Rajoy y Montoro impulsan una reforma tramposa en la fiscalidad española. Porque es falso que esta reforma cumpla con el compromiso de bajar los impuestos en España. Porque es mentira que beneficie a los que menos ganan y los que menos tienen. Porque no es cierto que permita cumplir con los objetivos de ajuste fiscal sin nuevos recortes en el gasto. Y porque no ayuda en absoluto a crear empleo, como aseguran.

Durante los dos últimos años y medio, el Gobierno del PP ha subido más de 50 tributos, entre impuestos, tasas, tarifas y copagos, además de establecer una amnistía fiscal para grandes defraudadores fiscales. En conjunto han recaudado más de 30.000 millones de euros extras. En consecuencia, aun admitiendo que esta última reforma suponga una rebaja de 6.000 millones, como plantean desde el Gobierno, el balance en lo que va de legislatura no apunta a la bajada sino a la subida de los impuestos.

Pero es que el incremento impositivo en este tiempo ha sido además profundamente injusto y regresivo, centrado sobre todo en las subidas de la imposición indirecta, como el IVA o los impuestos especiales, y los nuevos copagos, repagos y tarifazos establecidos sobre los medicamentos, el transporte o las matrículas universitarias, por ejemplo.

La última reforma del IRPF se aleja aún más del principio de progresividad fiscal, porque la rebaja de 12 euros mensuales adjudicada a quienes ganan 12.000 euros al año, se corresponde con una rebaja de 270 euros al mes para quienes obtienen 150.000 euros anuales. La fundación FUNCAS de las Cajas de Ahorro concluye que las rentas superiores a los 42.000 euros quintuplicarán los beneficios fiscales a obtener por las rentas inferiores a 10.000 euros. Estamos, por tanto, ante una reforma que ofrece ventajas fiscales insignificantes para rentas bajas, que intensifica el castigo fiscal a las rentas medias y que beneficia significativamente a las rentas más altas.

En relación a la suficiencia en la recaudación, la Comisión Europa ha alertado sobre los efectos de esta reforma en el cumplimiento de los compromisos de consolidación fiscal por parte de España. Este regalo fiscal a pocos meses de las elecciones puede suponer un aumento del déficit público para 2015 en 6.000 millones de euros extras, a sumar a los 20.000 millones que se deducen ya del desfase entre las previsiones de la UE y las del Gobierno español respecto al resultado final de las cuentas del próximo ejercicio. ¿Y cómo se resolverá este desfase? Muy previsiblemente con nuevos recortes en el gasto público destinado a la cobertura social para los más necesitados, sanidad, educación, dependencia…

Montoro parece ser el único ministro de hacienda en el mundo que aún cree en el camelo “Laffer” y esas curvas milagrosas que prometen más recaudación conforme se bajan los tipos impositivos, y que jamás se han cumplido en sitio alguno desde los tiempos de Reagan. El argumento llevado hasta su último extremo auguraría la recaudación máxima cuando los tipos bajaran a cero. Absurdo, claro. La experiencia nos dice, sin embargo, que cuando se bajan los tipos impositivos a los grandes rentistas y los grandes detentadores de riqueza, la recaudación fiscal no sube, sino que baja, poniendo en riesgo la suficiencia y la estabilidad del sistema.

Cuando los tipos bajos se aplican razonablemente en las rentas bajas se propicia el consumo, el ahorro, el crecimiento y la justicia social, pero cuando la alegría fiscal se reparte entre los más pudientes, el dinero escatimado al fisco no se destina a la reinversión productiva o al consumo intensivo en empleo, sino mucho más habitualmente a la especulación y los depósitos en Suiza. Téngase en cuenta.

La última trampa detectada en la reforma de Rajoy y Montoro supone, por vez primera en nuestra historia democrática, la grabación impositiva sobre las indemnizaciones por despido. No cabe medida más regresiva y cruel. Primero promulgan una reforma laboral que facilita el despido y reduce las indemnizaciones, y después decretan una reforma fiscal que cierra el círculo cargando impuestos sobre esas indemnizaciones reducidas. Lamentable.

¿Hay otra manera de hacer las cosas? Desde luego que sí. El PSOE presentó en su última Conferencia Política una alternativa fiscal fundamentada en los principios de la suficiencia, la progresividad y la lucha contra el fraude, que conduciría a aumentar los ingresos sin subir los tipos impositivos a los trabajadores y rentas medias de este país. Esta propuesta consiste en unificar en un impuesto único, el IRPF, la tributación de la renta y el patrimonio, como ya ocurre en Holanda. Se trata de que todos paguen en función de lo que ganan, de lo que tienen y de lo que heredan, a partir de un mínimo exento, tanto si el rendimiento es mobiliario o inmobiliario.

Esta alternativa defiende la igualdad en la tributación de las rentas del trabajo y las rentas del capital, revisa las deducciones fiscales regresivas en el IRPF (como las aportaciones a planes de pensiones), aumenta la progresividad en el Impuesto de Sociedades (eliminando privilegios y deducciones a las grandes corporaciones), incrementa la contribución del sector financiero (gravando sus pasivos y sus bonus), establece un mínimo homogéneo para sucesiones y donaciones en todas las comunidades, suprime las exenciones del IVA en la sanidad y la educación privadas, baja los tipos del IVA en la cultura y los productos higiénicos básicos, revisa el régimen de estimación objetiva para evitar los fraudes…

Claro que hay otra manera de hacer las cosas. Solo hay que querer. Y atreverse.