No cabe la menor duda de que la editorial Impedimenta ha apostado fuerte, no sin correr riesgos, por el humor británico. Siguiendo esta estela que bien merece considerarla una aventura, el sello dirigido por Enrique Redel saca a la luz “La juguetería errante”, de Edmund Crispin. Estamos ante todo un clásico indiscutible de la novela inglesa de detectives, una obra jocosa y muy entretenida que ocupa, porque todo hay que decirlo, un lugar destacado en el género.

El verdadero nombre de Edmund Crispin era Bruce Montgomery (Buckinghamshire, 1921 –Week, 1978). Asistió al St. Johns’s Collage de Oxford, donde se licenció en Lenguas Modernas y fue organista y maestro de coro durante dos años. Cuando se le preguntaba por sus aficiones, Crispin solía decir que lo que más le gustaba en el mundo era nadar, fumar, leer a Shakespeare, escuchar óperas de Wagner y Strauss, vaguear y mirar a los gatos. Por el contrario, sentía gran antipatía por los perros, las películas francesas, las películas inglesas modernas, el psicoanálisis, las novelas policíacas psicológicas y realistas, y el teatro contemporáneo.

Publicó nueve novelas y dos colecciones de cuentos, todas protagonizadas por el profesor de Oxford y detective aficionado, Gervase Fen, excéntrico docente afincado en el ficticio St. Chistopher’s Collage. Estas novelas le hicieron ganarse un lugar de honor entre los más importantes autores ingleses de novela clásica de detectives. Parece ser que Impedimenta publicará en breve otras entregas de esta saga como “El amor yace en un charco de sangre” o “El canto del cisne”.

Un conocido poeta, Richard Cadogan, recién llegado a Oxford desde Londres, con ánimo de cambiar de aires, observa que una tienda de juguetes, pese a ser cerca de medianoche, tiene el toldo bajado y la puerta abierta. Intrigado, entra en el establecimiento y en su interior encuentra el cadáver de una anciana con señales de haber sido estrangulada. A continuación, él mismo es agredido y tarda varias horas en recuperar el conocimiento. Cuando al día siguiente acude, acompañado de la policía, al lugar de los hechos, la juguetería ha desaparecido y en su lugar hay una tienda de ultramarinos, en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Desconcertado, pide ayuda a su amigo Gervase Fen, profesor de un collage y detective aficionado. Juntos se enfrentarán a un testamento de lo más inusual, pistas absurdas y alocadas persecuciones a bordo del automóvil del profesor. Intriga animada con abundantes rasgos de humor y expresivas descripciones del ambiente universitario de la ciudad donde transcurre la acción.

La novela está dentro de los patrones clásicos, resulta entretenida y con algunos momentos francamente delirantes, como la enloquecida persecución por Woodsock road, digna del mejor cine mudo. La escena final en el tiovivo nos trae un fuerte eco de una parecida escena, ésta con tinte dramático, en la novela de Patricia Hisghsmith, “Extraños en un tren” (1950).

Las próximas navidades pueden ser un buen momento para adentrarse en el misterioso y ocurrente mundo de Crispin y su genial protagonista, Gervase Fen.