Los grandes principios que se proclaman desde la oposición suelen transformarse en seguidismo y matización escasa cuando la izquierda accede al poder. Así ha ocurrido con el presidente francés, por ejemplo, que a pesar de un prometedor impulso de inicio ha acabado sucumbiendo bajo el peso de la ortodoxia austericida. En consecuencia, Hollande se ha convertido en el presidente que más rápidamente ha dilapidado su popularidad. Y lo peor es que no ha dejado huérfanos solo a buena parte de sus seguidores domésticos. La “referencia francesa” se ha desdibujado para el conjunto de la izquierda europea.

Cierto es que también hay argumentos para quienes prefieren ver la botella medio llena. El Gobierno galo ha adoptado algunas decisiones relevantes y valientes, en el ámbito fiscal sobre todo. Y muy probablemente sin su presencia en el Consejo Europeo la tasa Tobin tendría una aplicación efectiva aún más lenta. Desde luego merece señalarse el trabajo que están haciendo los Gobiernos socialistas en Andalucía, en Asturias, y hasta hace poco en Euskadi, además de cientos de Ayuntamientos progresistas, con decisiones coherentes y avanzadas en materia de estímulos al crecimiento, de promoción del empleo, de cobertura social, de lucha contra la pobreza… El decreto andaluz para expropiar las viviendas a desahuciar ha sido un aldabonazo decisivo. Pero, con todo esto, hemos de ser conscientes de que la botella está aún lejos de saciar la sed de quienes buscan en la izquierda una alternativa creíble y confiable en el campo de los modelos económicos, más allá del previsible barniz social.

Por tal razón resulta de agradecer cuanta iniciativa surge con un planteamiento mínimamente original. La predistribución no es una doctrina nueva, ni mucho menos, pero merece una atención singular la presentación que están haciendo ahora algunos académicos, como el norteamericano Hacker, y ciertos líderes progresistas, como el británico Milliband, especialmente en un contexto de crisis grave y en el marco de la hegemonía del pensamiento económico más conservador. Se trata de enfatizar el objetivo de combatir las desigualdades y establecer nuevos caminos para alcanzar tal objetivo. Hasta ahora la izquierda subrayaba los esfuerzos de redistribución del Estado para hacer frente a las inequidades que provoca el funcionamiento de los mercados. Los mercados generan desigualdad, el Estado cobra impuestos y redistribuye los recursos comunes. Los “predistribuidores” plantean mantener el vector redistribuidor, pero incorporando una nueva estrategia para aminorar de inicio las consecuencias más desigualitarias del mercado.

¿Por qué llegan a esta conclusión? Porque, a su juicio, las desigualdades de inicio son tan importantes y aumentan a un ritmo tan acelerado, que por mucha voluntad y por mucha capacidad que plantee el Estado en sus políticas paliativas, la brecha no parará de crecer. ¿Y en qué consisten estas alternativas predistribuidoras? Hablan de intensificar la mejora de la educación, de la lucha contra la exclusión social, de regular sistemas de precios, de elevar los salarios mínimos, de ampliar derechos laborales, de incrementar el papel sindical en las empresas… Establezcamos nuevas reglas en los mercados para que los mercados no generen desigualdades tan extraordinarias que ni las políticas sociales más voluntaristas puedan corregir con eficacia.

Insisto, no es nuevo, porque en el programa original de la izquierda no figuró nunca la adoración de los mercados, ni la timidez ante su regulación necesaria. Conlleva riesgos, porque puede inducir a una relajación de las responsabilidades redistribuidoras del Estado que, hoy por hoy, y a pesar de las troikas y los ajustes, siguen sosteniendo un Estado de Bienestar minimizado. Y aún no ha encontrado una formulación suficientemente motivadora.

Las prevenciones nunca son suficientes, porque detrás de otros ensayos de “renovación ideológica” han tratado de camuflarse intenciones aviesas y mucho contrabando inasumible. También vino de la Gran Bretaña aquella trampa de la “tercera vía”, que resultó ser un remedo de la vía tradicional de la derecha.

Pero es una idea, y no andamos muy sobrados de ideas. Vamos a estudiar sus posibilidades.