Por lo demás, escasas referencias a Oriente Medio, un tema clásico en la agenda electoral. Si acaso, palabras de solidaridad con Israel ante la supuesta amenaza nuclear iraní (carentes de ardor, en el caso demócrata; puramente electoralistas, por parte de los republicanos). Tibias referencias a la guerra en Siria; prácticamente, ni una palabra sobre el dossier palestino; vaguedades sobre la ‘primavera árabe’; y declaraciones sincopadas sobre el terrorismo internacional (más retrospectivas que prospectivas).

Este tono anunciaba lo que se suponía iba a ser la recta final de la campaña: repliegue hacia dentro y miradas hacia fuera solo para reforzar la preocupación central y casi obsesiva. Salvo claro está que ‘ocurriera algo’ en el mundo, la llamada ‘sorpresa de Octubre’, un hecho inesperado con capacidad para agitar violentamente, o incluso voltear, la tendencia.

Esta semana, la difusión de un video irrespetuoso con el Islam, provocó airadas manifestaciones de protesta ante la embajada estadounidense en El Cairo y un asalto del consulado en Bengasi que causó la muerte del embajador y de otras tres personas de la delegación diplomática norteamericana en Libia. Otros actos más o menos violentos de desagravio han empezado a producirse en otros lugares. El asunto puede desbordarse y reproducirse otra saga similar a la de las caricaturas de Mahoma.

Aunque pudiera tratarse de una operación planificada (aniversario del 11S), los hechos de Bengasi tienen mucho que ver con la falta de control en el país desde el inicio de la rebelión contra el régimen de Gaddafi, la incapacidad del gobierno para someter a las milicias a una autoridad legítima y un supuesto reforzamiento del radicalismo islámico (que las elecciones, empero, no confirmaron). En este sentido, parece oportuno el reciente comentario de Frederic Wehrey en FOREIGN AFFAIRS: «la estrategia de intentar desmantelar las milicias regionales al tiempo que se hace uso de ellas como fuerzas armadas de alquiler podría estar incubando el descenso del país hacia los señoríos de guerra».

ROMNEY SE DISPARA EN EL PIE

Lo racional en estos casos se acerca bastante a lo que ha hecho el Presidente Obama: solidaridad con las víctimas, condena firme de los actos violentos, compromiso de justicia, rechazo de la burla de las creencias y símbolos religiosos y apelación a la calma. Sencillo. De libro. Pero su rival republicano no desaprovecha cualquier oportunidad de demostrar su inquietante inepcia en política exterior. Sus palabras al conocer los hechos de Bengasi fueron tan inadecuadas que su intención electoralista quedó prácticamente aniquilada por su asombrosa torpeza. La comprensión de Obama por el malestar que ha podido generar el video (hasta ahora apócrifo, pero promocionado por un cristiano copto egipcio y defendido por el predicador ultra norteamericano Terry Jones), fue interpretada por el candidato republicano como una ‘petición de excusas’, e incluso como ‘simpatía hacia los atacantes’.

Ya dijo Romney en la Convención que había que desterrar las ‘apologies’ del lenguaje político-diplomático de Estados Unidos. Alentado por los aplausos irreflexivos de su grey, ha considerado que éste era momento propicio para insistir en ello. Obama, comedido pero candidato al fin y al cabo, comentó en un comunicado posterior que «el gobernador Romney tiene la tendencia de disparar primero y apuntar después». Reacción medida, pero punzante.

En realidad, Romney dijo algo todavía peor en ‘su’ Convención: que Estados Unidos no debería pedir permiso para actuar en defensa de sus intereses. Este lenguaje prepotente, que tan lamentables resultados le ha dado a la imagen exterior de Estados Unidos durante la Administración Bush, es un anticipo de lo que podría ocurrir en caso de un triunfo republicano en noviembre. Por supuesto, el aparato burocrático que rodeara al hipotético ‘Presidente Romney’ le disuadiría de las bravuconadas más descaradas, pero es probable que volviéramos a la molestia de estar liderados por un espíritu de ‘sheriff justiciero’.

Fred Kaplan, un analista de seguridad no precisamente ‘paloma’, resalta en SLATE la «escasa comprensión que Romney demuestra del oficio de Presidente y, en este caso, de cualquier puesto que implique el liderazgo político». Lo que más reprocha Kaplan al candidato republicano no es su error inicial, sino que no tuviera los reflejos o la voluntad de rectificar, una vez conocidos los hechos con más precisión, y repitiera sus ataques a Obama «con el indisimulado deleite de anotarse tantos políticos». Al exhibir una prudencia conveniente, los propios correligionarios de Romney (los líderes parlamentarios republicanos) pusieron en evidencia a su candidato presidencial.

No es de extrañar estas extravagancias de Romney. Ya hizo mofa de ello el Presidente Obama en su discurso de Charlotte. Las intempestivas declaraciones del ex-gobernador en Londres, en vísperas de los Juegos Olímpicos había sido la última vez que demostraba su empeño en pisar cualquier ‘cascara de plátano’ a la vista.

IRÁN, COMO BANCO DE DESGASTE

Más grave ha sido su conducta en el asunto de la nuclearización de Irán. Romney se ha convertido por entusiasta voluntad propia en el único amplificador de las incómodas presiones del primer ministro israelí, para que la Administración Obama ‘pinte una linea roja’ al programa atómico de los ayatollahs; es decir, que pronuncie una explícita amenaza de intervención armada si siguen adelante. El Presidente ha resistido firmemente las presiones y, en lo fundamental, no se mueve de una línea clara: no permitirá que Irán se dote del arma nuclear, pero considera que aún hay tiempo de que funcionen las negociaciones y las sanciones. Obama puede estar acertado o no, pero resulta inaceptable la posición israelí.

En los próximos días veremos cómo intenta aprovecharse Romney del último desencuentro entre la Casa Blanca y el jefe del gobierno israelí. Pretendía Netanyahu entrevistarse con Obama en Nueva York, durante las sesiones de la Asamblea General de la ONU, pero el ‘staff’ presidencial alegó razones de agenda para descartar la cita. Al conocerse esto, hubo ruido. Enseguida, portavoces norteamericanos dijeron que la entrevista podía celebrarse con posterioridad en Washington, pero que Israel no lo había solicitado.

Ya es tarde para un cambio de estrategia. Cabe esperar que, con los mimbres del Irán nuclear y los ataques de Bengasi, Romney y su equipo de campaña quieran construir un caso de la supuesta ‘debilidad’ de Obama en política exterior. La tentación del ‘sheriff justiciero’ aparece de nuevo, aunque de momento lo único que puede apreciarse es ‘fuego amigo’ y, como víctima, el propio candidato republicano. ¿Pensarán lo mismo los electores?