De ahí el interés que tiene para la periferia conocer qué está pasando realmente con las reformas del sistema financiero estadounidense que se han venido anunciando con reiteración. Y a este propósito resulta muy ilustrativo un extenso análisis político de la gestión de la crisis financiera, publicado en el número de mayo de la revista estadounidense The Atlantic Monthly, bajo el título “The Quiet Coup” (“El silencioso golpe (de estado). Cómo los banqueros tomaron el poder y cómo están impidiendo la recuperación”). Es toda una denuncia razonada del poder de Wall Street, hecha desde de las coordenadas neoliberales del Fondo Monetario Internacional por quien fue su economista jefe, Simon Johnson, actualmente profesor en la Sloan School of Management en el Instituto de Tecnología de Massachusetts.

En sus conclusiones, el autor expone la urgencia de afrontar para la salida de la crisis dos problemas interrelacionados; el primero es la existencia de un sector bancario enfermo que amenaza con ahogar cualquier recuperación; y el segundo, un equilibrio político de poderes que concede al sector financiero un poder de veto sobre la política pública. Y este sector está controlado por una oligarquía resurgida no hace mucho que, a pesar del daño que ha causado, se considera en una posición segura basada en la creencia generalizada aún en vigente de que lo que es bueno para Wall Street es bueno para los EEUU. Porque la enorme riqueza que generó y concentró este sector dio un enorme peso político a los banqueros de modo que funciona activamente un pasillo entre las finanzas y el poder político.

“Por supuesto que los EEUU son únicos. Y del mismo modo que tenemos – nos dice el profesor Johnson – la tecnología, el ejército y la economía más avanzada del mundo, también tenemos la más avanzada oligarquía. En un sistema político primitivo, el poder se transmite mediante la violencia o la amenaza de violencia: los golpes militares, las milicias privadas u otras modalidades. En un sistema menos primitivo y más típico de los mercados emergentes, el poder se transmite por medio del dinero sean los sobornos, las comisiones ilegales y las cuentas bancarias en centros offshore. Aunque ciertamente las contribuciones a las campañas electorales y el lobbysmo juegan un papel principal en el sistema político estadounidense, la corrupción al viejo estilo – con sobres repletos de billetes de cien dólares – es probablemente algo marginal hoy.”

Tras comenzar el ensayo con un detenido análisis comparativo con la oligarquía rusa, el profesor Johnson describe cómo desde hace unos años ha crecido el dominio de la oligarquía financiera sobre la economía y la política. Hasta el punto de mostrarnos una de las más alarmantes verdades sobre los EEUU que ha dejado al descubierto el crac; y es que el sector financiero se ha apoderado realmente del gobierno, una situación típica de los países con mercados emergentes y que está en el centro de muchas de sus crisis.

“Por su profundidad y por su carácter repentino, la crisis financiera y económica recuerda asombrosamente momentos que hemos visto recientemente en mercados emergentes (y solamente en mercados emergentes), como Corea del Sur (1997), Malasia (1998), Rusia y Argentina (una y otra vez”. Y como ha sucedido en esos países, “los intereses de la élite de los negocios – financieros, en el caso de los EEUU – desempeñaron un papel central en la generación de la crisis, haciendo incluso mayores jugadas con el respaldo implícito del gobierno, hasta el inevitable colapso. Más alarmante todavía: están usando ahora su influencia para impedir precisamente el tipo de reformas que se necesitan urgentemente para sacar a la economía de su caída en picado. El gobierno parece impotente, o no está dispuesto, a actuar contra esos intereses.”

Este ensayo del profesor Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, merece una lectura reposada por su solvencia; su traducción al castellano está disponible en www.redjusticiafiscal.org.