Amor, deseo y salvación. «La piel que habito» es Pedro, y lo es, aunque algunos lo nieguen más que nunca. En lo estético, ese rojo pasión que acompaña en diversas formas, en lo narrativo con flashback y ensoñaciones, relatos dentro del relato: diégesis pura que muestra a un director más cinematográfico, más consciente de la imagen, y más poseído por su cine (incluso se atreve con homenajes propios a sus películas) que no pierde un ápice su mundo de personajes sino que los enmascara a través de la apariencia sin pararse en monólogos sino en acciones.

Actuaciones a ras del silencio, de voyeur puro, personajes construidos a golpe de bisturí con el dolor y la redención como marca, actores, casi todos, exceptuando la aparición del hermano del director ( un toque muy manchego por otro lado) , que no brillan sino que son torbellinos en mitad del mar, sin tocar tierra se nota su fuerza contenida. Una actuación minimalista, lo más complicado para un actor, y casi siempre soberbia.

Quizás echemos de menos un arrebato de genialidad, un punto de recuerdo de emoción total que nos sumerja en la ficción para no volver a la realidad por un tiempo, sin embargo nos encontramos con una discreción y un tempo de madurez no visto antes. Almodóvar va creándose a sí mismo y acercándose cada vez más al cine de imagen

Su necesidad de salvar a los personajes, de alejarlos de la muerte lleva a una rendición de estos, la culpa desaparece cuando existe la comprensión y la compasión. Personajes detrás de su verdad, como un director detrás de la cámara, ahora más sobrio, más tranquilo y más austero, sin tanta necesidad de abordar y más de contar. Almodóvar se quita el disfraz y aunque no nos enseñe su cara nos ilumina una historia sin mostrar nada de sangre pero mostrando todo el dolor, con una fotografía exquisita, con la luz y la oscuridad necesarias, con los colores y gestos encerrados tras antifaces que en un momento desaparecen para mostrarnos como son en cuerpo y alma. Y aquí comienza el principal tema de la película: la identidad. ¿Quién la otorga? ¿Podemos ser otro? ¿Qué hay detrás del dolor de una máscara?

Se echa de menos alguna respuesta, pero sin duda están todas las preguntas.

Almodóvar intentando salvarse él nos salva a todos.