Según el último informe del Consejo de la Juventud de España, el día a día de los menores de 30 años ha empeorado sustancialmente en los últimos años. No en vano, la tasa de paro ha crecido (19% frente al 6% de la media de la OCDE), cuatro de cada diez de los que tienen el privilegio de trabajar tienen contratos temporales y son mayoría los que desempeñan actividades profesionales por debajo de su cualificación.

En concreto, según Eurostat 1,7 millones de jóvenes españoles sobre un total de 7,6 millones no disponen ni de empleo, ni de trabajo antes de cumplir los 30 años, resultando los más afectados por esta realidad los que cuentan con estudios inferiores a la secundaria (31%), seguidos de los que han culminado la ESO, de los que están en posesión del título de bachiller (20%) y, finalmente, de aquellos que han culminado estudios superiores (universitarios de grado y master).

La crisis económica ha traído consigo quemuchos decidieran seguir formándose. Así las cosas, el número de jóvenes adultos que se han matriculado en algún programa de educación reglada, tras la finalización de la educación obligatoria, ha aumentado considerablemente desde el año 2008 y, en todo caso, en mayor medida que en el resto de los países de la OCDE. Los datos son suficientemente ilustrativos. En 2008, alrededor del 81% de los jóvenes entre 15 y 19 años y el 21% de los de 20 a 29 años estaban matriculados en algún programa educativo, observándose una subida significativa en 2012 al 86% y 28% respectivamente.

Sin embargo, en España, a tenor de las altas tasas de paro juvenil, un nivel educativo elevado (universitario o su equivalente en Formación Profesional) no minimiza tanto el riesgo de desempleo como en otros países. De hecho,en 2012 el 31,2% de los que abandonaron los estudios antes de los 16 años estaban desempleados (13,6% la media en la OCDE) y los adultos con título universitario o equivalente ostentaban una tasa de paro del 14% (5% la media en la OCDE).

A pesar de lo anterior, y teniendo en cuenta las particularidades del caso español, formarse y estudiar, según la OCDE permite tener más posibilidades laborales y posibilita obtener una remuneración mayor.

Junto a lo anterior, recordar que la tasa de abandono educativo temprano, que mide el porcentaje de alumnos que dejan los estudios tras acabar la enseñanza obligatoria, asciende al 22,7% y duplica la media de la Unión Europea (11%), a lo que sin duda no ayuda en absoluto que el presupuesto de ayudas a las familias tanto en educación obligatoria como universitaria descendiera en el último curso académico 2013-2014 de 1.483 millones a 1.408 millones de euros (el 4,43% del PIB frente al 5,5% de la media europea), según datos recogidos en el último informe Datos y Cifras del Curso Escol.

Lo anterior es un coctel demoledor, que ha llevado a que España se haya convertido en el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de jóvenes entre los 15 y 29 que ni estudian ni trabajan (25,7%), cinco puntos por encima de la media de los países de la OCDE, tan sólo superada por Turquía (29,1%), y en parámetros similares a los de Chile (22,3%), Irlanda (21%), Italia (24,6%) o México (22%), tal como se infiere del último informe Panorama de la Educación 2014 de la OCDE. Porcentajes que para nuestro país se traducen en cerca de dos millones de jóvenes y en que un 7% (9% en la OCDE) ya no busquen empleo. Otro dato llamativo de este informe es que el 45% de los españoles entre los 25 y 64 años no han finalizado ni el Bachillerato, ni su equivalente en Formación Profesional.

Ante estecomplejo escenario, España no envió delegación a la reunión por el empleo juvenil, celebrada a mediados de septiembre en Finlandia. Una reunión enmarcada dentro de la iniciativa europea de Garantía Juvenil, entre cuyos objetivos prioritarios se encuentran que los Estados miembros garanticen a los menores de 25 años un trabajo acorde a su formación o una mejora en su nivel formativo en los cuatro meses tras la finalización de sus estudios o ante la pérdida del trabajo. En Finlandia desde su puesta en marcha, más del 80% de los jóvenes desempleados encontraron empleo o ampliaron su formación en menos de 90 días.

Una oportunidad perdida por elGobierno que, sin duda, le hubiera ofrecido ideas ante los interesantes debates que se suscitaron, entre otras cuestiones, sobre posibles e imaginativas vías de colaboración entre los centros de enseñanza, los servicios públicos de empleo y las empresas de cara a la inserción laboral de los jóvenes o sobre cómo potenciar la formación profesional, sin duda, una de nuestras asignaturas pendientes.

Finalmente, indicar que el Gobierno aprobó en Consejo de Ministros el pasado 12 de septiembre La Estrategia de Juventud 2010, cuyo presupuesto asciende a 3.000 millones de euros hasta 2020 y estableció más de 200 medidas dirigidas a fomentar el empleo juvenil, focalizadas, muchas de ellas, a favorecer el emprendimiento. Palabra de moda en determinados círculos políticos que desde mi punto de vista esconde una dejación pública de responsabilidades, a tenor de la definición que ofrece la RAE del verbo emprender: “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.

Si los jóvenes de nuestros días, como hemos visto, se desenvuelven en su cotidianeidad entre incertidumbres, lo justo en términos de sociedad sería alejarles de la dificultad y del peligro y ofrecerles un presente y un futuro que les permita disfrutar de una condición de ciudadanía plena.