Desde hace tiempo la socialdemocracia se encuentra sin un programa económico y social que suponga una alternativa real al liberalismo económico. Esto sucede dentro de la Unión Europea (UE) en donde no existe un proyecto unificado entre las diferentes formaciones nacionales de lo que se quiere que sea el futuro de la integración, como a nivel de las naciones. De hecho, una de las razones que explican esta falta de propuestas es que la socialdemocracia ha sido seducida por las ideas económicas que configuran el pensamiento dominante.

En la UE las diferencias entre los conservadores y los partidos socialistas son mínimas, y hay un consenso entre ambas formaciones en la política económica a poner en práctica. Los conservadores y socialistas se encuentran de acuerdo en la política económica de estabilidad macroeconómica y en las políticas de austeridad. No se cuestionan las bases en las que se asienta la Unión Monetaria, que ha tenido un rotundo fracaso, no solo como consecuencia de la crisis y su agravamiento, sino también porque el euro no ha reportado mejoras en el bienestar ciudadano. Ante un hecho tan evidente no han presentado planes de reforma de la Unión Monetaria.

La socialdemocracia está siendo cómplice de las erróneas políticas económicas llevadas a cabo dentro de la UE y de un orden que se sustenta en una desigualdad creciente, en la hegemonía del capital financiero y en los recortes al Estado del bienestar. Las fracturas que todo esto está generando en la UE son muchas y frente a un enriquecimiento sin precedentes de las élites que representan el 1% de la población se asiste a un estancamiento de las clases medias en su nivel de vida, cuando no a un empeoramiento, que sí que afecta cada vez más a las clases con ingresos más bajos. La exclusión social crece en la UE, y el desempleo y el trabajo precario alcanzan niveles que no son aceptables en un área económicamente rica.

La debilidad de la socialdemocracia se ha puesto de manifiesto en la aceptación por parte de gobiernos de este perfil ideológico de las medidas impuestas por Alemania, como es el caso tan significativo de Francia, la derrota electoral sufrida en el Reino Unido, y en general el retroceso de apoyo social que está sufriendo en casi todos los países, aunque siempre hay excepciones. La UE se asienta básicamente en un bipartidismo, liderado por los conservadores, en el que el fin principal es preservar el orden existente y establecer e imponer lo que se acepta como políticas económicas adecuadas.

La posición de la socialdemocracia con la cuestión griega, independientemente del juicio que nos pueda merecer Syriza y de los errores cometidos, ha sido lamentable. Los partidos socialistas han estado más preocupados por criticar a un partido de izquierdas y de poner de manifiesto que fuera de la austeridad no hay solución, que ofrecer puentes de diálogo con mayor firmeza que la que ha hecho Hollande. Lo que está en juego es mucho, como es el sufrimiento del pueblo griego, causado por políticos anteriores y no por Syriza, así como el hecho de que ahogando al partido gobernante, e imposibilitando una salida, se esté abriendo la puerta a la extrema derecha.

Otra posición que me parece impropia de los partidos socialistas es la defensa, aunque haya habido matices, del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Las condiciones del Tratado han sido puestas en cuestión por Krugman y Stiglitz, y desde una posición más crítica por John Hilary y Susan George. La conclusión a lo que se puede llegar es que un Tratado de esta naturaleza concede más poder a las multinacionales, y supone una agresión a los derechos de los trabajadores y al medio ambiente. En suma, es una vuelta de tuerca más a favor de un sistema de economía global que tiene los rasgos que hemos señalado.

Las razones de esta pérdida de identidad son muchas, pero de lo que hay que huir es de hacer análisis atribuyendo los males a los dirigentes socialistas, sino que en parte vienen dados por los cambios y mutaciones que está sufriendo la economía mundial, y ante los que la socialdemocracia no ha sabido reaccionar. Un buen análisis desde el punto de vista económico es el realizado por José V. Sevilla El declive de la socialdemocracia (RBA, 2011). Si se tiene un diagnóstico adecuado es posible proponer remedios. La tarea no es sencilla ni mucho menos, pero cada vez hay más análisis económicos discrepantes del pensamiento dominante y propuestas diferentes a las que se están dando. No son respuestas utópicas sino posibles, que deben ser asumidas por los socialdemócratas. En un mundo tan desarticulado otras políticas económicas deben ser deseables y factibles.