Hace veinte años, en la capital de la Alemania dividida derribamos el muro del dogmatismo comunista: todo Estado y cero mercado, con el sacrificio de la libertad. Y, quizás, el pasado sábado en un pequeño municipio británico abrimos la primera grieta en el muro del dogma del capitalismo global: todo mercado y cero intervención pública, con el sacrificio de la igualdad.

El pico con el que resquebrajar el muro apareció en las manos más insospechadas. El honor fue para Gordon Brown, el líder del Partido Laborista que en su momento enarboló la Tercera Vía, como fórmula de legitimación del capitalismo descarnado a los ojos de los progresistas de todo el mundo. El mismo líder laborista que ahora necesita movilizar a su electorado de izquierdas para frenar el ascenso imparable de su rival, el conservador Cameron.

Para sorpresa general, Brown propuso a los representantes de las principales potencias económicas del mundo “un nuevo contrato económico y social para reflejar la responsabilidad de las instituciones financieras ante la sociedad”, y habló más concretamente de “tasar las transacciones financieras globales”. Es decir, el Primer Ministro de la capital financiera de Europa resucitó en toda regla el debate sobre la Tasa Tobin. Este hecho hubiera resultado impensable con anterioridad al estallido de la crisis que ha puesto en cuestión la viabilidad de la arquitectura financiera internacional vigente.

La propuesta se planteó en el marco del debate sobre las estrategias a desarrollar frente a los “riesgos sistémicos” del mercado financiero. Se trataba de prevenir nuevas burbujas cuyo estallido pudiera volver a llevarse por delante el equilibrio de la economía global, además de millones de puestos de trabajo. Hubo más alternativas: un seguro obligatorio frente a estos riesgos, un fondo de resolución de carácter internacional (a la manera de nuestro Fondo de Garantía de Depósitos)… Pero la contribución más original y valiente fue la del propio anfitrión. Y aunque la reacción fue algo fría, por primera vez en la historia de este tipo de reuniones nadie se negó a considerar la idea. Ni tan siquiera el director del FMI. Strauss-Kahn se limitó a señalar las dificultades y a solicitar que se hablara de “tasa FMI” en lugar de “tasa Tobin”. Extraordinario.

La nueva tasa global sobre las transacciones financieras internacionales contribuiría decisivamente a alcanzar dos grandes objetivos. En primer lugar, al penalizar las operaciones financieras más arriesgadas ayudaría a prevenir futuros “cracks” como los sufridos a consecuencia de las hipotecas-basura o los fondos de alto riesgo. En segundo lugar, los recursos recaudados podrían financiar tanto el fondo de garantía que reclaman los ministros económicos, como grandes objetivos de carácter internacional bajo supervisión de Naciones Unidas: la lucha contra el hambre y el analfabetismo, la preservación del medio ambiente…

La aplicación de esta tasa no puede ser inmediata y necesariamente estará sujeta a condiciones estrictas de globalidad, de progresividad, de mesura, de prudencia… Pero la izquierda debe aprovechar esta pequeña grieta en el muro para agitar las conciencias anestesiadas por la propaganda liberal, para recuperar la iniciativa largo tiempo perdida, y para mover el ánimo de unos electores algo desorientados por la capacidad de liderazgo que muestran país a país precisamente los representantes de la ideología que nos ha llevado al desastre de la crisis. Ahora o nunca.

Justamente durante la preparación de la cumbre de Saint Andrews se dieron a conocer los últimos datos sobre el hambre en el mundo, que alcanza ya a más de mil millones de seres humanos. Basta este dato espeluznante para justificar una iniciativa que además supondría un avance fenomenal en la consecución de una auténtica gobernanza global, un orden económico internacional más justo y una regulación de los mercados globales que, además de la eficiencia en el beneficio empresarial, busque el equilibrio, la solidaridad y la equidad.

¿Por qué confiar tan solo en los agobios electorales de Brown? ¿Por qué no somos los socialistas españoles los que nos ponemos al frente?