Pero Mariano Rajoy necesita los veranos para sobreponerse de los sangrientos líos que internamente vive su partido, buscar la estrategia, y sacar de nuevo pecho o lo que toda la vida hemos conocido como desvergüenza.

Hace poco más de un año, después de las elecciones generales del 2008, Rajoy era un político amortizado, con dos elecciones generales perdidas, con un liderazgo tambaleando, con críticas internas y más enemigos que amigos dentro de su casa, y con una caída en popularidad impresionante. Tuvo que llegar el congreso de Valencia para que el entonces todopoderoso Francisco Camps (el mismo del caso Gürtel) le ayudara a obtener una mayoría abrumadora, después de haber hecho los estatutos a su medida para que ningún otro candidato pudiera presentarse. Allá cada partido con sus problemas internos si no fuera porque “salpican” con barro la democracia española.

Nos fuimos de vacaciones esperando que el PP reflexionara, analizara, y limpiara la situación interna de su partido pues no sé si existirán las “meigas” (como dicen los gallegos) pero sí sabemos que existe corrupción dentro del PP. Rajoy desapareció, estuvo callado, sin que la prensa pudiera arrancarle frases enteras acerca de lo que en su partido estaba ocurriendo.

¡Ha vuelto el líder!, debe pensar la directiva del PP. Vuelve para decir que no hay corrupción en su partido, que no hay encarcelados ni imputados entre sus militantes, que no ocurre nada, salvo una persecución más apasionante que la de Millenium de Stieg Larsson contra su partido. Y personas que como Soraya Saéz de Santamaría, que me merece un extraordinario respeto político al tiempo que la considero preparada e inteligente, se ha pasado el verano haciendo un dossier para demostrar que el PP está inmaculado y que la culpa es del mundo entero (jueces, periodistas, policías, fiscales, y por supuesto los malos socialistas) que no soportamos la felicidad y la paz que corre por los despachos de Génova. ¡Tanto estudio y tantas buenas notas en las oposiciones para acabar haciendo dossieres sobre la corrupción!

Tengo dos opciones: o escribir con ironía o echarme a llorar por sentir qué bajo ha caído la política española cuando el principal partido de la oposición utiliza toda su energía e inteligencia en intentar enmascarar la realidad, desvirtuar los valores éticos y morales, y convertir la política en una gran mentira.

Aún está el caso Gürtel en marcha, con más de 100 imputados, cuando ha estallado el caso Andratx, que arrastra ya imputados y condenados. Sólo este año, ha habido una decena de condenados por corrupción dentro del PP. Este año hemos vivido el esperpento de las escuchas ilegales realizadas por el gobierno de Esperanza Aguirre a sus propios compañeros de partido. Y, ella misma, no por un problema de amnesia, sino de inmoralidad, dice que el PP está sufriendo persecución y escuchas ilegales por parte de la policía.

El PP ha demostrado siempre ser un perfecto maestro de las estratagemas. Lo hizo con la teoría de la conspiración, lo hizo con aquellos eslóganes de “se rompe la familia y se rompe España” (acerca de la ley de matrimonios homosexuales y los Estatutos de Autonomía), y ahora lo hace para salvarse. Pero ¿de qué se quiere salvar Rajoy? ¿Contra quién se protege? ¿Por qué no limpia su partido de corruptos? ¿No puede hacerlo? ¿Cuánto sabe y cuánto calla?

En fin, empezamos el curso político con una nueva teoría: la teoría de la persecución. ¿Existe vacuna para este delirio?