Posiblemente, lo más llamativo de ambos Congresos es que, antes de celebrarse, ya se conocían perfectamente sus resultados. Se sabía quienes eran los líderes que saldrían elegidos, las propuestas programáticas tendrían refrendo y quienes serían los principales miembros de los equipos directivos. Con tan escaso grado de emoción e incertidumbre, lo que muchas personas se preguntan es ¿para qué sirven realmente los Congresos de los partidos?

Incluso, aquellos ciudadanos que siguen con mayor atención y detalle lo que se aprueba en los Congresos también se sienten perplejos cuando poco tiempo después algunos de los acuerdos no se tienen en cuenta, se olvidan o se incumplen abiertamente. ¿Qué ocurrió, por ejemplo, con las famosas elecciones primarias del PSOE? Pues, sencillamente que se hicieron una vez y “salieron mal” y se eligió a Borrell. Inmediatamente se “remedió” el error y se olvidaron las primarias que solemnemente habían sido aprobadas y reaprobadas en sendos Congresos del PSOE.

Los efectos que todo esto produce en la opinión pública no son pequeños y acabarán dando la cara en algún momento. Pero lo que ahora quería plantear aquí es la cuestión del por qué y para qué de los Congresos de los partidos.

A partir de un conjunto de tendencias políticas, los Congresos han acabado convirtiéndose primordialmente en operaciones de marketing político, que los partidos utilizan para mejorar posiciones y para rectificar fallos y carencias de imagen. En el caso del congreso del PP ha sido meridiana la estrategia de intentar rectificar una imagen demasiado “carca” y “atemorizante” de cara a determinados sectores centristas del electorado español. Imagen que incidió negativamente en las últimas elecciones generales, inclinando finalmente hacia el PSOE a unos cuantos cientos de miles de votantes poco convencidos con Zapatero, pero que tenían temores a que gobernara el PP.

La operación de imagen congresual del PP ha salido mejor de lo que algunos esperaban, incluso con todos los rifirrafes previos, ofreciendo en bandeja a Rajoy el papel de “liberador” de la “carcundia” y de no pocas rémoras. Y esto empieza a notarse en las Encuestas.

¿Qué operación de imagen ha planteado el PSOE en su Congreso? ¿Se ha realizado un análisis previo de las eventuales carencias y peligros de fugas de votos? ¿Qué estrategias de rectificación y compensación se han trazado? ¿Cómo se ha previsto frenar los eventuales desgastes y las consecuencias políticas erosivas de la crisis económica?

Inicialmente, y sólo apuntando un análisis muy elemental, las principales “carencias” del PSOE vienen, en primer lugar, por la vía de confianza en la “capacidad” de gestión y de eficacia, que algunos sectores del electorado no acaban de ver claras, ni han quedado muy convencidos por determinados nombramientos ministeriales. En segundo lugar, en el electorado del PSOE se hace notar –y cada vez se hará notar más– una carencia de carácter ideológico y social, un cierto déficit de “socialdemocracia” tanto en los discursos como en las políticas prácticas de carácter social, lo que es más difícil de afrontar en períodos de “vacas flacas” y a lo que no ayuda precisamente el voto de los europarlamentarios españoles ante medidas e iniciativas que un socialdemócrata nunca debería respaldar. Finalmente, sin agotar el análisis, un tercer punto crítico es el que concierne a las debilidades de la democracia interna y a la escasa capacidad de integración de otras “sensibilidades” políticas, más allá de las “cuotas territoriales” y del círculo de mayor lealtad y adhesión al líder.

¿En qué medida el Congreso del PSOE ha logrado algunas ventajas y compensaciones en estos aspectos? ¿Podrá reequilibrar los logros y rectificaciones que el PP se ha apuntado en su Congreso? ¿Qué traducciones electorales podrá tener el mero “aplausómetro” y la eventual imagen de “todos unidos con el líder”? Habrá que analizarlo.