En aquel momento, yo era vocal de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, que en ‘El I Informe Anual’ del año 1998, a la luz del rápido ritmo con el que se sucedían los acontecimientos en este campo, dedicó el apartado 4.5 a la clonación en sus diversas vertientes. Así, diferenciaba entre la clonación con fines reproductivos y la clonación no reproductiva. Respecto a la primera decía que “los desarrollos conocidos posteriores a la oveja Dolly en seres humanos son sugestivos de que, salvadas las dificultades técnicas que presentan estas aplicaciones todavía, su aplicación a seres humanos sí podrá ser posible en el futuro”. En cuanto a la clonación no reproductiva se concluía que: “… abre un amplio campo de posibilidades para la obtención de tejidos y órganos para trasplantes… Sin embargo, la cuestión principal en este caso es que la obtención de cultivos celulares o, en su caso, de órganos, se realiza a partir de células troncales obtenidas de embriones generados con técnicas de transferencia de núcleos, lo que plantea el problema del status de los embriones así obtenidos… Por otra parte, existen serias esperanzas de que idénticos resultados podrían obtenerse a partir de células troncales no embrionarias”.

En la última década, a la vez que se producían fraudes -como el del científico coreano Woo Suk Hwang, que publicó en 2004 un artículo en la revista Science en donde anunciaba haber clonado por primera vez células madre de origen humano- la comunidad científica siguió trabajando en esta materia. De hecho en 2012, los científicos John B. Gurdon y Shinya Yamanaka obtuvieron el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre clonación y células madre, que ha sentado las bases para reprogramar células adultas a un estado pluripotencial. Estas células, llamadas iPS, tienen la capacidad de replicarse y dar lugar a células de tejidos diferentes de las primigenias, al tiempo que evitan la utilización de embriones, cuestión de la máxima controversia en este terreno. Y hace varias semanas un grupo de investigadores de la Universidad de Ciencias de la Salud de Oregón, liderados por Shoukhrat Mitalipov, informó en la revista Cell que había logrado producir células madre embrionarias con la misma técnica utilizada para clonar a la oveja Dolly. Los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la noticia con extraordinaria celeridad, pues supone un paso importante en la que se anticipa como medicina regenerativa.

En el ‘Estudio Delphi sobre Tendencias en Biogenética’, realizado en el año 2011, por el ‘Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociale’s de la UNED, en el que participaron más de 50 expertos españoles en materia de genética humana, hubo unanimidad sobre que los trabajos con células madre embrionarias habían abierto grandes posibilidades terapéuticas, ya que potencialmente las células troncales tienen capacidad para autorenovarse y son pluripotenciales, de forma que pueden generar cualquier tejido y contribuir a ofrecer soluciones a patologías hoy en día irreversibles como el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes, la osteoporosis, etc… Esta medicina regenerativa podría también solucionar problemas cardiovasculares, de médula ósea, huesos, cartílagos, músculos, piel…, previéndose, en todo caso, avances significativos en investigaciones tanto con células madre embrionarias, como con células madre adultas. Más en particular, los expertos pronosticaron que en el año 2025 “en la mayor parte de los hospitales en España, se utilizarán habitualmente células madre embrionarias y adultas para la regeneración de órganos como el riñón, el hígado…”.

Servirse, a medio plazo, de células madre embrionarias dependerá de condicionantes técnicos, pero, también, de posibles frenos que puedan darse desde instancias políticas, religiosas y ciudadanas. En todo caso, podrían caer en desuso en favor de las células adultas, la reprogramación de las propias células del paciente y las células iPS.

En este sentido, han abierto grandes expectativas las células pluripotentes inducidas (iPS), que han revolucionado la biología de las células troncales y sus usos terapéuticos en medicina regenerativa. Según los expertos en 2030, “la mayor parte de los hospitales de España utilizaran habitualmente células pluripotentes inducidas para el tratamiento de enfermedades como el Parkinson, de riñón o de hígado”.

En España está autorizada esta técnica, tal como se recoge en el Artículo 33.2. de la Ley 14/2007, de 3 de julio, de Investigación Biomédica, en donde se dice que: “Se permite la utilización de cualquier técnica de obtención de células troncales humanas con fines terapéuticos o de investigación, que no comporte la creación de un pre-embrión o de un embrión exclusivamente con este fin, en los términos definidos en esta Ley, incluida la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear”.

De forma que cabe afirmar que de seguir en la misma dirección la medicina regenerativa estará cada vez más cerca, pero también un tipo de medicina preventiva y personalizada. Y los problemas derivados de su implementación seguirán siendo los mismos que han rodeado a la genética humana desde sus inicios: sobreestimar el poder de los genes en el ser humano y en su futuro en detrimento de su libertad y de la importancia del condicionamiento social en sus vidas; los usos que pueda hacerse de la información genética con una finalidad discriminatoria en contextos no médicos (mundo laboral, empresas de seguros, entidades bancaria, etc…); su utilización con fines eugenésicos o de mejora de la raza y, por último, resulta dudoso si los avances, en general, que se vayan produciendo en este ámbito repercutirán sobre todos los ciudadanos del planeta o devendrán en técnicas sólo al alcance de los mejor posicionados social y económicamente.