Son muchos los ciudadanos que manifiestan que existen otras prioridades, las que afectan al futuro de sus empresas y de sus puestos de trabajo. Piensan, con razón, que la crisis les seguirá castigando de tal forma que, aquello que con tanto esfuerzo levantaron, lo desmontarán en un par de legislaturas. Para ellos, lo más conveniente sería dedicarse a agrandar nuestras posibilidades económicas en lugar de agregar inseguridad a la economía.

Por eso consideran que, en una cuestión crucial como esta, forzar el distanciamiento con el conjunto de la sociedad española, llevándolo hasta la secesión, es una decisión demasiado grave, como para que pueda ser tomada sin efectuar una reflexión profunda y serena.

¿Qué ventajas o inconvenientes se producen si Cataluña permanece en España o si crea un Estado propio? Instalados en el discurso de la gloria y el fervor, los partidarios de la separación han decidido ignorar el impacto económico que puede ocasionar en Cataluña, en España y en la Unión Europea una eventual independencia de Cataluña. Pues bien, es imprescindible recordárselo.

Siendo el contexto económico incierto, configurado por una crisis financiera global (por tanto catalana y española), tratar de llevar a cabo la transición nacional, sin tener en cuenta la intensidad de los problemas del momento, equivale a situarse al margen del principio de realidad. Por eso, el señor Mas, pierde credibilidad cuando manifiesta que “aquí no cambia nada más que el estatus político para que los ciudadanos vivan mejor”.

Detrás de esas palabras hay un diagnostico equivocado, que no se enfrenta con los problemas que se están viviendo, por lo que hay que descubrir los errores y las insuficiencias más notorias del planteamiento de CDC y de UDC.

LA INCORPORACIÓN A LA UNIÓN EUROPEA

El señor Mas también afirmó que un Estado (Cataluña) que ya es europeo seguirá siéndolo porque estando ya dentro, no lo van a dejar fuera.

Las cosas no son, ni serán así. En el futuro es muy probable que un Estado independiente catalán se integrara en la UE. Que lo haga inmediatamente no será posible. Digo esto, porque el proceso que deberá consumirse será lento y laborioso. Lo suficientemente complejo para que el tiempo que se tarde en encontrar una solución resulte difícilmente imaginable.

Mientras que esto ocurre, las fronteras de Cataluña, con Francia y España, serán fronteras exteriores de la UE. Debido a lo que las mercancías, servicios, empresas y capitales catalanes pagarán los aranceles que pagan los productos japoneses o rusos a la hora de venderse en todos los países miembros. Además, los ciudadanos de Cataluña dejaran de ser ciudadanos de la Unión, salvo que opten por mantener la ciudadanía española. Con semejante marcha atrás, algunos mercados se habrán perdido no se sabe por cuanto tiempo.

Pero es la tiranía del instante la que hace un poco más singular todo aquello que tiene que ver con las instituciones financieras. La singularidad arranca de que Cataluña está altamente endeudada y que necesitará ayuda para hacer frente a esta situación y para lograr un volumen de liquidez suficiente para poder financiar su economía.

A ese nivel de endeudamiento se ha llegado por procedimientos parecidos a los que se han dado en el resto de España. En Cataluña también ocurre que el sector privado tiene un endeudamiento muy superior al registrado en el sector público. Por lo que, uno y otro, durante un espacio muy dilatado de tiempo, tendrán que refinanciar sus deudas. Por tanto, las instituciones catalanas están planteando acceder a la independencia en un momento en el que esa CCAA experimenta una muy mala situación financiera. A la vez, sucede que la iniciativa de secesión se produce cuando todavía existen en Europa claros efectos perniciosos ocasionados por la crisis.

Basta recordar que hace unas pocas semanas, cuando anunció que acudiría al FLA, para que este les rescatara, el señor Mas –Collel, dijo que “Cataluña no tiene más Banco que el Gobierno español”. Tenia razón, ya que por esta vía es por donde únicamente conseguía liquidez la Generalidad.

Demos un paso más, la Banca que opera en Cataluña, ahora se financia mediante el crédito que le proporciona el BCE en cantidades muy destacadas.

Con este panorama puede decirse que la normalidad de la financiación de la economía en Cataluña solo se lograra una vez que transcurra mucho tiempo. ¿Quién será el suministrador de liquidez a la economía catalana cuando se produzca la independencia y esté situada fuera de la UE? Si el BCE no puede coadyuvar a la solución: ¿Cuál será el Banco central que les facilite la financiación?¿Existe alguna otra institución que aún no siendo bancaria pueda hacer frente a esta tarea?

