“State of Play” es el título original de esta película, que en España siguiendo una larga y penosa costumbre se lo han cambiado.

Dirigida por Kevin MacDonald (“El último rey de Escocia”), la película adapta una miniserie de televisión de la BBC que gira en torno a la investigación de un asesinato.

El guión, que firman Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy y Billy Ray, concentra los seis capítulos de la serie dándole al film una gran intensidad narrativa. La trama no por ser muy conocida deja de ser atractiva, repleta de acontecimientos inteligentemente dosificados. Son muchas las cosas que ocurren, a gran velocidad pero bien ensambladas. El tratamiento de los personajes está a la altura de las intrigas políticas que se investigan. Tiene un montaje magnífico que le confiere un ritmo trepidante, con planos cenitales de bella composición. La dirección de actores es buena y entre los méritos del director también se puede mencionar la capacidad para crear tensión en más de una ocasión.

Russell Crowe, Ben Affleck, Helen Mirren, Jason Bateman, Rachel McAdams, Jeff Daniels y Robin Wright Penn son los principales integrantes de un reparto de lujo, es una razón suficiente, pero no la única para ver esta película.

La historia cuenta cómo Cal McAffrey (Russell Crowe), un periodista de la vieja escuela, que trabaja para un diario en crisis, cubre la noticia de un extraño tiroteo en el que ha muerto un ladronzuelo de bolsos y ha quedado en coma un repartidor de pizzas. Della Frye (Rachel McAdams), una joven encargada del blog del Capitolio, en la sección digital de la publicación, da cobertura a un posible escándalo: el congresista Stephen Collins (Ben Affleck), casado, ha llorado ante las cámaras tras la muerte de una de sus ayudantes, por lo que todo el país sospecha que haya habido adulterio. Della le pregunta a Cal qué sabe del asunto, ya que Collins y él fueron compañeros de habitación en la Universidad.

Si hasta ahora, el apuesto e imperturbable congresista Stephen Collins representaba el futuro de su partido y como presidente del comité que supervisa los gastos de Defensa proyectaba su imagen de intachable ciudadano, estos acontecimientos truncan sus maravillosas expectativas.

Cal McCaffrey con su olfato se pone a desenmarañar estos misteriosos asesinatos descubriendo una verdad incuestionable: cuando miles de millones están en juego, la integridad, el amor y la vida de cualquiera están en peligro. Los intereses de las grandes corporaciones mueven muchas voluntades, condicionan otras y truncan algunas.

El argumento es de una gran actualidad, por su similitud con acontecimientos recientes y sobre todo como advertencia de los peligros que comportan procedimientos que se están ofreciendo como soluciones a los problemas que nos afectan.

El desmantelamiento del Estado, incluso de los servicios que los padres del liberalismo atribuían al Estado, como la seguridad del mismo y de sus ciudadanos, ya se ha empezado a poner en manos privadas, dejándonos en manos de grandes corporaciones anónimas en lo más esencial de nuestras vidas; libertad, seguridad, sanidad, etc. Por lo que toda llamada a acabar con esta dinámica o avisarnos de sus peligros, bienvenida sea.