Ahora bien, lo que está ocurriendo con los líderes europeos no es momentáneo, ni casual, ni debido a ocurrencias o decisiones cortoplacistas. Se debe, evidentemente, al fenómeno de la crisis económica. La economía puede con todo. Si las cosas van bien económicamente, hay capacidad de evadirse y justificar lo demás; si las apreturas económicas llegan al bolsillo, entonces no hay más razones ni argumentos.

Lo grave es que el esfuerzo para salir de la crisis deben realizarla los trabajadores y la clase media (funcionarios, fijos, inestables, pensionistas). Aquéllos que se beneficiaron del timo financiero, de la especulación, de provocar este desaguisado, salen libres y limpios de polvo y paja. Ésa es la mayor indignación. Y por eso, el enfado es de calado. Va goteando como una lluvia fina. No es cuestión de un momento, o de una opinión, o de una decisión imprudente.

Lo que se está cuestionando es la dirección que se ha tomado para salir de la crisis económica. ¿Es la única vía posible o la única que se permite?

Por eso, todos los líderes europeos están sufriendo un desgaste considerable en sus propios países. Merkel, Sarkozy o Zapatero están tomando decisiones políticas y económicas en la misma dirección, y se encuentran con sus liderazgos desgastados, en los momentos más bajos de popularidad.

Pero hay dos cosas que distorsionan los datos. Todas las variables no están analizándose.

1) La distorsión que sufren los líderes europeos es tremenda. ¿Acaso Sarkozy no es el mismo ahora que cuando ganó las elecciones? ¿Ha variado sus pensamientos políticos, su actuación “estelar y mediática”, su populismo? ¿Acaso Merkel, con quien podía existir gobierno de cohabitación, no es la misma de entonces? ¿Merece Zapatero el rechazo que está sufriendo?

¿De verdad creemos que Zapatero ha cambiado o nos miente ahora? No, probablemente, es el mismo que accedió al gobierno (sumando el perverso efecto de “secuestro” que viven los moradores de la Moncloa). El problema de Zapatero reside fundamentalmente en las expectativas que creó; en su empuje inicial; en las bonanzas en ayudas, becas, programas solidarios. Hoy, ya no hay dinero para momentos de gloria, pero él se enfrenta con el mismo vigor a la angustia de la crisis, a asumir como propios los recortes presupuestarios, a gobernar en los momentos malos como hizo en los buenos. Por eso, asume como inevitable y como propio el desgaste de liderazgo.

Lo que no cuenta a su favor (y hay que tenerlo en cuenta) es que su desgaste es similar y comparable al que tienen Merkel o Sarkozy. No estamos ante un problema nacional, sino un problema de dimensión europea que azota por igual a todos los dirigentes europeos. Pero, parece que aquí nos olvidamos de ello. ¿O acaso pensamos que las políticas actuales de Merkel o Sarkozy (las mismas que Zapatero) darían otros resultados?

2) Si Zapatero sufre un desgaste en su confianza, Rajoy sigue la estela. ¿Por qué el líder de la oposición no remonta, no aprovecha la oportunidad, no saca cabeza frente al Presidente? Porque no puede ni debe. Sus asesores le han dicho, y así lo cumple, que esté discretamente desaparecido, porque él es un negativo para el partido. Rajoy es el mismo que era con Aznar; su ministro de casi todo, responsable de decisiones políticas desastrosas, conocedor y sabedor de lo que internamente se cocía en su partido. Por eso, Rajoy no puede liderar un proyecto alternativo. En primer lugar, porque es un viejo conocido con responsabilidades políticas por las que se le pasó factura electoral. Y, en segundo lugar, porque Rajoy no tiene un programa alternativo al que realiza Merkel o Sarkozy: aplicaría las mismas recetas, pues coincide con ellos en su totalidad. No vale decir que con Aznar el paro disminuyo, pues no sólo fueron años de bonanza, sino el basamento previo para que la crisis nos afectara más profundamente (liberalización del suelo, urbanismo salvaje, corrupción, falta de inversión en derechos como educación o sanidad).

Para diferenciarse, el PP ha cogido una bandera muy peligrosa: el populismo. Agitando sentimientos xenófobos, creando divisiones radicales, negativizando todo lo que se hace sea lo que sea. Pero eso no es un programa de gobierno.

El interés mediático y electoral consiste ahora en saber si habrá un tercer cara a cara entre Rajoy y Zapatero. No es una cuestión simplemente de personalismos.

En mi opinión, la pregunta es hacia dónde iremos después de las elecciones nacionales; qué rumbo tomará la política económica; y si no habría habido una salida en esta crisis diferente. En una tormenta financiera y económica tan grave como la que estamos viviendo, la política nacional empequeñece, la política europea resulta insuficiente, y nuevamente, se distorsionan los liderazgos, los valores y los objetivos políticos.