Hace tiempo que el Gobierno madrileño ejerce como paradigma del populismo más simple (y eficaz) en el panorama político español. Y el populismo consiste en sustituir el interés general por el afán de popularidad instantánea en la motivación del quehacer político cotidiano. De ahí el descubrimiento de la naturaleza “cultural” de la fiesta de los toros precisamente cuando se debate sobre su prohibición en el Parlamento catalán, y de ahí los discursos sobre esa peculiar cadena perpetua “revisable”, por ejemplo.

Como todo vale en la táctica populista, en ocasiones se cae en la incoherencia más absoluta. Y no cabe más incoherencia en la actitud de quien pretende levantar la bandera de las bajadas de impuestos cuando bajo su gobierno en Madrid se ha practicado el “centimazo” (el célebre impuesto sobre las gasolinas de la Comunidad) o el “basurazo” (el muy contestado impuesto sobre las basuras en el Ayuntamiento).

Pero con esta “rebelión” han sobrepasado la frontera de la gracieta incoherente para llamar la atención y dejar en evidencia a Rajoy (una vez más). Llamar a la “rebelión contra el IVA” supone incitar al fraude fiscal. Cuando los madrileños escuchan a sus gobernantes discursos de “rebelión” fiscal están encontrando nuevas legitimidades para la práctica del “¿Con IVA o sin IVA?”. Y esto ya no es populismo zafio. Esto es una irresponsabilidad.

Y además es un grave error, porque la subida moderada del IVA que han decidido las Cortes Generales en la Ley de Presupuestos responde a un problema con solución pendiente: el problema del déficit público disparado. Si todos coincidimos en que no pueden mantenerse porcentajes de déficit de dos dígitos, solo hay dos estrategias posibles: o rebajamos gastos o incrementamos ingresos. Es imposible producir rebajas sensibles de gasto público sin sacrificar inversión productiva o prestaciones sociales. ¿Qué proponen, pues, los de la “rebelión”? ¿Renunciamos a crear empleo con la obra pública? ¿Recortamos los derechos sociales de los ciudadanos? ¿No será más razonable respaldar al Gobierno en un incremento moderado de un impuesto?

Si este análisis sirve para la coyuntura, pueden aducirse también argumentos para el fondo de la cuestión. Porque los tipos de IVA aplicable en España están por debajo de la media europea. De hecho, los españoles somos junto a Luxemburgo el país que menos recauda en razón de este impuesto. Nuestra presión fiscal alcanzó en 2008 el 30,4% del PIB, casi siete puntos por debajo de la eurozona y más de diez puntos por debajo de países más desarrollados como Alemania. ¿Alguien puede pensar, a pesar de todos los discursos populistas del mundo, que podemos aspirar a una sociedad de primera con impuestos de tercera? ¿Todavía creemos en el vendedor de duros a peseta?

Se han pasado. Y espero que la gente no se lo tome como una salida de tono más. Este camino es un camino peligroso.