Otra cuestión, algo más que simbólica, es la de concretar la moneda en la que se realizaran las transacciones. Tratar de crear una moneda propia, a la vez que se pone en marcha un Banco Central catalán, es tan descabellado que no me referiré a ello. Hay que buscar otra formula.

Hay algunos precedentes intermedios ocurridos cuando implosionó la antigua Yugoslavia. Montenegro decidió utilizar el euro para lo que suscribió un acuerdo con el BCE. Hasta ahí llegó su integración. Hoy tan solo es país candidato.

Unas recientes declaraciones del señor Mas producen sorpresa “no tenemos en el corto plazo ningún aliado concreto, más bien todo lo contrario, pero para la UE hay algunos valores que no son negociables, como el de la democracia y si hacemos las cosas bien, la UE no podrá cerrarnos la puerta”. Esto se podrá decir que está bien, pero estábamos hablando de otra cosa. Cataluña ya está en la Unión, porque forma parte del Reino de España. Para no contribuir a la confusión es perfectamente exigible que se pida al Gobierno de Cataluña un mecanismo de integración. Digo esto por que la vía que se está postulando desde el CDC y UDC plantea a los empresarios muchas incertidumbres, tendrán que pagar más por su deuda durante un periodo considerable de tiempo y lo tendrán que hacer en una moneda diferente del euro.

Dicho esto, se ve que en los planteamientos de las autoridades catalanas hay muchos elementos fantasiosos, con ligereza afirman que se dirigen hacia una tierra fértil, pero existen razones para sostener que no es así, que la trayectoria que están dibujando se encamina hacia una solución mala para todos.

LA INDEPENDENCIA NO ES LA SOLUCIÓN

¿Para qué se quiere utilizar la independencia? Cuando en el mes de septiembre se desencadeno en Cataluña la taquicardia independentista, se decía primero la independencia y luego ya veremos. Pedir hoy en día un cheque en blanco carece de la más elemental lógica política. Pese a ello han pasado semanas y no se ha proporcionado una respuesta a semejante interrogante. El señor Duran decía hace unos pocos días que “Cataluña quiere una relación diferente con España, ya veremos cual”.

Partiendo de ésta indeterminación, es exigible a los independentistas que sean capaces de diseñar las instituciones y las reglas de juego que empelarán. A la vez deberán dar a conocer la disponibilidad que pretende emplear con el conjunto de instrumentos de política económica que ahora están bajo el control primordial del Gobierno central de España y que, más adelante, pasarían a estar en manos del Gobierno de Cataluña. Las decisiones que se adopten, en múltiples ámbitos de la nueva Administración territorial, deberían ser capaces de definir políticas propias, con las que proporcionar a los ciudadanos un dibujo de la sociedad que se quiere construir, el grado de convivencia que se pretende alcanzar y el nivel de prosperidad por el que se quiere luchar. Ninguna de estas prácticas se están dando a conocer.

Pues bien, lo que se dice no es eso, ya que tan solo nos encontramos ante un discurso articulado sobre dos únicos ejes: la eliminación del déficit fiscal y el temor al castigo que hacia Cataluña pueden proporcionar los poderes del Estado español y también el resto de los agentes y de los ciudadanos españoles. (El boicot)

Como dicen que el Estado español les sale muy caro, pretenden liberarse de las ataduras que le unen a él, muchas cosas se podrían hacer si no existieran esas transferencias. Argumentan que Cataluña con ese dinero pasaría a ser una economía prospera y saneada de la que desaparecerían la crisis y los recortes. Este paisaje lo completan con la posibilidad de disponer de una fiscalidad propia.

Conviene profundizar en los fundamentos de sus análisis. Las transferencias financieras existentes en España las comparan con las de los programas del Banco Mundial o con los fondos de solidaridad de la UE que, en ambos casos se diseñan para que las regiones más pobres dejen de serlo. Cuando logren el desarrollo “esta situación tiene que acabarse”. ¿Por qué esto no sucede aquí? La respuesta que deslizan es que la solidaridad obligada y sin punto final no es solidaridad, es un robo.

