Parece mentira, pero el ministro de exteriores de Uganda, donde se condenan con 14 años de cárcel los actos homosexuales y hasta con cadena perpetua la “homosexualidad agravada”, es decir, mantener una relación a lo largo del tiempo, ha sido elegido presidente de la Asamblea General de la ONU durante un año.

¿Cómo es posible que las Naciones Unidas se hayan olvidado que en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice textualmente “que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”?

NO existen excusas ante esta barbaridad. ¿Correspondía a los países africanos ocupar el puesto? Muy bien, pero a alguien que respete la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y si no lo entienden estos países, y otros se lo permite por intereses, se les dice que no. ¡¡NO!! Porque si es una vergüenza que se atrevan a plantear esa candidatura, más lo es que el resto de países, que forman parte de la organización, no se hayan pronunciado públicamente en contra del ministro de exteriores ugandés y además lo consientan. ¿Qué ha hecho el Gobierno de España? ¿Silencio cómplice? ¿Silencio sonoro? ¿Y la Unión Europea?

Se vuelve a mercadear con los derechos humanos. Por si los Estados no lo saben, la Asamblea General es el órgano dentro de las Naciones Unidas que se encarga de supervisar el trabajo que realiza, entre otros, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¿Cómo va a presidir y supervisar quién no cumple la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Qué va a hacer ahora Naciones Unidas cuando han criticado duramente la ley de discriminación contra los homosexuales de Uganda? ¿Se va a prohibir la homosexualidad o las minifaldas como en Uganda? ¿Va Naciones Unidas a considerar la homosexualidad un delito?

Hay que corregir este desatino si Naciones Unidas pretende conservar una credibilidad ya de por sí muy dañada. El orden internacional está cambiando, y, con él, el papel de los Estados, que están perdiendo poder y funciones anteuna mayor internacionalización de las actividades. En este escenario, es fundamental que Naciones Unidas se adapte a los cambios que se están produciendo y tenga más legitimidad y autoridad para poder cumplir eficazmente su papel impulsor de la paz y del desarrollo compartido, en un orden mundial multilateral.

Para conseguirlo, necesita reformar sus principales órganos, simplificar sus actividades y clarificar las funciones de cada agencia. En consecuencia, es preciso fortalecer las funciones y las capacidades de Naciones Unidas para mejorar su rendimiento, responder con eficacia y cumplir los propósitos y principios que figuran en su Carta constitutiva. Y esto pasa también por no consentir, y llegado el momento, impedir nombramientos como el del presidente de la Asamblea General que se acaba de realizar.

El equilibrio entre mercado y Estado, entre capitalismo y democracia se ha roto en las últimas décadas, por lo que parece adecuado restablecerlo. Como el capitalismo se ha globalizado, es necesario construir estructuras democráticas globales, globalizar la democracia. Garantizar a todos los seres humanos los derechos que permiten llevar adelante una vida libre y, a poder ser, feliz. Naciones Unidas tiene que ser el actor principal, pero así no.