Y la plasmación de este modelo no se ha hecho esperar. A los pocos días de ser elegido solicitó una reunión al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. En ella, los líderes de los principales partidos del arco parlamentario llegaron a la conclusión, tras el ofrecimiento por parte de Rubalcaba, de una necesidad de acuerdo en varias materias: política económica comunitaria ante la crisis (reclamación de una prórroga en los compromisos de déficit), la reforma financiera y la política exterior, en Defensa y en la gestión del final de ETA. Extendió su compromiso a la renovación institucional pendiente en el Tribunal Constitucional, en RTVE, en el Tribunal de Cuentas y en el Defensor del Pueblo.

Hay que remontarse al año 2000, tras la elección de José Luis Rodríguez Zapatero como Secretario General, para encontrarnos un modelo de oposición igual. Esta actitud fue la que legitimó al Partido Socialista tras unos malos resultados que dio con la dimisión de Joaquín Almunia la misma noche electoral.

Los ciudadanos demandan soluciones a la crisis. Están hartos de la demagogia de los partidos, de los circos mediáticos, de la confrontación política, del interés meramente partidista y de la mentira. Los más de cinco millones de parados reclaman una salida rápida y justa de la crisis. Por eso, para ganar credibilidad, el Partido Socialista debe medir muy bien dónde se encuentran las líneas rojas que no deben superar en su modelo de oposición.

De momento, ese límite lo ha marcado Rubalcaba en la defensa del Estado del Bienestar, posicionándose radicalmente en contra de la reforma laboral, que parece haber sido redactada por la CEOE y elaborada casi sin diálogo social. Además, el PP ha comenzado mal para mantener su credibilidad. Ha empezado la legislatura como terminó la de José María Aznar. Mintió en campaña electoral y ha demostrado que tenía un programa oculto. Dijo que nunca subiría los impuestos y lo ha hecho. Denunció hasta la extenuidad la congelación de las pensiones y ahora sus medidas han provocado que los pensionistas ganen menos. Utilizó el terrorismo como arma electoral y ahora ha cambiado de posición frente a lo dicho en su momento. Criticó la reforma laboral de Zapatero y ha realizado otra más dura. Además, ahora se sospecha de que también están mintiendo con el déficit para justificar sus recortes.

Por tanto, parece bueno el camino emprendido por el PSOE. No es tiempo de errores ni equivocaciones. Si Rubalcaba consigue hilar tan fino como hasta el momento, la credibilidad del PSOE crecerá. Sin lugar a dudas. Los antecedentes de la campaña electoral le sitúan en buen lugar. Es conocida su afición por el atletismo. Parece que sigue en forma para afrontar esta carrera de fondo que, quizás, y a pesar de su trayectoria, sea la más importante de su vida.