Hoy no me voy a referir a las ideas liberales de quienes forman parte de su Oficina Económica, porque al fin y al cabo eso es resultado de una preferencia. Lo que me extraña ahora es que el Presidente recurra a economistas que se equivocan en sus análisis y pevisiones.

Así, el informe que le preparó David Taguas como director de la Oficina para 2007 decía nada más y nada menos que «el escenario de riesgo caracterizado por una desaceleración brusca de la actividad como consecuencia del comportamiento del mercado hipotecario y del déficit por cuenta corriente de EE UU tiene una probabilidad bastante reducida» (Informe Económico del Presidente 2007).

Y me temo que algo parecido le vuelva a ocurrir al Presidente a la vista de los «destacados economistas», en expresión de los medios de comunicación, a los que ha convocado para que le analicen la crisis y sus repercusiones.

Veamos.

Ángel Laborda es el director de coyuntura y estadística de Funcas y en noviembre de 2006 decía: «Las condiciones que determinan la demanda, la oferta y el precio no van a cambiar drásticamente en los próximos dos o tres años como para que se produzca un pinchazo. … La previsión es que el BCE (…), como mucho, los siga subiendo hasta el 4% en el próximo año» (EL MUNDO, 24 de noviembre de 2007).

Otro de los economistas convocado por el Presidente es Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos, que en abril del año pasado opinaba que «la construcción sigue teniendo buenas perspectivas en España» (ABC, 25 de abril de 2007).

También asesorará a Rodríguez Zapatero, Juan José Toribio, ex director ejecutivo del FMI. En febrero de 2007 se informaba que en su opinión «la inflación está suficientemente controlada y que no es necesario subir tipos» (Blog de Martí Saballs, 22 de febrero de 2007).

Aunque es cuestión de apreciaciones sobre lo que se entiende por suave, también cabe destacar que lo que en marzo de 2007 apreciaba otro de los convocados, Carlos Maravall de Analistas Financieros, era que el sector inmobiliario «ha entrado en una fase de aterrizaje suave» (EL PAIS, 11 de marzo de 2007).

Y no deja de ser una opinión algo sorprendente sobre la evolución del sector inmobiliario la de José Luis Escrivá, director del Servicio de Estudios del BBVA, que en diciembre del año pasado opinaba que registra una «convergencia ordenada entre oferta y demanda de vivienda» y que en esa misma fecha señalaba «como ejemplo «de la robustez» del sector de la construcción el hecho de que no se hayan sucedido muchos más casos de quiebras y suspensiones de pagos de empresas» (Europa PRESS 20 de diciembre de 2007).

Tampoco suele ser muy acertado en sus previsiones Jose Antonio Herce. En 1995 pronosticaba que la Seguridad Social tendría un déficit del 0,77% del PIB en 2005, en otro trabajo de 1996 aventuraba que sería del 1,80%, en otro trabajo con Alonso en 1998 lo estimó en el 1,17% y en su último estudio de 2000 en el 0,03%. La realidad fue que en 2005 se registró un 1,1% de superávit.

En fin, una simple búsqueda a través de Google permite comprobar que los economistas que ha convocado el Presidente del Gobierno no son precisamente los mejores adivinos del Reino y por eso cabe preguntarse entonces qué otra cualidad común les haya podido llevar a la Moncloa.

Quizá la respuesta sea que son todos de querencia liberal y que están vinculados a organismos bastante poderosos. La respuesta y al mismo tiempo el problema.