Especialmente dramático es el caso español. Ahora sí que ya cerramos siglo y cuenta nueva. Tanto tiempo debatiendo sobre el fin de la transición cuando realmente asistíamos al final de la guerra civil. Primero la ganaron con el plomo y después por la palabra. Hemos perdido dos veces y en la segunda siquiera hemos asistido. Se trataba de eso, claro.

Cuando estudiaba los documentos del golpe de estado de Pinochet, entre tanto decreto y apología se leía una frase que delataba a unos militares asesorados por una CIA asesorada, a su pesar, por Gramsci (a su pesar). En su lucha de clases, el socialismo práctica una estrategia sin tiempo. Y viceversa, pensé, que los conservadores son magníficos aplicando lo que los revolucionarios inventan. En su lucha de clases el capitalismo practicó una estrategia sin tiempo. Nos ganó el conformismo, el consumismo, la promesa de un futuro sin pasado. Y se acabó. La guerra civil y después solamente vil, ha terminado. Los muertos de algunos continúan en la cuneta; un juez con sus más y sus menos, juzgado por querer hacer justicia con la historia. Los ministros imponiendo como militares lo que no han sido capaces de gestionar como políticos. Cambiándolo todo para que los beneficios no cambien. ¿Dónde están los rojos? ¿Dónde sus poetas? ¿Dónde tiene la cabeza quien hace preguntas tan ridículas para el 2010?

Malo cuando un político descubre que por lo militar todo es más fácil que por lo civil o lo laboral. Ya estaban acostumbrados a decidir sin preguntar, a pedir sin prometer, a confundir lo que son por donde están. Ahora han descubierto el canto de sirena de la bayoneta calada. ¡Y cómo jode que un carnet socialista resuelva un conflicto laboral llamando al primo de “zumosol”! Se te queda cara de primo. Ya sabemos que los controladores eran todo lo que les dejaron ser. Lo que no quería saber es lo que ahora se. Que no dan más de sí. Que su única solución para encarrilar la crisis es hacer más vías.

Posiblemente asistamos al final de la época sin (cerveza sin alcohol, café sin cafeína, dulces sin azúcar, socialismo sin marxismo, comunismo sin lucha de clases, capitalismo sin explotación, creación de riqueza sin producción, medios de comunicación sin información). Y si no recuerdo mal, después viene el so (no proteste so pena de cárcel), el sobre (el policía levantó la porra sobre mí) y peor aún el tras (tras este golpe vendrá otro más). El so-sobre-tras va a ser inevitable. Al parecer, las huelgas y manifestaciones deben hacerse donde y cuando no molesten. Son “desahogos” para que los trabajadores pataleen, salgan enfadados en las fotos y les quiten unos días de sueldo. Para que jueguen a obreros. En algún momento dejará de ser un juego porque la crisis y el desempleo sin protección pueden empezar a crear obreros con más rapidez que los eliminó la clase media. No sabemos si obreros fascistas, comunistas, anarquistas o “neologistas”. Está por ver.

Por último, y dado que las fiestas son el momento ideal para las reposiciones de capítulos pasados, recordar que en meses anteriores, los especuladores tras engañar a los más afamados centros de control financiero y calificación de riesgo, consiguen escapar con el botín, sin que el cerco a los paraísos fiscales tenga éxito. Quizás habría que encargar el bloqueo de estos paraísos a Israel. Los ideólogos ultraliberales, conceden a los estados el privilegio de refinanciar sus “pufos”. Posteriormente, en un audaz golpe de mano, consiguen estrangular en su deuda pública a países como Grecia, Irlanda o España, logrando más beneficios. Los hermeneutas bancarios no lo consideran un ataque alevoso y concertado. El mercado es canalla y ataca al que marcan como más débil. Eso sí, antes han calculado si los estados que quieren ordeñar pueden pagar o ser ayudados a pagar. Es la ley del mercado: lo ideal es acusar de insolvencia a los estados que puedan pagar más y mejor. Las mismas agencias que desbarraron con soltura, ahora son pontificias y sus dictámenes sobre riesgo, sagrados. Con perspectiva, todo esto parece bastante ridículo, para individuos y sociedades aparentemente adultas. En fin. Continuamos queriendo saber la lista de los 3.000 defraudadores que nos dejaron sin colegios y hospitales. Más que nada para no generalizar y pensar que todos los ricos son iguales.