras basadas en el oportunismo y la demagogia.