Así, recordaba que, en 1977, con una gran oferta de partidos y diversidad de siglas, la derecha dura, Alianza Popular (AP), cosechó el primero de consecutivos fracasos, hasta años después de su refundación manejada por su líder natural, Fraga. El cual, en dicha operación, señaló a Aznar como número uno de aquel mismo partido ya con nombre cambiado, PP, y con algunas sucesivas incorporaciones ideológicamente más templadas. De manera que, con la desaparición de UCD tras su debacle electoral de 1982 y la impresionante victoria del PSOE, y tras el pequeño paréntesis del CDS, la derecha española no nacionalista quedó prácticamente unida, desde la más dura hasta la más moderada.

Y en las elecciones habidas entre 1996 y 2000, parece que, muchos de los votantes del denominado centro, en general entendieron que el PP era un partido más moderado que la antigua AP, y le votaron. Y parece que, a su vez, los electores de derecha-derecha, varios millones por cierto, apoyaron asimismo al PP para evitar un posible triunfo del PSOE.

Pero, desde el año 2000, el PP inició un repliegue conservador que, sobre todo en los últimos cuatro años, viene presentando en general una propensión, no ya al regreso a la Alianza Popular de Fraga y compañía, sino a una ubicación política todavía más conservadora. Con muchos de sus notables detrás (verbigracia, Aznar, Aceves, Aguirre, Álvarez Cascos, Mayor Oreja, San Gil, el telefónico Zaplana…, entre otros, así como hasta hace un par de meses el propio Rajoy), con ganas de continuar con una derecha dura en la línea de la crispación que, entienden, ha sido rentable pero que debe intensificarse aún más. Una línea esta que, como es sabido, hoy por hoy es de las más conservadoras del arco parlamentario europeo. Y cómo será esta dureza, para que el propio Fraga les esté pasando por la “izquierda”…

De manera que, estos numerosos notables habitantes en la derecha extrema del PP (seguidos, no ha de ignorarse esto, por una parte muy importante de su militancia y de sus electores), parecen confirmarse en la estrategia del gota a gota: aparecer todas las semanas en los medios con algún disidente de la operación centro (¿pero no decían todos desde el PP que ya estaban en el mentado centro?), intentando minar la moral de Rajoy por ver si éste cede, abandona su iniciada ruptura -con cuatro años de retraso- y se echa en brazos de ellos.

Y esto tiene, a mi modo de ver, un nudo gordiano: si Rajoy resiste esas presiones (que en política suele ser sinónimo de ganar), entonces podrá efectivamente crear, poco a poco, un nuevo partido conservador de centro-derecha homologable con las grandes formaciones liberal-conservadoras del mundo desarrollado. Y esto, a la postre, será bueno no ya para el PP, sino para España, para Europa y para el mundo…