Y, como si esta situación no azotara suficientemente a la población, el Gobierno nos pide más y más sacrificios, ¿q ué sacrificios?, ¿a quién? ¿Se pueden pedir sacrificios a los más de seis millones de parados?

La gente joven no encuentra trabajo, la emigración de los talentos se ha convertido en una sangría, los EREs se suceden uno tras otro, las pymes y autónomos cierran los negocios diariamente, los mayores de 50 años ya no encuentran empleo en este país. Las perspectivas son desoladoras, la tristeza se mastica en el ambiente, no se consume, las calles están llenas de persianas bajadas y de carteles de “se traspasa”. España parece un barco a la deriva, con unos ciudadanos angustiados y hartos de que no se les escuche: lo primero que se recorta es la protección social, lo segundo que surge es el trabajo precario y en negro para malvivir, lo tercero que se produce es la extorsión, la explotación y la violencia. ¡Ojo!, la violencia fascista está llamando a las puertas de Europa de forma amenazante.

Pero lo más desolador es que no sabemos en manos de quién estamos, no hay confianza de que esta locura económica, que atenta directamente contra la vida de los ciudadanos, sirva para algo. Y a los hechos me remito:

– En primer lugar, una macroeconomía que sólo genera dolor y sufrimiento es un fracaso como ciencia, y sus defensores no están ni económica ni éticamente preparados para dirigir bienes públicos.

– En segundo lugar, miembros del propio Gobierno de Rajoy dudan de que estemos en la senda correcta, y así lo dicen abiertamente.

– En tercer lugar, en Europa las voces son cada vez más insistentes en contra de esta macroeconomía de números.

Y encima, parece que nuevamente Europa entra en recesión, con la caída de Francia y el débil crecimiento de Alemania. Si hablamos de “esperanza” para España, hemos de esperar un par de años todavía para que se inicie una recuperación incipiente que no será suficiente para crear empleo.

¿Alguien cree que la ciudadanía podrá resistir estas macroprevisiones? ¿Qué sucederá cuando se acaben las protecciones sociales, cuando se termine la hucha familiar, cuando haya aumentado el desempleo a causa del despido de los trabajadores fijos, cuando el consumo aún se resienta más?

La macroeconomía actual no entiende de personas, ni de razones, ni de sentimientos.

En el último informe sobre “Desarrollo humano y pobreza en España y sus Comunidades Autónomas”, nos encontramos con unos datos alarmantes: la pobreza ha crecido en España un 8% entre los años 2008 y 2011 (lo que indica que actualmente el índice será peor, ya que se han producido más recortes y más desempleo).

La comunidad en la que más ha subido la miseria es Canarias (21%), seguida muy de cerca por la Comunidad Valenciana (18%). El informe indica que los datos hablan de una pobreza “estrictamente económica”, porque la pobreza relacionada con educación y sanidad aún no se notan, como dice el informe, «por el momento no se han visto alterados los índices de educación y salud debido a que estas variables tienen una enorme inercia y es preciso un periodo de recesión más largo para que se vean afectadas», es decir, que aún recibiremos más malas noticias cuando se contabilicen los graves recortes que se están produciendo en la red social española.

De la misma manera que existen responsables políticos y económicos que nos condujeron a la grave situación económica que vivimos, subidos a una burbuja de corrupción material y moral, existen también responsables políticos y económicos que están tomando decisiones interesadas y no de interés público, provocando víctimas ciudadanas.