Muchas veces determinados acontecimientos especialmente prevalentes tienden a focalizar todas las miradas, impidiendo que se preste suficiente atención a otros factores que concurren y que no por menos llamativos son menos importantes. Eso está ocurriendo ahora muy claramente con la crisis económica, cuya potencialidad erosiva está polarizando prácticamente toda la atención.

De ahí la necesidad de no olvidar las otras crisis que concurren en la situación actual y que forman parte de una dinámica social muy compleja. Crisis que es preciso considerar debidamente si se quiere superar de una manera adecuada la complicada situación a la que se están viendo abocadas nuestras sociedades en esta primera década del siglo XXI.

Las tres principales crisis concurrentes en estos momentos son la “crisis de las agarraderas vitales”, la “crisis de comunicación social” y la “crisis de los poderes” que puede acabar afectando a la propia lógica establecida de representación.

Lógicamente, en un comentario breve como este es imposible esbozar un análisis razonablemente consistente y detallado sobre estas tres crisis. A la “crisis de las agarraderas vitales” me he referido en varios de los libros y artículos publicados en los últimos años, en relación a lo que está sucediendo con elementos tan importantes para integrarse bien en la sociedad –y para sentirse parte de ella– como el trabajo, la familia, las identidades, las creencias y la confianza en vivir en un “nicho ecológico” que no está amenazado. En este sentido, el aumento del paro y de la precarización laboral, las dificultades para formar una familia debido a lo anterior y a la desmesurada carestía de la vivienda, las transformaciones vertiginosas que están teniendo lugar en las formas de definir y configurar las identidades y las creencias y los riesgos del cambio climático son factores que están dando lugar a que muchas personas se sientan inseguras y vean debilitados sus lazos sociales.

En segundo lugar, los cambios que están teniendo lugar en el mundo de la comunicación social y la crisis económica que está afectando a los medios va a dar lugar a nuevos escenarios que verosímilmente tendrán serias repercusiones políticas. Asunto del máximo interés al que dedicamos el número monográfico de Temas de este verano.

Finalmente, la “crisis de los poderes” está incidiendo en múltiples aspectos de la actual dinámica política. Los datos de la investigación sociológica sobre “tendencias sociales de nuestro tiempo” que estamos realizando en el GETS evidencia que los ciudadanos tienen una visión cada vez más sesgada de los poderes, considerando que los que tienen más poder en sociedades como la nuestra son los grupos económicos y comunicacionales, muy por encima de instituciones como el Parlamento y los Partidos Políticos, por no mencionar a los Sindicatos.

Algunos datos críticos de opinión, los índices de abstención y otros indicadores cualitativos de satisfacción política muestran bien a las claras que son necesarias reformas e innovaciones en nuestros actuales sistemas políticos, en la perspectiva de potenciar una mayor calidad de la democracia. Tal como están evolucionando los hechos me parece que cada vez resultan más pertinentes algunas de las consideraciones analíticas y de las propuestas que formulé en mi libro “La democracia incompleta. El futuro de la democracia postliberal”, publicado hace siete años en Biblioteca Nueva. Es decir, si queremos salir positivamente de la actual situación de crisis compleja es preciso entender que tenemos que avanzar hacia una nueva fase de desarrollo de la democracia. Si no avanzamos en esta dirección mi impresión hace siete años era que terminaríamos retrocediendo peligrosamente. Hoy me parece que estos riesgos resultan más palpables que hace varios años, por lo que en Europa haríamos bien en no dormirnos en los laureles. Y como primera consideración yo sugeriría que reflexionáramos acerca de las razones por las que en Europa están siendo posibles liderazgos como el de Berlusconi y no como el de Obama. ¿Sería factible que en países como los nuestros surgieran desde abajo líderes como Obama? ¿Qué habría que hacer para que se abrieran tales posibilidades?