Esa sensación de duda se manifiesta en la forma en que se expresan las ideas. Nos hemos acostumbrado a escuchar a muchos dirigentes políticos expresarse de modo muy poco fluido, utilizando latiguillos del lenguaje y haciendo circunloquios para expresar de la manera más rimbombante posible los eslóganes “de jornada” que han diseñado los expertos de su partido.

Hasta que un día, escuchando en la radio del coche a uno de esos políticos cómo balbucea la lección poco aprendida del día, es interrumpido por la voz de la locutora del GPS que, de manera clara, concisa, firme y amable, te indica, sin ningún atisbo de duda hacia dónde debes girar para llegar a donde quieres ir.

Es entonces cuando aprecia lo que es un líder (del inglés to lead, dirigir). Ese contraste entre el supuesto líder político y la “lider” que le está dirigiendo en su ruta, puede ser demoledor para la consideración que le merece el dirigente interrumpido.

Pero, si llega a tener una experiencia de ese tipo, debe “contextualizar” el hecho: en primer lugar, porque la locutora del GPS ha sido seleccionada, precisamente, en virtud de sus cualidades para expresarse por medio de la palabra hablada, circunstancia que la ha hecho merecedora de que se grabara su voz en la máquina.

Pero, sobre todo, porque la locutora del GPS “sabe” donde tiene que ir, circunstancia fundamental a la hora de dirigir a alguien a cualquier sitio y que no siempre se da en la clase política.

También es mas sencillo el trabajo de la locutora del GPS ya que la meta a la que debe llegar está elegida entre un número de posibilidades, amplísimo pero conocido, de destinos posibles, mientras que muchos “destinos” que se señalan en la vida social son inescrutables a los que, lógicamente, no resulta fácil llegar y, mucho menos, explicar como se llega.

Y, respecto del talante, pocos políticos pueden competir con la locutora del GPS: prueben a incumplir sus recomendaciones y comprobarán con qué flexibilidad y ausencia de irritación vuelve a darles nuevas indicaciones para liderarles por la ruta correcta sin que les reproche el haberla desobedecido.

Por eso, creo que constituiría una prueba significativa en las escuelas de líderes políticos el someterse a una interrupción de su alocución por la locutora de un GPS. A ver cuántos líderes superarían la prueba.