Sigo mi reflexión a falta de noticias –los regímenes informativos me gustan tan poco como los otros—y se me despierta un cosquilleo de indignación al caer en la cuenta de que me da la sensación de que nos toman por tontos. Siento la expresión y espero no ofender a nadie, pero no encuentro más explicación que la de la minusvaloración de nuestras capacidades (tal vez por la falta de capacidad de los que están al otro lado y manejan la agenda informativa). Sólo así se entiende que, mientras el Gobierno habla de compromisos y recuperaciones, se evita dar explicaciones de lo que va a hacer según esos Presupuestos Generales. Unos presupuestos cuyos ingresos salen del bolsillo de todos los ciudadanos cuando compramos una barra de pan, una caja de analgésicos o los pañales de nuestros hijos; cuando vamos al cine o a un restaurante; cuando nos retienen de nuestra nómina o nuestras facturas un porcentaje, o cuando ajustamos con el fisco cuentas al final de cada ejercicio… Es decir, de todos los ciudadanos que pagamos, directa o indirectamente, nuestros impuestos al Estado. Dicho lo cual, entiendo que, cuando tú das tu dinero a algo, quieres saber a dónde va… más en estas épocas en las que ganar un euro se ha convertido para algunos en un reto casi de supervivencia. Imaginar lo contrario es absurdo, más cuando estamos ante una sociedad herida de desigualdad, que espera que el esfuerzo y el sacrificio soportado sobre sus espaldas en los años de dura recesión que venimos arrastrando, empiece a ver frutos en sus bolsillos y sus neveras (que hay gente que pasa hambre para llegar a fin de mes).

Pero no será este año. Si el 2015 es el año de la “consolidación de la recuperación económica”, su protagonista principal es –una vez más—la austeridad. Según Montoro ese es el camino para controlar un déficit que se le escapa al Gobierno año tras año y para cuya explicación se le terminan las excusas (hablar de la “herencia recibida” deja de resultar creíble después de casi cuatro años). El Ministro lo tiene claro y corta y recorta para cuadrar unos números donde algo más de 10 céntimos de cada euro que se ingresa, se destina a pagar intereses que se deben. Unos intereses que han crecido en 12.000 millones de euros en estos 4 años, superando la deuda pública el 100% del PIB. Una deuda que, por cierto, la pagamos todos, mientras que algunos de los que las generaron nos cobran comisiones al resto o se quedan con nuestras casas (vaya por delante que este trabalenguas es una simplificación más gráfica que literal). Sea como fuere, los Presupuestos nos dicen que la única vía para conseguir lo que no se tiene pasa por “ajustar” los más de 13.000millones de euros con los que no se contaba y para ello hay que minimizar el gasto público.

La pregunta es: ¿cómo se minimiza lo que ya es mínimo?. Pues el Gobierno ha decido que se hace bajando, por ejemplo, la cuantía destinada a prestaciones por desempleo y reduciendo el gasto destinado a Garantía Salarial (de donde cobran los trabajadores que se van a la calle sin indemnización). A cambio sube el dinero a los partidos políticos (más de 87%, que estamos en año electoral) y la partida destinada a la Iglesia.

¿Qué significa esto más allá de números y partidas? ¿Qué se esconde detrás de estos Presupuestos? ¿Qué omiten los Medios? Pues algo sencillo de entender pero políticamente incorrecto. Pues si tenemos en cuenta que la política fiscal de nuestro país se sostiene en los Presupuestos Generales del Estado y que estos, lejos de garantizar una redistribución de la riqueza, recorta ayudas y prestaciones, lo que no hemos leído en los periódicos es que se incrementa la injusticia social, y que la economía vuelve a no dar respuestas eficientes a las necesidades de los ciudadanos. Romper con todo ello, revolucionar lo conocido y atreverse a poner voz a quienes viven bajo el engaño, pensando que son lo que no les dejan ser –clase media trabajadora —y siendo lo que otros quieren que parezca – siempre según los intereses del momento— que sean. Ese es el gran reto que han de afrontar quienes realmente aspiren a llegar al poder. Necesitamos líderes que busquen un crecimiento sostenible con salarios dignos y decentes, donde los derechos no sean un epígrafe olvidado en los libros de historia sino las bases de una sociedad democrática en política pero también en economía. Una sociedad donde los ciudadanos no pasen miseria y la clase media no sea una especie a extinguir. Desgraciadamente estos Presupuestos no parecen el camino para lograrlo.