Antes de iniciar el oficio de escritor, Chris Stewart realizó otras muchas actividades que nada tenían que ver con su actual ocupación como granjero: fue el primer batería del mítico grupo de rock Génesis, trabajó en el circo de Sir Robert Fossett, se ganó la vida esquilando ovejas en Suecia, recorrió China para escribir una guía de viajes Rough Guide, obtuvo una licencia de piloto de aviación en Los Ángeles y completó un curso de cocina francesa.

Instalado en su finca de la Alpujarra con su familia, sus numerosos perros, gatos, gallinas, corderos y un loro algo misántropo, el viajero británico continúa en esta nueva obra relatando sus aventuras en la sierra granadina, iniciadas ya en sus anteriores libros, “Entre limones” (2006) y “El Loro en el limonero” (2009). Dos auténticos éxitos en ventas tanto en España como en el Reino Unido.

Tras estas dos obras, que reflejan el particular talante de una persona con una incorregible tendencia a actuar movida por cierta visión idealista de las cosas, en “Los almendros en flor” Chris Stewart reúne en esta ocasión una serie de relatos breves donde ya no muestra su extrañeza ante los rasgos peculiares del carácter andaluz. Mas bien podría decirse que los ha incorporado a su mundo como algo natural.

Con la misma sencillez, ironía y sentido del humor que siempre, aparece aquí reflejada una divertida galería de personajes que van desde campesinos y pastores, a médicos y profesores que expresan la idiosincrasia de las zonas rurales de Andalucía. De esas vivencias emerge el retrato de un hombre inasequible al desaliento y siempre dispuesto a acometer nuevos desafíos, ya sea cuando forma parte del Club de Admiradores de los Almendros en Flor, cuando su hija lo instruye en los usos y costumbres de los adolescentes españoles, o cuando inesperadamente le toca hacer una visita guiada de Sevilla a millonarios norteamericanos y a posteriori decide enfrentarse al trabajo de oficina en un centro de ayuda al inmigrante

Los valores de la solidaridad, amistad generosa y compañerismo alternan con el egoísmo y cierta socarronería que no empaña las buenas relaciones que se establecen entre el autor y los rústicos vecinos de la sierra alpujarreña. La descripción de los paisajes y lugares pintorescos, muestra su notable capacidad para expresar su admiración hacia la naturaleza y su absoluto convencimiento de haber acertado en la elección de su sencilla forma de vida en su casa campestre de “El Valero”, junto a su mujer y su hija.

Empeñado en mantener una saludable ingenuidad ante lo que la realidad cotidiana le depara, no resulta arriesgado decir que Los almendros en flor es una muestra más de la capacidad de Chris Stewart para contagiarnos con su mirada abierta, su optimismo sincero y, sobre todo, su inquebrantable buen humor.