Si el artículo dos de la Convención plantea que “Todos los derechos deben ser aplicados a todos los niños, sin excepción alguna, y es obligación del Estado tomar las medidas necesarias para protegerle de toda forma de discriminación”, el artículo 3 sostiene que “Todas las medidas respecto del niño deben estar basadas en la consideración de su interés superior. Corresponde al Estado asegurar una adecuada protección y cuidado, cuando los padres y madres, u otras personas responsables, no tienen capacidad para hacerlo” y el artículo 27establece que “Todo niño tiene derecho a beneficiarse de un nivel de vida adecuado para su desarrollo y es responsabilidad primordial de padres y madres proporcionárselo. Es obligación del Estado adaptar medidas apropiadas para que dicha responsabilidad pueda ser asumida y que lo sea de hecho, si es necesario, mediante el pago de la pensión alimenticia”. ¿Se están respetando sus derechos en el mundo más desarrollado?, ¿cuál es su situación en España?

Los datos no dejan lugar a dudas, los pequeños están siendo los más perjudicados por la actual crisis económica en la OCDE y la Unión Europea. Según se recoge en el reciente informe de UNICEF Los niños de la recesión 76,5 millones vivían por debajo del umbral de la pobreza en 2012, dos millones y medio más que en 2008.Se confirma que en los países con sistemas de protección social más consolidados y en los que se han ido adoptando medidas de protección a la infancia se hafrenado y reducido, en el periodo de referencia, la pobreza infantil. Encabezan esta mejoría Chile (-8,67), Polonia (-7,90), Australia (-6,27), República Eslovaca (-5,60) y Suiza (-4,80) y ostentan el mayor empeoramientoIrlanda (+10,60), Croacia (+11,80), Letonia (+14,60), Grecia (+17,50) e Islandia (+20,40).

En España el incremento ha sido de 8,1 puntos en cuatro años, lo cual se traduce en un 36,3% de los menores, en particular en 2,7 millones, problemática estrechamente relacionada con la baja inversión pública dedicada a las familias con hijos (el 1,4% del PIB frente al 2,3% de la media de la eurozona). Las soluciones vendrían de la mano de la reducción de las tasas de paro (24% de la población), con la creación de empleos dignos y de calidad para sus padres/madres (los sueldos han experimentado una bajada media de un 2% anual desde 2008), debiéndose, asimismo, articular mecanismos de protección social en función del tipo de familias en las que éstos viven. No en vano el riesgo de pobreza infantil es de mayor alcance cuando se trata de familias monoparentales, numerosas o de inmigrantes.

Una dimensión vinculada a la anterior, que en el caso de los infantes es especialmente alarmante, tal como revela la Encuesta Mundial de Gallup, no es otra que la constatación del aumento del porcentaje de personas que en la OCDE y la Unión Europea afirman no disponer de dinero suficiente para adquirir alimentos para ellos y sus familias (recuerden los casos de los “bocadillos mágicos”, ilustrados con pan con pan que algunas madres españolas preparaban a sus hijos) y/o la de aquellos que sufren privaciones materiales graves, como vivir en familias que no pueden pagar la hipoteca, mantener una temperatura adecuada en invierno, afrontar gastos inesperados o comer proteínas regularmente. En 2012 había 11,1 millones de niños que sufrían este tipo de carencias, 1,6 millones más que en 2008, ocupando España, Grecia y Reino Unido los primeros puestos.

La investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias sociales de la UNED En los bordes de la pobreza. Familias vulnerables en contextos de crisis, realizada en los años 2011-2012 y cuyos resultados fueron recogidos en un libro que lleva el mismo título, analiza en sus diversos matices las circunstancias vivenciales de las familias españolas que, sin entrar en las estadísticas oficiales de la población pobre, se desenvuelven bajo parámetros de extrema vulnerabilidad social.

Si se cruzan los datos de pobreza en estos países con el aumento de las privaciones materiales de las familias, se constata un aumento sustancial del número de menores que se encuentran en la vivencia de ambas circunstancias, en su mayor parte en los del sur de Europa, que a instancias de Bruselas se han visto en la obligación de realizar ajustes fiscales y en las prestaciones sociales que han disparado la pobreza y la exclusión para sectores cada vez más amplios de la población. Y nuestros críos, como planteábamos al comienzo de este texto, se están llevando la peor parte.

Mientras, el sufrimiento de estas familias y sus hijos indigna y rebela a todo ciudadano de bien que constate tanta injusticia y desafuero, también indigna, pero por otras razones que, según el informe de Oxfam Intermón, hecho público el pasado 30 de octubre, en el último año las 85 personas más ricas del mundo hayan logrado beneficios de cerca de medio millón de dólares por minuto. Calculen ustedes lo que han ganado en el breve espacio de tiempo que les ha llevado leer este texto. Y también produce un profundo malestar en lo que a España se refiere que el 1% de los más ricos posean tanto como el 70% de los españoles (menos de medio millón de personas frente a 32,5 millones de ciudadanos).

Verbalizar tanta injusticia, tropelía e irracionalidad de un mundo al revés no creo sea posible en toda su envergadura, siempre faltarían palabras, a pesar de que solamente éstas puedan expresar lo que llevamos en nuestro interior, nuestros ideales de paz, de equidad y de humanidad. Ya es hora de dar un giro a este paradójico y cruel mundo de intereses y codicias desmedidas, que desprecian al ser humano y tratan de reducirlo a la nada. Y los poderosos del planeta, aunque solo sea por su propio interés, deberían tomar buena nota, y no lo dice la autora de estas líneas, sino grandes sabios de nuestros días.