UNA DISTRIBUCIÓN ASIMÉTRICA

El PSOE, aún con el descomunal fracaso cosechado en ambos procesos electorales citados, sigue siendo el partido e ideario más votados por los electores ubicados, con mayor o menor intensidad ideológica, en la izquierda política. IU, sobre todo a costa de los socialistas, experimenta un notable incremento que, sin embargo, no debe hacerle olvidar que -no obstante la injusta ley electoral vigente- está a años luz del PSOE en número de votos. UPyD (incluso Equo), así como otras formaciones progresistas de corte nacionalista, terminan de completar una izquierda española altamente fragmentada.

Mientras, salvo los nacionalismos conservadores -sean o no de ideario más moderado o centrista,- el PP ocupa la derecha en exclusiva, con el consiguiente rédito electoral directo derivado de la norma al respecto, y (no menos importante) con una imagen acrisolada de partido que sus electores identifican, obviamente, con un continuo matizado de todo el espectro liberal-conservador español. Ahí es nada. La derecha unida, la izquierda, troceada.

La necesaria modificación de la ley electoral, si bien estaría fijando un principio de equidad, no paliaría un ápice el caótico panorama descrito en el sector contrastadamente mayoritario de los ciudadanos españoles, el progresista, el de izquierda, con todos los matices que se deseen. No debe ignorarse, a este respecto, que la suma de votos del elenco de formaciones de este signo, más los sufragios que no se produjeron (abstención), en su mayoría cercanos al PSOE, arroja un agregado claramente superior al de la derecha (PP y otros). España es de izquierdas, o si se quiere, sociológicamente de centro-izquierda. Pero esto significa, entre otras cosas, que el ciudadano de esta ideología -por pura cultura política- es, usualmente, mucho más crítico con sus representantes naturales que los ciudadanos liberal-conservadores con el PP y otros partidos cercanos a éste en la disyuntiva izquierda/derecha. Y, por ende, el votante de izquierdas se abstiene, en general, mucho más que el de derechas.

LA PELEA HISTÓRICA DEBE TERMINAR

Así, con un panorama mundial en el que las exacerbaciones financieras (y derivadas) del sistema de mercado (capitalismo, en román paladino) pintan un horizonte de al menos dos lustros con millones de desempleados y deterioro consiguiente del Estado de Bienestar…, o la izquierda mundial, europea, y en todo caso la española, se une, o los gobiernos conservadores (cuyos partidos respectivos sí suelen presentarse amalgamando el voto de derecha) seguirán gestionando la vida de todos.

La percepción (la imagen pública) que el público progresista de nuestro país tiene de las formaciones y líderes con los que debería identificarse, debe cambiar drásticamente. Empezando por el PSOE: Rubalcaba, uno de los mejores dialécticos en el PSOE de los últimos treinta y cinco años, no está en la mejor situación para postularse como líder socialista tras la mayor derrota en las once elecciones generales desde 1977; Chacón, identificada intensamente con Zapatero (cuyos grandes errores, junto a indudables aciertos, han llevado a esta situación) y que además ha liderado una de las grandes debacles del 20-N, Cataluña y más en concreto Barcelona, tampoco lo tiene muy bien para postularse. Y no deben hacerlo, en la misma línea, todos aquellos que han sucumbido claramente el 22 de mayo ó el 20 de noviembre. Por cierto, qué curioso, sólo queda alguien, verdadero impulsor del PSOE de los días de vino y rosas, que aparece relativamente a salvo de la caída libre de su partido: Alfonso Guerra, que ha aguantado en Sevilla, no sólo ganando sino sin apenas deterioro a favor del PP.

En fin, en estos momentos, no hay mucho tiempo tampoco para perderse en galgos o podencos. Pero el PSOE necesita urgentemente reconstruir su partido en línea con dos elementos claves: un ideario y un líder creíbles y netamente socialistas, esto es, situarse de salida y con fuerza justamente en el centro mismo de la izquierda. No obstante, debe recordarse que la obligada nueva estructura del PSOE implica asimismo un replanteamiento de toda la izquierda española que, reitero, sigue estando liderada de manera clara por los socialistas. Y esto ha a llevar, necesariamente, a que los personalismos den paso a la médula espinal de las políticas progresistas, la solidaridad y la tendencia igualitaria, y con ello la libertad real, siempre por encima del exacerbado protagonismo e interés individual. Debe ser algo histórico, estratégico y no cortoplacista.

Para ello, el PSOE, obviamente antes que nadie, ha de proceder a un auténtico ejercicio de puesta en valor de las esencias socialistas que en otros tiempos dieron victorias continuadas a dicha formación, y buscar para su encarnación a alguien (joven o maduro, hombre o mujer, esas no son las cuestiones), que, no habiendo contribuido y/o sucumbido en las últimas y estrepitosas derrotas, posea las cualidades de credibilidad y animal mediático. Y que sea respaldado por los socialistas del partido y, más importante aún, por sus electores naturales. Tampoco hay que buscar mucho, en mi opinión, siempre que no entremos en ese virus social de la especie humana, los prejuicios y estereotipos perversos.

En cuanto a Izquierda Unida, no debe deslumbrarse por el espejismo de una situación óptima con la que se ha encontrado, y pensar si desea contribuir directamente a la puesta en práctica de programas de progreso o seguir esperando -en vano, pienso- a la desaparición o empequeñecimiento del PSOE. Con IU hay que contar necesariamente, pero dentro de una armonía de planteamientos ideológicos y sin apriorismos suicidas. Análogas consideraciones, a otra escala, para UPy D, e incluso para el incipiente Equo.

En fin, la tarea no es poca. Porque lo que estoy proponiendo, por si alguien aún duda, es la unión, en un solo partido o como poco coalición, de toda la izquierda española. La mejor manera de asegurar programas realmente aceptados por la mayoría de ciudadanos. Porque, el esperpento trasnochado del frente popular puede obviarse con un esfuerzo de comunicación excelente, por cierto, el gran fallo socialista (aparte de los del gobierno) en los dos últimos comicios. A la faena…