Zambrano logra de nuevo sorprendernos, como ya hiciera en 1999 con su ópera prima “Solas”. “La voz dormida” nos ofrece un relato intimista con rasgos de drama con el fondo, siempre cruel, de la posguerra civil española. Con un guión del propio director y de Ignacio del Moral, basado en la novela homónima de Dulce Chacón, construye una historia con rigor académico en lo estilístico sin renunciar a la emoción dramática y narrativa.

Destaca la fotografía, que junto al ritmo de cada secuencia alcanza una disposición pictórica en cada plano de la película. Los actores realizan un estupendo trabajo, destacando María León e Inma Cuesta, intérpretes casi noveles que junto al buen elenco de secundarias (Ana Wagener, Berta Ojea, Lola Casamayor, Susi Sánchez…) le dan credibilidad y potencia al relato.

La trama transcurre en Madrid en 1940. Contando la historia de Pepita (María León) que llega a la capital para poder estar cerca de su hermana e intentar posponer su ejecución Hortensia (Inma Cuesta), presa en la cárcel de Ventas y embarazada. Sin duda, un relato desgarrador que como grandeza tiene un nuevo enfoque, una nueva perspectiva para el análisis de las lamentables consecuencias de un conflicto fratricida como fue la Guerra Civil española. Algo siempre muy de agradecer, y especialmente si se hace desde la sensibilidad y la cara más humana de sus protagonistas.