Rajoy y Cañete hacen honor a sus raíces y tradiciones también en esta cuestión de las herencias. Pero, en el plano político lo hacen de manera desviada y en base a una postura un tanto pintoresca. Lo hacen como parte de una estrategia política desesperada, sabiendo que los vientos de la opinión soplan en contra y confiando en que algunos ingenuos piquen en su maniobra de diversión.

Pero, lo cierto es que cada vez que hablan de la pesada carga que ha supuesto la herencia recibida del PSOE su argumentación resulta menos creíble, no solo porque todo el mundo es consciente de que se encuentran ya en su tercer año de gobierno, y es muy difícil que no se les vea a ellos como responsables directos de muchos de los problemas que se están acumulando en esta sufrida España.

No hace mucho que en este mismo lugar subrayé que su pretensión infantil de proyectar en otros la responsabilidad de su mala gestión recordaba la vieja historieta del niño goloso y malcriado que echaba al gato la culpa de la caída del tarro de mermelada que torpemente intentaba alcanzar a hurtadillas, haciendo caso omiso de las recomendaciones de sus padres y del buen sentido alimenticio.

En términos objetivos comparativos, el argumentario de Rajoy y Cañete sobre la mala herencia no se sostiene. De hecho, la herencia recibida de los socialistas también está integrada por avances innegables en el plano económico, social y cultural, en la gestión de muchos Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, sin olvidar los gobiernos encabezados por Felipe González, entre los que se encuentran algunos de los mejores años de gobierno de la historia reciente de España.

Precisamente, muchos de los logros alcanzados en dichos años en materia social y redistributiva, en derechos personales y en Educación y Sanidad son los que ahora está destruyendo el Gobierno de Rajoy y el inefable y peculiar Cañete, bajo el paraguas protector de su muy amada y todopoderosa Señora Merkel. Por eso, en pocos años España ha pasado de encontrarse en los puestos 9 y 10 del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas a descender al puesto 23, a la cola de los países avanzados. Y ello debido a las reducciones perpetradas en los gastos públicos en Salud y Educación por el actual Gobierno del PP. ¿Quién no es consciente de todo esto en España? ¿Quién no sabe que ahora la enseñanza pública está esquilmada y que los recortes en Educación en los presupuestos generales del Estado han descendido en más de un 30% desde que gobierna Rajoy? ¿O que hoy nuestros centros educativos tienen varios miles de profesores menos y que se han recortado becas de libros y de comedor de una manera infame y especialmente dolorosa para muchos niños y familias? ¿Y quién no sabe que en las Universidades se han reducido los presupuestos más de un 10%, mientras que las matrículas han subido una media del 68 en los másteres, al tiempo que se han precarizado las plantillas de profesores con seis mil docentes menos; con casos extremos de Universidades en las que casi el 40% de sus plantillas están formadas por personal precario? ¿Y qué decir del desastre de la ciencia y la investigación?

Desde luego, las mareas ciudadanas y las protestas recurrentes no han surgido de la nada, sino que son reacciones defensivas ante un estado de cosas insufrible. A partir de tal estado de cosas, ¿cómo se atreven algunos a hablar de herencias?

Pero, posiblemente lo peor de todo es lo que está ocurriendo en el terreno de las desigualdades y el empleo, en unos momentos, precisamente, en los que hay signos de recuperación en muchas economías de nuestro entorno. En desigualdades y en pobreza se están batiendo todos los records negativos, habiendo llevado a España a los peores niveles de la Unión Europea, incluso peores que los de Portugal, Grecia y otros países precarios. La escandalosa reacción de algunos ministros de Rajoy arremetiendo contra Cáritas por hacer públicos los datos sobre pobreza infantil (los peores de Europa) es un despropósito muy ilustrativo del tipo de gobierno que tenemos.

En asuntos de paro, el balance específico de la labor del Gobierno de Rajoy no puede ser más concluyente: bajo su gobierno España tiene 646.000 parados más y 857.000 empleados menos. En su conjunto, los activos están cayendo en picado (un millón y medio menos). Es decir, el problema no es solo que haya más parados, sino que se están maquillando las cifras de población activa para que “aparezcan” menos demandantes posibles de empleo, en magnitudes que superan el millón de personas.

Y todo esto sin contar la creciente precarización laboral y la pérdida de capacidad adquisitiva que afecta a millones de españoles, en una forma que resulta especialmente hiriente en la medida que los más ricos, comparativamente, están mejorando sus indicadores de ingresos y valores patrimoniales, con el resultado de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, como consignan todos los informes y datos internacionales, y la propia evolución del coeficiente de GINI en España.

En concreto, 1.300.000 trabajadores tienen ingresos inferiores a los 652 euros mensuales, es decir, se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. Y lo que es peor con unos ingresos mensuales medios de poco más de 400 euros. Es decir, tienen trabajo y son pobres a la vez.

¿A qué se debe toda esta evolución negativa? ¿A la herencia recibida de los socialistas, o a la propia gestión del gobierno de Rajoy y a sus medidas regresivas y antisociales tomadas un día sí y otro también?

En este contexto, las encuestas revelan que pocas personas se creen la peculiar historieta de Rajoy y Cañete sobre la herencia recibida. De ahí lo sorprendente de su insistencia argumental. Quizás es que no tienen ninguna otra cosa que prometer o plantear. Cuando un partido político ha llegado al extremo de no tener ningún otro proyecto que presentar a los electores y todo lo que se les ocurre es arremeter contra el PSOE y Elena Valenciano, es que han llegado a lo más bajo que podían llegar. ¿En qué confían, pues? ¿En que venga la Señora Merkel en su ayuda? ¿O es que saben que su programa real es tan inaceptable que ni siquiera se atreven a hablar de él? ¿Al final nos van a prometer de nuevo que nos van a bajar los impuestos? ¿Otra vez? Y Cañete haciendo gracietas.