Los nuevos partidos que han irrumpido con fuerza en el escenario político a raíz de las elecciones andaluzas, como Podemos y Ciudadanos (cada uno con su tendencia ideológica diferenciada) han hablado una y otra vez de terminar con el “bipartidismo”.

Lo que sí ha tocado fondo en estos momentos es el gobierno de mayorías absolutas. Y eso mismo se prevé para las próximas elecciones autonómicas y municipales, donde se vislumbran gobiernos en minorías o gobiernos formados por varios partidos políticos.

Esa nueva realidad obliga a conversar, dialogar y consensuar. En definitiva, obliga a ejercer acciones democráticas. Pero, para ello, hay que asumir responsabilidades desde todas las partes, tanto del gobierno como de los partidos que están en la oposición.

Siempre es mucho más “cómodo” y “puro” hacer política desde la barrera en vez de comprometerse en el gobierno, que obliga a tomar decisiones, a priorizar y a ser prudentes. Pero, en estos momentos, es donde también pueden demostrar qué cosas se pueden modificar o cambiar con su participación en los gobiernos democráticos.

Ése es el nuevo papel y la nueva responsabilidad que tendrán encima de la mesa los partidos que ahora irrumpen en la escena política.

No sólo tendrán que decir que NO, ni denunciar lo que NO quieren, sino que también tendrán que hacer valer sus propuestas, implicarse en gobiernos elegidos democráticamente por los ciudadanos, y que a cada partido se les ha dado un peso determinado. Lo que no vale es bloquear e impedir que se pueda trabajar. Porque si no, lo único que se demuestra es que estos nuevos partidos sólo podrán ejercer el gobierno “con mayorías absolutas”, justamente el mal al que continuamente combaten.

La regeneración que requiere nuestro sistema democrático no se consigue con el bloqueo, como está ocurriendo en Andalucía, sino con el compromiso y con la permanente vigilancia. Está bien exigir “limpieza”, pero también hay que implicarse en conseguirla trabajando desde dentro.

Si las mayorías absolutas son ahora mismo imposibles, como ocurre en Andalucía, y tampoco son deseables, como así lo denuncian los nuevos partidos, entonces habrá que propiciar gobiernos con acuerdos y consensos, porque imposibilitar la gobernabilidad es un acto de irresponsabilidad.