Más allá de la seriedad de este tipo de calificaciones -muy cuestionable en su rigor y en su honestidad, como se ha visto en numerosos ejemplos recientes-, el mantenimiento de Francia en el pelotón de países más solventes había significado casi un ‘totem’ en la estrategia política del presidente. Como era de esperar, la prensa más crítica ha tirado de archivos para recordar las numerosas declaraciones en la que Sarkozy o sus colaboradores gubernamentales más cercanos fijaban en la calificación una especie de línea roja de la credibilidad del país… y de sus aspiraciones de continuar en el Eliseo. Al conocerse la degradación, esa misma maquinaria se ha empleado en minimizar la noticia, en relativizarla, en suavizarla.

En octubre, Sarkozy se declaraba «muerto» si Francia perdía la triple A, según una confidencia sus próximos, desvelada por el satírico semanario “Le Canard Enchainé”. Esa admisión de vulnerabilidad lo dejaba bien expuesto y privaba de fuerza al necesario cambio de discurso, si se confirmaba la degradación.

CONFIANZA EVAPORADA

La verdadera pérdida para Sarkozy ha sido la confianza en su capacidad para sobreponerse a los embates de la crisis. La reactivación del eje franco-alemán (que había pasado por momentos poco entusiastas en los últimos años) constituía un factor clave de la estrategia presidencial. Sarkozy se ha anclado en la ‘firmeza alemana’ durante la gestión de la crisis. El propósito: actuar de igual a igual, en la cúspide de la quebradiza pirámide europea.

Era una elección arriesgada, porque la ortodoxia germana no era de su gusto. El empeño obsesivo por la austeridad obligaba al Presidente a defender unas políticas en las que no creía del todo. La derecha gaullista nunca ha gustado de recetas tan radicales como las propagadas por el gran vecino. Al unir su suerte al liderazgo de Merkel, Sarkozy creía blindarse cuando en realidad ha terminado por debilitarse. La retirada de la Triple A -por limitada y cuestionable que sea esa calificación por sí misma- desacopla a Francia de Alemania en la percepción de los llamados mercados: introduce una cuña psicológica en el eje franco-alemán.

REFORMISMO FALLIDO

Hace dos años, después de los cambios fiscales, la abolición de las 35 horas o la reforma de las pensiones, Sarkozy creyó conveniente no agobiar a la sociedad francesa, darse un respiro. Pero la persistencia de la crisis, la falta de resultados patentes y el desempleo en el umbral del 10 por ciento parecieron obligarlo a recuperar sus esencias. Es decir, emprender el impulso reformador, intensificar un activismo político y legislativo muy de su estilo, ya desde sus tiempos de Ministro del Interior. Ahora, el impacto de la Triple A parece empujarlo a ‘poner la quinta velocidad’.

En esta estrategia de reactivación no se trataría sólo de restablecer su solvencia como «capitán en la tormenta», sino de poner en evidencia las supuestas contradicciones e indefiniciones de su principal rival, el socialista François Hollande. Las reformas seleccionadas, calificadas de «estructurales» por el aparato político-mediático del Elíseo, son el incremento del IVA para financiar la protección social y descargar las cuotas empresariales y laborales (el llamado ‘IVA social’), la introducción de la ‘tasa Tobin’ sobre las transacciones financieras y una remodelación del modelo educativo. No puede ser casualidad que todas ellas originen cierta incomodidad a los socialistas.

El problema es que, en esta reconstrucción acelerada del ‘discurso reformista’, a Sarkozy le sobra precipitación y le falta tiempo. A tres meses de las elecciones presidenciales, se ve sometido a una carrera contra el reloj. Necesita recuperar la confianza perdida y sólo puede hacerlo con éxitos a corto plazo. O con la percepción de que los éxitos no están lejos. Necesita, pues, algún síntoma de recuperación, un cambio de tendencia. Los expertos en la detección y análisis del ánimo electoral consideran que Sarkozy sigue anclado en la impopularidad y que en tan poco tiempo no podrá restablecer su crédito. Las reformas, algunas abortadas, otras poco comprendidas y ahora visiblemente precipitadas no parecen antídoto suficiente. Decía Hollande hace unos meses que «Sarkozy no podrá escapar al fracaso de su balance».

LIDERAZGO CUESTIONADO

Y si la confianza se resiste a recuperarse y las reformas no tienen el vigor ni la capacidad de arrastre suficiente, una tercera inquietud se proyecta sobre las aspiraciones de Sarkozy: el debilitamiento del liderazgo.

Las últimas encuestas indicarían que también debe ponerse en duda algo que durante mucho tiempo parecía seguro: el convencimiento de que Sarkozy no tenía rival a la vista en el centro-derecha francés. En su mandato no han crecido figuras políticas de talla. El primer ministro, François Fillon, pudo ser algún tiempo un proyecto de alternativa, pero su figura parece haberse desvanecido, unida a la deriva sarkozyana. El tiempo de los líderes alternativos en el gaullismo parece haberse cerrado definitivamente. En realidad, es el propio gaullismo, como doctrina política vigente, lo que parece haberse extinguido en el quinquenato de ‘Sarko’. El ‘hiperliderazgo’ del Presidente sirvió durante un tiempo para ahondar la crisis socialista, pero ha terminado perjudicando las opciones de recambio en la derecha francesa.

En este sentido, a muchos ha sorprendido la ‘resurrección’ del centrista François Bayrou, que ha ganado siete puntos en el último sondeo, esta misma semana. Claro que sólo un 23% de los que le apoyan reconocen que su opción es definitivamente; más de las tres cuartas partes declaran poder cambiar de opinión. Para Sarkozy, lo más grave no es que Bayrou le haga encajar un resultado endeble en primera vuelta, sino que los votantes del centrista elijan a Hollande en la votación final. El sondeo mencionado indica que el 46% de los votantes iniciales de Bayrou se decantarían luego por Hollande, mientras que por Sarkozy sólo lo haría ahora un 32%.

¿El Presidente puede contar con los votos del Frente Nacional? No será fácil. Ni barato. Marine Le Pen se ha mostrado extremadamente dura con Sarkozy en las últimas semanas. Su respaldo electoral es alarmantemente firme. Y en alza. A los estrategas de la UMP les preocupa este vigor de la nueva líder ultraderechista, que cabalga a lomos de la crisis con la eficacia acostumbrada que suelen exhibir las opciones populistas radicales en momentos convulsos.

En esta fortaleza del Frente Nacional anida un escenario pesadilla para Sarkozy. Que parte de su electorado, el más conservador, se refugie en la protesta ultraderechista, y que el más moderado, opte por Bayrou, de forma que éste obtenga finalmente más votos que el Presidente y gane el ‘ballotage’ para enfrentarse a Hollande. Algunos analistas creen que la puntilla puede ser que, en los primeros días de abril, el centro-derecha perciba a Bayrou como mejor opción que el propio Presidente para batir al líder socialista. Entonces sí que Sarkozy habrá perdido su ‘triple A’ particular.