El sistema de pensiones por repartición, al cual no queremos ni debemos nunca renunciar, no está obsoleto, ni lo rechaza la sociedad. Aunque ésta vote a favor de la derecha. Todos los sondeos de opinión ratifican que una gran mayoría de la gente quiere mantener este sistema, a pesar de la propaganda en favor de la capitalización.

1. La base de nuestro sistema es que los trabajadores cotizan para poder tener una pensión cuando se jubilan. La edad de jubilación es un tema social por el cual batallan las reivindicaciones laborales y las políticas económicas.

2. La población envejece y por lo tanto los pensionistas son cada día más numerosos y cobrarán su pensión más años. El presupuesto de pensiones tiene perspectivas de imparable aumento. Más aún si se aspira a pensiones decentes.

3. La población activa ha aumentado en potencialidad, en particular gracias a la inmigración, pero menos que la de jubilados y el mercado del trabajo por la doble influencia del paro y de la productividad, que la frena o la reduce. La recaudación de cotizaciones tiene perspectivas limitadas. Y la crisis no tiene la culpa aunque acentúe los efectos. El modelo productivo y la globalización tienen consecuencias muy dañosas. El trabajo se transforma en nuestras sociedades en un bien que hay, como mínimo, que repartir y sobretodo proteger, lo que no se da hoy. Pero con ello no crecerán las cotizaciones al ritmo necesario.

4. Por lo tanto, el equilibrio del sistema basado en la única solidaridad de los trabajadores hacia ellos mismos no puede ser suficiente.

5. En la situación actual, y la previsible, alargar el plazo de cotizaciones y la edad de jubilación equivale realmente a una disminución de las pensiones, cuando la mayor parte de ellas son insuficientes.

6. Todos los gobiernos que se ven acorralados a la reforma de las pensiones para salvar el sistema ponen fechas para la solución propuesta y ninguno se atreve a afirmar que no habrá otra reforma y que, por el contrario, ésta será definitiva.

7. Me parece evidente que las fuerzas políticas y sindicales deben programar, con tiempo y pedagogía, un planteamiento nuevo y totalmente diferente de los recursos del sistema de pensiones, y quizás también de algunos aspectos de la jubilación. La repartición y las cotizaciones deben seguir, pero sería más adecuado el término de «pensiones de solidaridad».

8. No faltan ni expertos, ni políticos, ni sindicalistas que hayan estudiado el problema y lanzado proposiciones. Los estudios abundan. Lo que no existe es un programa definido, decidido y explicado por parte de la socialdemocracia. Y una de las exigencias de la credibilidad es que este programa, ideológico, no nos asuste el calificativo, debe establecerse antes de cualquier apremio económico o como alternativa polémica a las posiciones de la derecha liberal. Es igualmente importante que la solución propuesta sea aprobada directamente por el pueblo, lo que significa que sea sometida a un proceso electoral.

9. Hoy los responsables políticos no tienen ni tiempo ni condiciones adecuadas para llegar al fondo del problema. Pero sabemos que no se va a resolver durane unos años años. Entonces busquemos una solución que pueda durar tanto como duró la anterior. Los sindicatos tienen, al igual que los partidos, responsabilidad en este trabajo de estudio, proposición y programa. Pero no a pocos años vista. La sociedad tiene todavía mucho por vivir.

10. El sistema de pensiones, uno de los pilares de la sociedad socialdemócrata, término que me parece mas justo que el de «Estado de bienestar». Está, como los otros pilares, condicionado por un valor universal, absolutamente prioritario: el Trabajo. Sin la superación de la crisis de este valor no habrá solución duradera y que no conlleve caos social. Pero éste es otro tema. Otra urgencia.