Ante estas dos realidades, que nos muestra un presente de desigualdades, los ciudadanos tienen que reaccionar y decidir activamente en qué sociedad quieren vivir y a qué cosas hay que dar más importancia en las mismas. Si al consumismo, o a llegar a lo más alto en la escala social a cualquier precio; o por el contrario, queremos una sociedad donde de forma prioritaria se favorezca la igualdad y las políticas de nuestros gobiernos vayan encaminadas en esa dirección.

Esta es la cuestión, porque como dice Mario Benedetti “Lento viene el futuro, lento pero viene”. Y ante esa llegada, no podemos seguir encerrados en la ilusión consumista de un presente que cada vez nos esclaviza más, con la promesa de mejoras materiales individuales que nunca llegan, y sirven de escusa para lentamente ir licuando derechos que tanto sacrificio y tiempo costó conquistar.

Dos hechos nos tienen que llevar al optimismo. El primero, es que cuando a los ciudadanos se les pregunta a que debería darse más importancia en nuestra sociedad, son mayoría los que opinan que favorecer la igualdad debe ser la prioridad, frente a las personas que creen que debería darse más importancia a llegar a lo más alto posible. El segundo, es que más de la mitad de los ciudadanos opinan que el Estado sí debe intervenir en la economía.

Estos datos confirman que los valores colectivos priman en la identidad de la mayoría de los ciudadanos sobre el individualismo. Pero también reflejan que las prioridades mayoritarias de los ciudadanos difieren de las actuaciones políticas que han venido realizando los distintos gobiernos elegidos democráticamente con el voto de los ciudadanos, que en muchos casos han contribuido de forma activa a que el papel del Estado en la economía sea cada vez más subsidiario, como consecuencia del triunfo en las últimas décadas del pensamiento neoliberal.

Superar la sima, que en la práctica existe entre el poder político y las preferencias mayoritarias de la ciudadanía, es posible mejorando y aumentando el interés sobre la política y la participación en amplias capas de la población que muestran escaso interés por la política y por la participación. Solo una mayoría activa, que demanda políticas que produzcan más igualdad en la sociedad, podrá vencer a una élite económica y política que utiliza a los gobiernos para favorecer sus intereses.

“lento pero viene

el futuro real

el mismo que inventamos

nosotros y el azar

cada vez más nosotros

y menos el azar”