A poco que nos proyectemos por la vieja Europa, se ve que lo que han elegido es el mismo camino que Flandes, la Padania y Euskadi. El único que les garantiza la supervivencia como pueblo, estableciendo una interdependencia con la UE (¿)

En este planteamiento, averiguar si las cuentas cuadran es relevante. Hay razones para pensar que no, aunque solo sea porque están calculando al alza los beneficios fiscales de la independencia y a la baja el coste de las políticas de gasto que habrán de llevarse a cabo en el nuevo panorama.

En la secesión, los costes serán superiores a los beneficios por lo que los resultados se traducirán en un descenso del PIB catalán. Por tanto lo que ofrece el señor Mas con la independencia es, no solo situar a Cataluña fuera de la UE, sino ocasionarle unas consecuencias bastantes desastrosas para su economía.

LA LIQUIDACIÓN DE LOS ELEMENTOS PATRIMONIALES MUTUOS

Las secesiones no pueden hacerse cogiendo las maletas y marchándose, dejando a la parte que se queda con un número considerable de problemas. Por que no se quiere que sea así, el derecho internacional ha establecido una serie de reglas con la finalidad de perseverar la unidad de la nación.

Hablar de esta cuestión puede parecer muy desagradable, pero no lo debe ser, ya que los problemas están ahí. A fin de cuentas hemos vivido juntos cientos de años, durante ese tiempo hemos construido un acerbo común, hemos disfrutado de una calidad de vida bastante arregladita que ahora, como algunos quieren que caminemos hacia lo desconocido, debemos de proceder a distribuir entre Cataluña y el resto de España.

En la liquidación de la sociedad, el Gobierno español pedirá una compensación para renunciar a los activos que el Estado tiene en Cataluña: terrenos, edificios, servicios o infraestructuras.

Cataluña habrá de asumir una parte de la deuda pública del Estado español, a la vez que percibirá la porción que le corresponde de las reservas internacionales o nacionales existentes. Este tipo de reparto se hizo, en el caso de Chequia y de Eslovaquia, siguiendo el criterio de la población, aunque también pudiera efectuarse mediante otra regla que se entendiera como razonable.

Un tercer bloque de las cuestiones económicas que deberán resolverse son las relacionadas con la Seguridad Social. En el caso del Fondo de Reserva podría seguirse una lógica parecida a la aludida anteriormente para las diferentes modalidades de reserva que pudieran existir. Quizás habría que tener en cuenta un periodo transitorio durante el cual se establecieran procedimientos financieros hasta que se extinguieran los derechos del nuevo Estado catalán en los fondos de la Seguridad Social del Estado español.

Más complicada es la operación que ha de efectuarse en el caso de las pensiones, donde hay que realizar una autentica intervención siamesa para poder disponer, a partir de la independencia, de dos cajas, una caja catalana de la Seguridad Social y una caja española de la Seguridad Social.

La casuística que puede aparecer es amplísima, dando origen a situaciones muy diversas. En la extinta Yugoslavia a veces se opto por una solución global, antes que por la pormenorización de cada caso. El lugar de residencia de quienes ya han generado pensión debe valer poco, puesto que una persona puede ahora vivir fuera de Cataluña y haber generado todas sus cotizaciones en ella o viceversa. Más recomendable es distinguir las carreras de cotización para discriminar cual ha de ser la caja de la Seguridad Social que habrá de pagar la pensión, en cada caso; seguir pautas de proporcionalidad en las cotizaciones y en las prestaciones es recomendable.

Este recorrido pone de relieve una variedad de situaciones ocasionadas tanto por los estragos de la crisis como por las decisiones adoptadas, a partir de la iniciativa de las autoridades autonómicas catalanas.

A España la separación de Cataluña le perjudica y mucho. Pedirle al señor Mas, -y a sus emeritos protectores- que tengan en cuenta esos perjuicios no tiene mucho sentido, porque dirán que no es asunto suyo. No cabe la menor duda que el coste de la ruptura del Estado es traumático para España.

Ahora bien, los daños que se ocasionan no terminan ahí, puesto que afectaran mucho más intensamente a Cataluña. El Estado propio inicia su singladura, teniendo que hacer frente a una situación económica y financiera extraordinariamente difícil que no tiene muchas posibilidades de superar. Por tanto, el perjuicio que se produce es enorme para todos. Siendo así, no debería tenerse la ceguera de fijarse, tan solo, en los males que se le ocasionan al resto de España. Convergencia y Unión deberían ser capaces de poner las luces largas, evaluando los perjuicios que con su propuesta harán a Cataluña.