Entre otras cuestiones, afirmaba:

• “El objetivo de la restricción del crédito es quitar a los empleadores los medios financieros para contratar trabajo al nivel existente de precios y salarios. La política puede alcanzar solamente su fin por medio de la intensificación del desempleo sin límites, hasta que los trabajadores estén dispuestos a aceptar la reducción necesaria de los salarios monetarios bajo la presión de los hechos”.

• “La política de intensificación deliberada del desempleo, con el objetivo de forzar reducciones de salarios, está ya parcialmente en acción, y la tragedia de nuestra situación radica en el hecho de que, a partir del punto equivocado que se ha adoptado oficialmente, esta evolución es teóricamente justificable. Ningún sector laboral aceptará fácilmente salarios más bajos simplemente en respuesta a discursos sentimentales. Dependemos, en la reducción de salarios, de la presión del paro y de las huelgas y cierres de fábricas; y para obtener con seguridad este resultado estamos intensificando deliberadamente la desocupación”.

• “Todo el alboroto actual por los salarios más bajos es simplemente una campaña contra el nivel de vida de las clases trabajadoras.”

• “Si esta política puede realizarse será, en cierto sentido, acertada, aunque dejará mucha injusticia detrás de ella, habida cuenta la desigualdad de los cambios que provocará, ganando los grupos más fuertes a expensas de los más débiles.”

• “Implica una gran pérdida de renta social, mientras continúe y dejará una gran injusticia social detrás de sí cuando haya terminado”.

• “La actual política de intensificación deliberada del desempleo, manteniendo un estricto control sobre el crédito, precisamente cuando por otras razones debiera relajarse, hasta forzar los ajustes mediante la utilización del arma de la necesidad económica contra individuos y contra industrias singulares, es una política que el país no permitiría nunca si supiera loque se ha hecho”.

Mariano Rajoy llegó a la presidencia del Gobierno prometiendo que iba a sacar a España de la crisis y a crear empleo. Cien días después se puede decir no sólo que mintió a los españoles, porque está haciendo lo contrario de lo que dijo en campaña electoral, sino que está destruyendo avances y derechos conquistados por los españoles en las últimas décadas.

Como diría su nuevamente derrotado Javier Arenas, Rajoy es “un campeón” a la hora de romper consensos. Tres esenciales en 100 días: ha roto el consenso social con la reforma laboral; el institucional con los ataques sistemáticos a las CCAA hasta el punto de que Esperanza Aguirre dice que hay que devolver al Gobierno central las competencias en educación, sanidad y justicia, olvidando que fue Aznar quien hizo los traspasos en Madrid y de aquella manera, es decir, mal financiados; y otro político con la Ley de Estabilidad Presupuestaria, que rompe el acuerdo con el que se hizo la reforma constitucional en esta materia.

Pero lo más grave es que está destruyendo el consenso social, político y de convivencia que entre todos se construyó en España en la Transición. De manera premeditada, incentivando el miedo y aprovechando la crisis pretende imponer a la sociedad española un modelo ideológico y moral, donde las desigualdades aumentan al mismo ritmo que las ganancias de las élites económicas.

Rajoy, en estos cien días, ha demostrado que antepone los intereses del PP a los de España y los españoles. Rajoy es hoy más presidente del PP que Presidente de España, es decir, Génova dirige España, cuando le dejan desde Berlín.

Se pide a la gente sacrificios, reducción de salarios y de su nivel de vida, para afrontar circunstancias de las que de ningún modo ellos son responsables y ni pueden controlar. Keynes se refería a los mineros, pero hoy lo podemos extrapolar a toda la población. Los ciudadanos se enfrentan a la elección entre indigencia y sumisión, para que los frutos de su sumisión aumenten el beneficio de otras clases. Rajoy ya nos ha vaticinado 630.000 parados más fruto de sus políticas.

Pero no tiene porqué ser así, se puede realizar otra política económica que genere crecimiento, haciendo circular nuevamente el crédito. Lo decimos ahora, pero ya se dijo entonces por Keynes: “Lo que necesitamos hoy para restablecer la prosperidad es una política de crédito fácil: Necesitamos animar a los hombres de negocios a entrar en nuevas empresas, no desanimarlos como estamos haciendo. La deflación no reduce los salarios automáticamente. Los reduce produciendo desocupación. El fin propio del dinero caro es frenar un auge incipiente. ¡Ay de aquellos cuya confianza les lleva a emplearla para agravar una depresión!”.