Todo lo contrario de lo que hacen. Cuanto más complicidad y ayuda necesitamos de nuestros socios europeos, cuanto más muestras de decisión y responsabilidad tiene que ofrecer el Gobierno de Rajoy, más evidente es la incapacidad de este Gobierno del PP.

Por este motivo, siento vergüenza cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España tiene que retirar un comunicado en el que el Secretario de Estado para la Unión Europea, Íñigo Méndez de Vigo, el ministro francés de Asuntos Europeos, Bernard Cazeneuve, y el ministro de Asuntos Europeos italiano, Moavero Milanesi, pedían la «inmediata ejecución de los acuerdos del último Consejo Europeo».

Y lo tiene que retirar porque es falso. En palabras del responsable francés de Asuntos Europeos:»Esta información es alucinante. No se basa en ninguna realidad», «No ha habido nunca un comunicado de Francia, España e Italia ni ninguna declaración común». En palabras del Gobierno italiano niegan haber realizado una declaración conjunta con España y Francia. Y manifiestan su «estupor por la iniciativa comunicada por el Ministerio de Exteriores español sobre una supuesta declaración conjunta entre España, Italia y Francia, iniciativa de la que el Gobierno italiano no está al corriente».

Y también siento perplejidad, porque ese Secretario de Estado para la Unión Europea sigue en su cargo y no le cesan. ¿Cómo van a confiar en España con personajes de esta catadura moral? ¿Cómo puede alguien fiarse y saber cuándo dicen la verdad o mienten sobre algo, sea un asunto vital o algo intrascendente? Estas acciones también nos hunden y minan la credibilidad, no del Gobierno sino de nuestro país. ¿Por qué? Porque nos encontramos en sociedades mediáticas donde los máximos dirigentes personifican, para bien o para mal, como ocurre ahora en España, sus propios países en el imaginario colectivo, es decir, en el ámbito social, económico y político.

En estos tiempos difíciles, para la mayoría de los españoles, sigue habiendo varias cosas que son evidentes para todo el mundo menos para el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajo. La primera es que el liderazgo es un fenómeno necesario en toda forma de vida social, ya sea éste bueno o malo. La segunda es que la manera en que actúan los liderazgos es una cuestión clave para el funcionamiento de la democracia y para el bienestar de los ciudadanos.

Pues bien, en España necesitamos liderazgo, necesitamos líderes que asuman sus responsabilidades y den la cara. No vale echar la culpa a otros de tus errores y fallos. No vale esconderse de los ciudadanos por temor a que éstos te recriminen tus acciones o te muestren tus propios fracasos.

Es urgente que la legitimidad democrática, que las urnas dieron al actual Gobierno, sea combinada con una autoridad responsable y un liderazgo ético que tenga como objetivo el bienestar de todos los españoles a los cuales representa. Este es el mayor reclamo de los ciudadanos, un liderazgo democrático frente al liderazgo económico, de unos rostros invisibles, que cada día ponen más de rodillas a las democracias y a sus líderes, porque éstos todavía no son conscientes de la fuerza que tienen al contar con los ciudadanos detrás para realizar políticas de interés general frente a unos mercados insaciables e insensibles al dolor.

Una de las claves para salir de la situación en la que nos encontramos como país es el liderazgo y la credibilidad. Así que, Rajoy, ponte a trabajar para los españoles y gánate la autoridad que hoy no tienes. Y por si no lo entiendes, recuerda a San Pablo en su epístola a los Corintios: “Si la trompeta emite un sonido incierto y débil, ¿Quién se aprestará a la batalla?